La forme des choses à venir

…to portray ordinary objects as they will be reflected in the kindly mirrors of future times; to find in the objects around us the fragrant tenderness that only posterity will discern and appreciate in the far-off times when every triffle of our plain everyday life will become exquisite and festive in its own right –the times when a man who might put on the most ordinary jacket of today will be dressed up for an elegant masquerade.

Vladimir Nabokov

Leo sobre los orígenes de The Mechanical Bride. Quince años de conferencias, con diapositivas y escritura.

Es un libro muy raro –visto desde el presente–, manifestación de una mente muy singular. Hay una zona atribuible a lo que solía denominarse el “clima” de época: ese interés por la cultura popular como cuerpo extraño desplegándose a la espera de ser viviseccionado. Antes, y también después, lo hicieron otros ensayistas, europeos como S. Kracauer o R. Barthes, aunque el tono de MacLuhan es más atípico que el de la reunión de ambos, tal vez por la influencia religiosa; en todo caso es un híbrido, heterodoxo, que habla y no se sabe bien a quién se dirige, a la manera de un Dr. O’Blivion. Ahí está su atractivo tal vez, en la construcción de un destinatario profano atípico, un amante de las variedades o un utopista cínico con un interés que alterna ventrílocuos, electrodomésticos, a Jakob Burckhardt y los book clubs. Desde cierto punto de vista, un freak letrado, fascinado por lo que desprecia, o en todo caso que le dedica tanta atención como si fuera su verdado objeto de deseo.

Las imágenes, por supuesto, son el otro atractivo, su carácter documental (secreto), que hoy parece provenir de otra era, y no solo de otro lengua. Esa temporalidad extraña de la publicidad que vuelve semejantes ciertos avisos a los de aquellas revistas dominicales o de historietas que ya en el momento de su lectura replicaban, como ciertos films de género, estilos perdidos y olvidados. Son avisos que despiertan una cierta nostalgia por el tiempo no vivido, esa cualidad que Nabokov describió, exiliado en Berlín en 1925, como el sentido de lo literario. Aunque leidos con un escalpelo.

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