Los materiales del poeta de Robert Filliou

El poeta adulto tiene una estatura promedio de 1,65 m. y suele pesar cerca de 65 kilos.

Su cuerpo está cubierto y protegido por una membrana delgada y elástica, la piel, compuesta por la epidermis y la dermis del poeta. El pelo y las uñas del poeta son simples derivados de su piel. La superficie de la piel cubre aproximadamente 2 m² del cuerpo del poeta promedio.

El cuerpo del poeta está sostenido por un armazón de huesos denominado esqueleto. Cuando el poeta es un recién nacido, los huesos todavía están blandos; pero a medida que el poeta crece, sus huesos se endurecen.

El esqueleto del poeta tiene tres componentes elementales: la cabeza, el torso y las extremidades.

La cabeza. Está compuesta, primero, por el cráneo, una caja hueca que contiene el cerebro del poeta, con orejas a los lados; luego, por el rostro, que posee aberturas para los ojos, los orificios nasales y la boca del poeta.

El torso. También está compuesto por dos partes, el pecho y el vientre del poeta, separadas por un leve estrechamiento denominado cintura. En el torso se encuentra la columna vertebral del poeta, formada por las costillas del poeta doce pares de huesos curvos que protegen la médula—, el esternón, dos clavículas, dos omóplatos y, en el extremo inferior, la pelvis del poeta. Obsérvese que se encontrarán diferencias mínimas en el caso de los poetas dislocados.

Las extremidades. Así se denomina a los brazos y las piernas del poeta. Los brazos en total: dos están formados por tres partes articuladas: el brazo, el antebrazo y la mano del poeta. Sería superfluo enumerar los múltiples usos de la mano; gracias a su perfección, y a la guía de la inteligencia, el poeta es capaz de hacer realidad las maravillas de su arte.

Las piernas. El poeta también posee dos, formadas por tres partes articuladas. Una de las características más importantes que diferencia al poeta de los animales es la postura erecta. Sin embargo, lo que realmente lo distingue del mundo animal es su inteligencia y arte sublime.

Todos los poetas poseen las características mencionadas, pero distintos cúmulos de poetas manifiestan significativas diferencias entre sí, lo que nos conduce a elaborar la siguiente división.

el poeta amarillo tiene la piel amarillenta, pómulos prominentes, pelo copioso, ojos rasgados, nariz prominente y labios gruesos.

el poeta negro tiene una piel oscura, del café con leche al azabache, pelo rizado, nariz roma, labios gruesos y mandíbulas muy fuertes y potentes.

el poeta blanco tiene piel rosada, rostro ovalado, pelo lacio, ojos ovalados, nariz recta y labios finos.

el poeta pelirrojo tiene piel cobriza, pelo rebelde, pómulos salientes, nariz aguileña y labios delgados.

 

i—Acerca de la necesidad de alimentación

 

Así como un motor a vapor necesita agua y carbón para funcionar, y el motor de un automóvil se detiene si se le acaba la nafta, se debe alimentar al poeta con frecuencia para que éste suministre poesía. El alimento abastece al poeta de fuerza y calor.

Lo primero que hace el poeta con el alimento es masticarlo. Se denomina masticación al triturado del alimento en pequeños trozos, a los que luego el poeta combina con saliva para facilitar la deglución y la digestión. A este fin, el poeta necesita una dentadura completa, es decir, 32 dientes subdivididos en maxilares superior e inferior, formados por dientes caninos, cuya función es desgarrar, y molares, encargados de triturar.

Una vez que masticó el alimento, el poeta lo traga, y éste pasa por su garganta (o “esófago”) en dirección al estómago del poeta. Allí los jugos digestivos del poeta reducen la comida a una pasta semilíquida y ésta pasa por un tubo largo y fino llamado el intestino delgado del poeta, y luego desde este pequeño intestino, cuando corresponda, hacia el tubo más amplio del intestino grueso.

El estómago del poeta sigue en funcionamiento por lo menos durante dos horas después de cada comida.

