Archivo mensual: noviembre 2013

(Moebius) Mar del Plata

*Leve estado de melancolía.

Hoy estuve mirando a unos surfistas en la playa. Una chica se quebró una falange y me manchó con su sangre. Fue la única persona que toqué desde que llegué.

*En silencio me reprocho, entre otras cosas, no haber escrito antes sobre mis experiencias pero todo sucede demasiado rápido: entre las películas del festival de cine y también después en los recorridos más o menos azarosos.

*Y sin embargo, la vida es tranquila.

*Me lleva a ver a Buenos Aires como algo medio infernal en sus distintas manifestaciones.

*El mar también tiene algo peligroso: el mar de noche.

*Pero en comparación, inofensivo.

Continuamente

Continuamente encuentro chicas lindas de las que me separan pocos centímetros o metros. Y en algún momento algo nos separa. Las multitudes. O la velocidad. Una butaca. Un empleo. Distancias cortas, que pueden ser fácilmente recorridas. Contra lo que conspira no sé bien qué. Tal vez […] que parecerían estar ahí para jugar con mis sentimientos, la afectividad, los recuerdos y la voluntad.

Ahí para jugar

A veces pienso: “bueno”, “eso es todo”. Unos pocos centímetros te separan de una mujer que mira una película en un cine y la luz de la pantalla se refleja en su rostro. En ocasiones te mira y después cierra los ojos y me lleva a cerrar los ojos a mi también y me doy cuenta de que la película se ve mejor así, como una banda sonora compuesta de alaridos y gemidos, que no se sabe bien qué significan. Es como una síntesis. De la historia de la vida concentrada en los momentos de emociones intensas. Nacimientos dolor placer agonía. Como si todo lo que estuviera en el medio fuera relleno.

No te deja precisamente en un estado, particularmente, comunicativo

En la sala del cine el público se la pasa riendo, nervioso, pero a solas no le provocaría –imagino– una mínima sonrisa. Se escuchan montones de risas, como si no pudieran tomárselo en serio, o como si no supieran qué hacer con eso, eso que tampoco se presenta en serio sino como acumulación de emoción chatarra mezclada con algo serio, la soledad, el reprocesamiento del periodismo, el avance de la “ciencia” y su difusión proliferante de las pequeñas incertidumbres cotidianas y sus efectos de incisión sobre los cuerpos.

Todas esas pequeñas muertes

Es “entertainment”, distracción, … desde cierto punto de vista, “novela hiperbreve”, con todos los componentes de distancia, identificación, y dilemática moral, expuestos a su extremo más irracional: actos inexplicables. Mutilaciones, violaciones, el goce de la violencia y del dolor, sin el orden ni la lógica franceses, sino pura acumulación que conduce rápido al hartazgo. La película más “gore” de KKD, como si la fantasía tradicional, la alegoría política, el angelismo, hubieran perdido su capacidad de representación (en todo caso, como si una vez transitados, se convirtieran en puentes por los que no se puede volver).

Casi una gansada

La novela familiar explota. De todas las (pocas) películas que vi, la única que a la salida (¿paradoja?) parecía generar un efecto comunitario −tranquilidad inquieta, testimonio del fin del arte ordenador, reenvío a la banalidad de la historia individual privada, o tal vez a la creación del espectador como obra, el espectador que se pregunta qué es lo que hay para ver, ahí, o en cualquier otra parte, comunión en el desasosiego, y también, por fin, la película que tus padres despreciarían o no entenderían; anti Hannah Arendt, anti 3-D, anti-todo.

Ese efecto de poner en cuestión el cine que se estrena

Que es como decir la vida que se vive. Por qué no se pueden ver −entre otras cosas− comedias americanas de los años ochenta en el cine, por qué las combinaciones de pantallas monitores proyectores streaming se volvieron tan patéticas − nostalgia de la época en que 20” era el límite y casi el punto de partida, del “stop” como innovación − Hoy es como si: todo estuviera dado para el replanteo definitivo de la distribución cinematográfica (tecnológicamente?) y la mano invisible del mercado operara en la dirección contraria: el cine como un presente absoluto vs. el cine como totalidad histórica, en la línea de la historia del arte, con sus is(t)mos, etc.

Fantasía recurrente

Me beso en la escalera caracol con la chica que está en la torre a la vuelta del hotel; ésta es una fantasía recurrente desde que me habló del agua. Cosas que ya no recuerdo; historia de la técnica, arquitectura, belleza natural, capacitación en la amabilidad. Como si se tratara del escenario de una película y yo James Stewart en recuperación. Fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente…

Links:

http://www.mardelplatafilmfest.com/28/evento/moebius/

http://www.osmgp.gov.ar/osse/visitas-guiadas/

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La existencia de Internet

La existencia de Internet ha trastocado la existencia del cine. No hay, sin embargo, entre el cine e internet nada en común, como tampoco lo había, en un principio, entre el cine y la TV o entre el cine y los videojuegos. De ahí también el terror del cine a ser suplantado por todo aquello que no es de su misma índole, pero que compite por él por ser la forma hegemónica de la industria del entretenimiento. Este terror se parece, en cierto sentido, al de los hombres a ser reemplazados por las máquinas: lo mismo que los hace superiores a ellas es lo que les hace temer la propia obsolescencia. Aquello por lo que el cine teme ser reemplazado siempre es algo que promete el mismo placer que él, pero con mayor comodidad en la recepción y, sobre todo, con una posibilidad inédita de interactuar con la pantalla, sin por eso dejar de ser espectador.

Aun cuando lo que se emitía en los primeros tiempos de la TV fuera más parecido a la radio que al cine, aun cuando la tendencia a la no ficción terminara por triunfar sobre la ficción televisiva (y hoy solo haya quedado de ella, como forma narrativa autónoma, la serie misma), el cine se sintió profundamente amenazado, como proyecto de envergadura industrial, por aquello que permitía no salir del hogar para disfrutar de sus contenidos. El temor siguiente fue más justificado. La lógica interactiva del videojuego superó con creces, como muestra la rentabilidad de la industria en los últimos años, a la regresión infantil o adolescente -según el film y la edad del espectador- a la que invita el cine en 3D (y que extiende su negocio al “merchandisign”, igual que al “comic” y el “animé”). Finalmente, la posibilidad que da internet de ver y juzgar, cuando uno quiera, lo que otro muestra, y de mostrar algo, cuando uno quiera, para que otros lo vean y lo juzguen cuando ellos quieran, es incomparable, como forma de entretenimiento, con las opciones que ofrecieron hasta ahora la TV y los videojuegos. Así no sólo se abandona la posición de espectador propia del cine (la de “voyeur”), sino que se potencian, en la interacción a través del comentario, los privilegios del anonimato.

Silvia Schwarzböck, Kilómetro 111 Nº9

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