El libro sin tapas

Hay un libro que se llama así, de Felisberto Hernández, publicado en los años veinte. Es uno de esos libros que parecerían haber sido escritos mucho tiempo después. Si no me equivoco, el título corresponde al hecho de que en efecto era un libro que se publicó sin tapas, en una edición de muy pocos ejemplares, casi privada. Pienso mucho en ese título porque en efecto ahora muchos libros dejaron de tener tapas. Los libros electrónicos, por ejemplo. En algunos casos las tapas se volvieron más ornamentales, como si se tratara de obras autónomas, que compiten con el interior. Antes las tapas cumplían una función protectora, como si adentro se encontrara una desnudez a ocultar o también palabras que había que proteger de los ojos equivocados. En este sentido ahora todo parece estar vuelto patas arriba. Los libros que se podía imaginar reuniendo polvo o perdidos, agotados o inaccesibles reaparecen y presentan su valor o su inconsecuencia al instante.

Pensaba en esto al toparme con un libro de Thomas Elsaesser sobre el cine de Fassbinder, “Fassbinder’s Germany. History, Identity, Subject” (1996), sin traducción al español.

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