Si el poeta no cuidara su estómago, se agotaría fácilmente. Por este motivo:

el poeta se alimenta a horas regulares

el poeta no traga rápido, para evitar la indigestión

el poeta mastica con parsimonia para impregnar de saliva el alimento

el poeta lleva una dieta balanceada: mantiene su cuerpo fuerte con carne magra, pescado, queso, yema y clara de huevo, arvejas, porotos, etc.; acumula energía con pan, papas, azúcar, manteca y margarina, pescado y carne con grasa; y protege su salud con verduras, frutas frescas, grasas animales y pan integral. (Pero el mejor alimento de todos es la leche, que tiene proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vitaminas y sales minerales. Esto explica por qué los poetas beben tanta como pueden)

el poeta se cepilla los dientes a la mañana y a la noche, y después de terminar cada comida, ya que si no se quita los restos de comida que le quedan entre los dientes, éstos se descomponen y dan al hálito del poeta un olor desagradable

el poeta defeca al menos una vez en el día, ya que sus deshechos digestivos, en caso de permanecer demasiado tiempo al interior del intestino grueso que termina en el ano del poeta provoca cierta indisposición.

 

ii—La sangre del poeta

 

Cuando se hace un tajo en la yugular de un poeta, sale sangre de la herida hasta que el poeta muere. Pero si serruchamos a un poeta al que matamos hace poco por estrangulamiento, su cuerpo no sangra. Esto se debe a que la sangre del poeta muerto está inmóvil, mientras que la sangre del poeta vivo siempre se mueve, impulsada por su corazón, que la hace circular por los vasos sanguíneos.

La sangre del poeta es de un rojo vivo en las arterias, que son los vasos que recorre la sangre que sale del corazón. Tiene un color rojo amarronado o púrpura en las venas, que son los vasos que recorre la sangre cuando vuelve al corazón. La densidad de la sangre tiene un valor de entre 1050 y 1060 kg/m3. Su viscosidad es aproximadamente cinco o seis veces mayor que la del agua. En términos de magnitud, la sangre representa 5-7% del peso del cuerpo del poeta. Como un poeta adulto promedio pesa 65 kilos, esto equivaldría a entre 5 y 6 litros.

Aproximadamente el 59% de la sangre del poeta está compuesta de plasma, formada entre un 91 y 92% por agua. En consecuencia, hay algo evidente, y es que todos los poetas comparten una característica: el 55% de lo que corre por las venas y las arterias de un poeta es agua. El resto son glóbulos y plaquetas.

Como se demostrará a continuación, factores tales como la actividad y la gravitación determinan la distribución de la sangre del poeta. Si mientras lee un poema al público, el poeta levanta el brazo por encima de la cabeza, la piel de su mano se pondrá más blanca y las venas se ocultarán. Los poetas sedentarios a menudo tienen várices y congestiones venosas en el hígado y los intestinos. Los poetas trashumantes son menos propensos a esta dolencia, debido a que en su caso la circulación de la sangre a través de las venas recibe la ayuda de la acción estimulante de los músculos.

También se sabe que cuando un poeta está débil, se debe mantener su cabeza recostada, de modo tal que su cerebro reciba los nutrientes necesarios. En la mayoría de los casos, esto se asegura de forma automática mediante el desvanecimiento y la posterior caída del poeta al piso.

El corazón del poeta, una potente bomba con gruesas paredes musculares, impulsa la sangre a través del cuerpo del poeta. Su corazón está dividido en dos lados, derecho e izquierdo, y cada uno tiene una cavidad superior llamada “aurícula” y una cavidad inferior llamada “ventrículo”.

Alguna vez el difunto Pascal afirmó que el corazón es hueco y está lleno de basura. Sin embargo, no está claro qué quiso decir exactamente.

