Archivo mensual: marzo 2014

Jonas Mekas Reloaded

tapa mekas cvs

Me pregunto si existe una forma que permita a una traducción sonar extranjera. ¿No es es esto inherente a ella, incorporar para sí las marcas de lo foráneo? David Bellos denomina “translationese” (lengua o dialecto de traducción) al resultado del conjunto de alteraciones que se producen en la sintaxis de las traducciones.
Pienso en estos temas al enterarme de la reedición de “Ningún lugar adonde ir”, de Jonas Mekas, un libro que traduje. Originalmente, al menos en parte, escrito en lituano —la lengua materna de Mekas— y luego en inglés, o autotraducido a un inglés con reminiscencias lituanas. ¿Cómo se traduce eso? ¿Cómo se lee?
El inglés de Mekas es el de un extranjero —su vocabulario es simple, no usa estructuras complejas—. El castellano al que lo traduje conserva, por decisión voluntaria, las particularidades de esa lengua íntima y extraña, la de quien escribe su propio diario o memorias. Se entremezclan ficciones breves, sueños, cartas, pero lo que predomina es el intento, a través de las palabras, de dar cuenta de lo real. El resultado es una lengua nueva, como hecha de retazos, a partir de la cual se puede empezar a escribir de nuevo.

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Archivado bajo Experimental Translation

The Hours

Se oye música afuera, de la casa de los vecinos, junto a voces de jóvenes y risas ocasionales.

Leo en Kilómetro 111 un artículo sobre los cuerpos “improductivos” en las películas P3nd3jo5 y Los posibles.

Si bien no me convence del todo me tranquiliza, la mirada, el hecho de leer.

Miro una película mala en internet: Mujer conejo de Verónica Chen, un intento de cine de género medio fallido. Por momentos me atemoriza.

Mi madre me dice que debería comer más frutas y le hago caso. Como una pera.

Me pregunto si es bueno o malo leer análisis sobre films que no se vieron.

En la estación de servicio no tienen cartones y compro un paquete de Camel, algo que hace tiempo que no hago.

Bebo un poco de fernet con cola sin muy buenos resultados en el plano de los estímulos.

En el desayuno como un alfajor que dice estar recubierto con un símil de chocolate.

Interpreto en gran medida el tiempo que paso frente a la computadora como tiempo perdido o de búsqueda de una satisfacción que no ofrece.

Despierto nuevamente con sueños extraños que no puedo recuperar.

Me atraganto mientras como pescado y levanto los brazos para recuperarme.

Reconozco en los cigarrillos Camel un aroma extraño que antes no tenían.

Siento que el escritorio de la computadora está desordenado, aunque no me dan ganas de ponerlo en orden.

Me siento extraño con mis nuevos lentes. Pienso en las características que muchas veces atribuí, inadvertidamente, a personas con lentes.

De todos modos, si uno se pone a mirar, hay de muchos estilos distintos.

Quizás más que usarlos me gustó hacer el test con la optometrista donde tenía que ver una pequeña casita al fondo de un camino.

A veces recupero esa antigua sensación de que internet es algo nuevo.

Y si ya está todo hecho, ¿entonces qué?

Me gusta la forma en que la gata mueve la punta de la cola, a veces, como si tuviera una vida propia.

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Archivado bajo Autobiografía sucinta, The Films in my Life