Beyond The Barrier

¿Quiero escribir una novela de campus? Tal vez ya no porque encontré una. Es sobre la vida de un profesor que se multiplica y está en diez aulas a la vez y es acusado de un asesinato y se adentra en un universo paralelo. La novela es de Damon Knight, autor de ciencia ficción de culto que leí en la adolescencia. Tiene un cuento sobre extraterrestres llegados a la tierra para fabricar hamburguesas con carne humana (“To Serve Man”), que si no es perfecto es famoso. Knight posee un tono leve, irónico que lo vuelve querible, de profesional de dime-novels, un poco a la manera de Philip Dick, que también tiene cuentos exóticos con profesores.

Si tuviera que escribir ahora lo haría sobre la atracción pasajera que me despiertan los videojuegos de los teléfonos, en particular Angry Birds, pero es un tema que me excede: entender qué quieren decir sobre el presente.

Como esto me llevaría a disparar en cualquier dirección, intentaría en cambio escribir sobre mi última experiencia como practicante de yoga. Me enamoré de mi instructora, pero de esa forma tonta que tengo de hacerlo, quedándome a vivir en un mundo de ensueño solitario que no comparto, prácticamente sin haberla visto, apenas escuchándola y siguiendo sus indicaciones en los ejercicios. En un momento me cubrió con una manta y me di cuenta de que es un gesto que ya casi nadie hace por mí, o que tal vez hicieron pocas personas. Me di cuenta también de que seguir instrucciones sencillas produce un efecto benéfico. Fue una de las pocas experiencias que se presentaron como verdaderas últimamente, revelando lo falso que hay en todo lo demás. Extrañamente, el esado de bienestar se tradujo en experimentación literaria computarizada –mi proyecto de un diálogo entre entes del que no se sabe si son humanos, en el que avancé un poco, llevándolo a su mínima expresión: al borde del silencio–. Todo eso bien, housekeeping en el límite de la manía, y después nada, o no quedó prácticamente nada más de interés o con lo que poder conectarme. En la radio, todo el tiempo anuncios promocionando viajes por el fin de semana largo de efecto depresivo. La ciudad durante los fines de semana largos parece últimamente especialmente fea, aunque creo que debe ser un efecto que produce la radio porque antes ni me enteraba cuándo ocurrían y no me daba cuenta. Enseñanza: abandonar la radio, ya abandonada.

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