 

iii—La respiración del poeta

 

El poeta respira al escribir. De ahí la importancia de la respiración, que el poeta desarrolla con la ayuda de su nariz, su nasofaringe, su laringe, su tráquea, sus bronquios y sus pulmones. Si bien el poeta tiene fama de poder vivir durante varios días sin probar bocado, no podría estar ni un minuto sin absorber aire. Lo hace de forma constante, nunca se detiene, ni de día ni de noche.

Entre paréntesis, observemos no obstante que el poeta es incapaz de percibir que sus pulmones se deslizan de forma continua sobre las superficies internas de su pecho o, para el caso, que su estómago está en contacto con sus intestinos. Es evidente que el sentido del tacto del poeta se encuentra ausente en las zonas más profundas de su cuerpo. Se cree que en una época el poeta tenía conciencia de todos los mecanismos internos de su cuerpo pero decidió que sería mejor que se volvieran automáticos e inconscientes para que pudiera atender a cosas más elevadas.

Cuando dicho automatismo se interrumpe, cesan los movimientos respiratorios del poeta. Se los debe transmitir de forma artificial a la pared torácica hasta que el poeta reanude su respiración automática. Esto es muy importante en el caso del poeta que muestra signos de ahogo. La técnica de respiración artificial que se solía preferir era la descripta por Schafer: se colocaba al poeta boca abajo, con un almohadón o sobretodo plegado debajo de la parte inferior del pecho, y el resucitador se arrodillaba sobre el piso en posición transversal al poeta. Luego se inducía un movimiento del pecho hacia adelante y hacia atrás arrojando el peso del cuerpo sobre las manos, y a continuación se elevaba el cuerpo poco a poco a la posición erguida.

Otro método, preferido en la actualidad, se conoce como “respiración boca a boca”. El principio en el que se basa este método es que el aire expulsado por los pulmones del resucitador se introduzca al interior de los pulmones del poeta ahogado.

 

iv—La excreción del poeta

 

El cuerpo del poeta produce deshechos que hay que eliminar de distintos modos. Las glándulas sudoríparas eliminan una parte de los deshechos. Se trata de largo tubos enrollados que producen sudor, y el sudor abandona el cuerpo del poeta a través de pequeñas aberturas en su piel llamadas “poros”. Si se observa al poeta a través de una lupa se podrán ver sus poros.

Los riñones del poeta son sus órganos excretores más importantes. Se encuentran en la parte trasera del abdomen y la sangre circula a través de ellos. A través de un microscopio se puede observar que los riñones contienen muchos túbulos pequeños que filtran los deshechos de la sangre. El líquido amarillento que contiene estos deshechos recibe el nombre de la “orina” del poeta.

La orina desciende a través de dos conductos llamados “uréteres” a una bolsa denominada la “vejiga” del poeta, donde se la almacena hasta que deja el cuerpo. En los poetas de ambos sexos la orina deja la vejiga a través de un conducto llamado la “uretra”. Normalmente la uretra permanece cerrada por un aro de músculo debajo de la vejiga. Pero cuando la vejiga se llena, este músculo se relaja y permite que la orina del poeta corra.

En el caso de la poeta, la uretra se abre al exterior de su cuerpo, entre sus piernas. Precisamente detrás de su abertura urinal se encuentra la vagina de la poeta, que, en el caso de la poeta adulta virgen se encuentra cubierta por una fina membrana conocida como el “himen”. Alrededor de estas dos aberturas hay pliegues o labios de carne que forman lo que se conoce como la “vulva” de la poeta. Pero por supuesto se la elogia también por sus poemas, que son igual de hermosos.

En el caso de los poetas, la uretra atraviesa un tubo carnoso llamado el pene del poeta, que cuelga entre sus piernas.

La excreción es tan importante para el buen funcionamiento del poeta que el difunto sabio Leonardo da Vinci insistía en que “el poeta es un maravilloso mecanismo que transforma buen vino en orina”.

 

v—El cerebro del poeta.

