Teen Hardcore

Notas. Dificultades para escribir. ¿Dificultades para escribir? O bien: dificultades para corregir. Para el caso, tienen puntos de contacto. También podría decir: dificultades para vivir, dificultades para dormir, dificultades para encontrar trabajo. Qué sé yo. Dificultades para resolver problemas matemáticos relativamente simples. Si viajo en una van que va a 74 km/h y el tiempo que tarda en pasar a un camión es 2.34 segundos, ¿a qué velocidad va el camión? Intento resolverlo con la ayuda del teléfono y me falta una ecuación para terminar. Es una nueva versión de un problema clásico que nunca pude resolver: no el de Aquiles y la tortuga sino a qué velocidad voy cuando corro adentro de un tren en movimiento, que es como decir a qué velocidad me muevo cuando estoy inmóvil en un planeta en movimiento, casi. Parecerían ocupaciones ociosas pero me entretienen y son como parte de la transición desde el medioevo a la modernidad que en cierto modo nunca termino de completar; el abandono de la visión ingenua de las cosas.

Después: mantengo extrañas conversaciones con desconocidos, “amenas”, con algo caricaturesco, como si observara mis propias características o cierta faceta llevada a un extremo malo. Con un instructor de tiro y un librero. El instructor perdió casi una pierna en un accidente de moto y el librero misteriosamente tiene cada vez mejores libros, casi como si se fusionara con mis intereses de los últimos tiempos (poetas latinos, antropólogos, historiadores de la ciencia). Le compré una biografía medio sentimental de Heine, muy buena.

En la computadora me dedico un poco a aprender el funcionamiento del InDesign, fascinante, que es como la extensión de un antiguo sueño, el de dominar un programa de diseño gráfico aplicado a la edición de textos; también continúo con la investigación de mi silabario griego, comparando diccionarios y también haciéndome muchas preguntas sobre el sentido de las palabras, sobre el gran misterio de que un término sobreviva milenios casi sin modificaciones o permita agregarle todos los descubrimientos posteriores, y también sobre el sentido último de palabras oscuras, de dónde se extrae, cuánto de imprecisión y de imaginación hay en toda exégesis, cuanto de manipulación, y como, a pesar de todo, si se tiene fe, el texto está ahí, con su parte evidente y su parte oscura. Juego un poco a “Don’t Starve” y me aburro rápido con el tercer personaje de la serie, un fortachón sin mucha gracia, que parece estar por fuera del código “gótico” de los anteriores. También logro finalmente ver las dos últimas películas de MP que trabajan con textos de Shakespeare. Increíbles. Sutiles y también un poco tontas, como el recuerdo que tengo de las comedias, y con muchos actores que conozco personalmente, que es algo que despierta mi faceta más cholula: una actriz que en la vida real no me decía nada, espectacular ante la cámara, un pequeño papel de RP, todo nuevamente ordenado de ese modo que hace que crea por unos instantes, o quizás hoy todo el día, que fueron hechas para mí, bajo las órdenes de alguien que sabe que ahí hay un goce que puede contrarrestar todo lo malo que hay por fuera (aunque reconozco que esto es algo que siempre se extiende a un más allá, también en la lectura de la biografía de HH leo algo que está dirigido a mí). Pienso que debería escribir sobre esas películas, pensar ahí la traducción o la adaptación, como si fuera algo que no se le pudiera ocurrir antes a nadie y también porque me interesa algo del proceso de producción, algo gozoso o lúdico, rivettiano, que deja sus huellas.

En Quilmes, la pesadez de los constructores de edificios, sus gritos, algo bárbaro instalado en la proximidad absoluta. Después de pintar el interior del placard pierdo casi por completo las ilusiones sobre el “saber” del obrero. Son tareas mecánicas, estúpidas, que pueden conducir por igual a la creación de un matadero, un monumento al líder de turno o un monobloc sin que se produzca una modificación en la tarea. Es lo que observo en mi apartamento: la suma de deficiencias apenas compensadas por los méritos, y detrás siempre el imperativo económico, la reducción de costos.

En el subterráneo, malestar en la multitud, como si no creyera en nada, quiero decir, en nada de las convenciones sociales o de la mise-en-scene subterránea.

Por momentos… me gustaría ser un autor “realista”, describir mis encuentros con las personas en detalle, pero me doy cuenta de que no tengo la paciencia necesaria. O en todo caso, literalmente, requiere “trabajo”, tiempo y fe, tal vez tranquilidad. Sin contar que es algo en lo que ni siquiera creo del todo, como si lo inconexo de las ideas apenas suturadas fuera lo real y el resto de la comedia humana: los lisiados, etc., ¿qué saben o expresan que sea más interesante que la historia de las transformaciones del espacio estelar o cualquier otra cosa? Cada vez más los veo como publicidades de un humanismo barato, gratuito, con muchos abonados, un canal más. Pero como siempre los mejores canales son los menos vistos, que es un poco lo que pienso del amor últimamemte, toda esa confianza internalizada y en ocasiones perdida, su enigma y esa sensación de exterioridad o ahogo que en cierto modo me acosa a veces. En la lectura de la biografía entiendo en cierto modo que no hay magia a la vista que transforme las cosas; es cierto que es un poco sentimental, pero yo también lo soy, más sentimental que racional tal vez.

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Archivado bajo Autobiografía sucinta, Experimental Translation, The Films in my Life

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