La existencia de Internet

La existencia de Internet ha trastocado la existencia del cine. No hay, sin embargo, entre el cine e internet nada en común, como tampoco lo había, en un principio, entre el cine y la TV o entre el cine y los videojuegos. De ahí también el terror del cine a ser suplantado por todo aquello que no es de su misma índole, pero que compite por él por ser la forma hegemónica de la industria del entretenimiento. Este terror se parece, en cierto sentido, al de los hombres a ser reemplazados por las máquinas: lo mismo que los hace superiores a ellas es lo que les hace temer la propia obsolescencia. Aquello por lo que el cine teme ser reemplazado siempre es algo que promete el mismo placer que él, pero con mayor comodidad en la recepción y, sobre todo, con una posibilidad inédita de interactuar con la pantalla, sin por eso dejar de ser espectador.

Aun cuando lo que se emitía en los primeros tiempos de la TV fuera más parecido a la radio que al cine, aun cuando la tendencia a la no ficción terminara por triunfar sobre la ficción televisiva (y hoy solo haya quedado de ella, como forma narrativa autónoma, la serie misma), el cine se sintió profundamente amenazado, como proyecto de envergadura industrial, por aquello que permitía no salir del hogar para disfrutar de sus contenidos. El temor siguiente fue más justificado. La lógica interactiva del videojuego superó con creces, como muestra la rentabilidad de la industria en los últimos años, a la regresión infantil o adolescente -según el film y la edad del espectador- a la que invita el cine en 3D (y que extiende su negocio al “merchandisign”, igual que al “comic” y el “animé”). Finalmente, la posibilidad que da internet de ver y juzgar, cuando uno quiera, lo que otro muestra, y de mostrar algo, cuando uno quiera, para que otros lo vean y lo juzguen cuando ellos quieran, es incomparable, como forma de entretenimiento, con las opciones que ofrecieron hasta ahora la TV y los videojuegos. Así no sólo se abandona la posición de espectador propia del cine (la de “voyeur”), sino que se potencian, en la interacción a través del comentario, los privilegios del anonimato.

Silvia Schwarzböck, Kilómetro 111 Nº9

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo The Book of Quotes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s