El día del meteorito

En Phoenix, Arizona se me ocurrió que podía llamarte, fue entonces que cayó un meteorito como de unas quince toneladas, y como había estado adentro de un supermercado sacando fotos a los paquetes de detergente para después pintarlos en mi estudio, lo primero que atiné fue a revisar el estado de la cámara después del impacto, que lamentablemente había perdido su objetivo, bueno, no era que lo hubiese perdido, sino que se había fragmentado, entonces al mirar por el visor se veían cosas de lo más extrañas, un poco como en un espejo deformante que hace gordos a los flacos y altos a los bajos, y cosas más extrañas también que no podría describirte, como personitas metidas adentro del lente que por más que apuntara la cámara en distintas direcciones seguían ahí, iban disfrazados como si se tratara de un carnaval, a veces se ponían a bailar pero en general se quedaban sentados charlando o dejando pasar el tiempo tomando mate, todo esto empezó a inquietarme porque era mi única cámara, un modelo simple y a la vez con cierta sofisticación, funciones que nunca llegué a entender del todo, que transformaban el día en noche y la oscuridad en luz, algo que el vendedor me quiso explicar sacando fotos a su alrededor pero combinando las teclas y los anillos de una forma que nunca pude reproducir, así que me enfrento a las personitas y les digo algo así como que qué se creen, que se meten en mi herramienta de trabajo y se ponen a bailar como si estuvieran en un carnaval, que yo tengo un proyecto (ahí les explico un poco sobre mis pinturas de envoltorios y paquetes, que parece interesarles, y al que asocian al arte pop) donde se están entrometiendo sin que nadie les diera permiso, primero, y después ensuciando todo, habiendo muchos lugares donde podrían instalarse, y ahí es cuando me dicen que para hablar más tranquilos que pase yo al lente porque se la tienen que pasar gritando para hacerse escuchar desde ahí, así que entro al lente y ahí aparece uno al que no había visto y me ataca por la espalda y me derriba y me patea y aparece otro y también me patea y todos se ponen a reír ja ja ja ja cómo cayó qué tarado mirá si vas a aceptar una invitación al lente de tu cámara, ja ja ja ja, no no, tarado no, reverendísimo tarado ja ja ja ja y así me quedo tumbado unas horas medio inconsciente desangrándome y sintiéndome miserable y atrapado mientras el grupo de personitas come unas barras de chocolate inmundas embadurnándose la cara con el chocolate que se les derrite alrededor de la comisura de los labios y escupiéndolo después de masticarlo, ahí es cuando me digo que tengo que buscar un lugar por donde escapar y no veo nada, uno se me acerca y se queda mirándome a los ojos como si yo fuera un animal de carga en un momento de reposo, y cuando se aleja un cambio en la luz hace que vea una abertura entreabierta que parece un túnel y me meto por ahí en un momento en que todos se habían puesto a bailar otra vez, ahora con un estilo distinto que parecía más agitado, con pasos que no daban bien porque requerían cierta destreza aunque mal que mal moviéndose al ritmo de una música mecánica un poco ruidosa que salía de un tocadiscos, ahora cómo salir de ahí me parece como querer sacar una foto a alguien ausente o que está muy lejos, y a la vez si quedara atrapado esto sería horrible como perspectiva, me vería obligado a interrumpir mi proyecto artístico al que llevo dedicados años y años de observación y reproducción, y no podría llamarte, eso si es que las líneas telefónicas no fueron afectadas por la caída del meteorito, que seguramente iba a aparecer como imagen en los periódicos y transmitida por la televisión y por internet hasta que todos se olvidaran salvo el meteorito, así que me digo que tengo que escapar de este destino horrible que es como si mi alma hubiera quedado atrapada en un meteorito lanzado al espacio para estrellarse contra la superficie de la tierra en una zona despoblada, entonces veo un sendero formado por haces de luces que forman un laberinto como los de los rayos láser que impiden que los ladrones roben joyas en las películas sin ser detectados antes de que suene una alarma y me meto por ahí, y detrás de mí escucho pasos como de alguien vestido de negro que me persigue a quien no puedo ver, y se me aparece un perro de tamaño medio de una raza desconocida que ladra y agita unas cadenas como si hubiera escapado de algún lado y pasa una moto a lo lejos a toda velocidad que levanta una polvareda, una moto antigua que larga un humo tóxico por el caño de escape, le hago señales al de la moto para que se detenga aunque no sé si las puede ver detrás del casco y cuando pasa a mi lado se detiene, ahí lo tiro al piso, le abro el visor del casco y le echo el polvo del camino en los ojos encegueciéndolo y enciendo la moto y salgo disparado, así voy recorriendo todo un camino donde no me cruzo con nadie salvo por unos camiones que transportan unas cargas que parecen vacas o alimento para vacas, y veo un cartel indicador en el camino que dice algo borroso y 10 MILLAS y una flecha curva en forma de ocho con la parte de arriba más amplia, o como dos ochos, qué se yo, me mando, igual ya no puedo volver al lugar de donde vengo, y además mi cuerpo parece haber adoptado una forma distinta, más grande o más pequeña, podría llegar a ser otra persona o no, y como no tengo donde mirarme reflejado no llego a poder comprobarlo.

(continuará.)

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