 

Cuando el poeta no lleva ropa, que lo protege del frío, la lluvia, el calor y la curiosidad, se pueden observar sus músculos, llamados bíceps, tríceps, tendones, etc. El movimiento de sus músculos es el que hace al poeta sonreír o fruncir el ceño, guiñar un ojo o arrugar la nariz.

El poeta tiene muchos músculos y cada uno debe acortarse o extenderse justo en el momento adecuado y justo en la medida adecuada. Cuando el poeta contonea los dedos, o presiona su lapicera sobre la página, se pueden observar los movimientos de las fibras moverse debajo de la piel en la palma de la mano. Si no se mueven de forma correcta, el poeta puede escribir “No” cuando quería escribir “Si”. Si no se mueven lo suficientemente rápido, es posible que el poeta no termine una oración donde tenía la intención de hacerlo. De hecho, si los músculos de todo el cuerpo del poeta no se contrajeran o extendieran en armonía entre sí, ni siquiera podría pararse para leer sus poemas.

El movimiento de los músculos del poeta está controlado por su sistema nervioso, que incluye el cerebro del poeta, su médula espinal y sus nervios. Los mensajes eléctricos pasan de una célula nerviosa a la siguiente, y así viajan desde la cabeza hasta el pie del poeta en la fracción de un segundo. Este es el motivo por el cual el poeta se puede mover con rapidez si alguien arroja un objeto contra él.

Una propiedad esencial de todos los actos reflejos del poeta es que sus respuestas son puramente automáticas e independientes de su voluntad o deseo. Si se le hacen cosquillas a la planta del pie del poeta, sus dedos se enrulan y retira su pie, sin importar a qué escuela pertenezca el poeta. Del mismo modo, el poeta adulto promedio pasa cerca de un tercio de su vida durmiendo. Sin embargo, a los poetas adultos ancianos les alcanza con apenas cinco horas de sueño por día.

El cerebro del poeta es en realidad la parte superior, ampliada y muy desarrollada, de su médula espinal. Un poeta dijo una vez que su cerebro no era más que un pedazo de médula espinal con unos nudos. Estaba en lo cierto, pero podría haber agregado que es el asiento de su intelecto, sus emociones, su habla, su equilibrio y muchas otras cosas más.

Se debe evitar todo lo que pueda excitar el sistema nervioso del poeta. La asistencia frecuente al cine o la televisión es dañina. Asimismo, el uso de tabaco, alcohol y drogas tiene un efecto funesto sobre el cerebro y los nervios del poeta. Las manos del poeta empiezan a temblar. Su visión disminuye, se vuelve triste, tiene ataques súbitos de irritación e ira. Poco a poco pierde toda la dignidad y hasta puede hundirse en la locura. Además, se le hace difícil reproducirse.

 

vi—Reproducción y sentidos del poeta macho adulto

 

Los principales órganos encargados de la reproducción del poeta macho adulto son los testículos y el pene del poeta. Cuando el poeta macho adulto ve a una hembra, su cerebro la da al pene, qué es un músculo, las instrucciones correspondientes. Se dice entonces que el poeta tiene, o que no tiene, una “erección”. Es razonable suponer que sólo cuando se alcanza la erección, y cuando se asegura el consentimiento de la hembra, el pene del poeta puede introducirse en la vagina.

La frecuencia de estos actos depende de la información que su cerebro posea respecto a lo que sucede alrededor del poeta. Este es el motivo por el cual órganos especiales permiten al poeta oír, oler, gustar, sentir y ver.

Usted puede preguntarse cómo hace el poeta para oír cosas y voces. Esto se debe a sus tímpanos. El tímpano del poeta es capaz de vibrar en respuesta a un amplio espectro de tonos. El rango preciso difiere de poeta a poeta. Algunos son capaces de oír el chillido agudo de un murciélago, y algunos no.

El sentido del olfato es el más misterioso de todos los sentidos especiales del poeta, y aquel del que menos sabemos. Mientras que la mayoría de los poetas puede distinguir entre el delicado perfume de una rosa y el olor hediondo de una fábrica de gas, hay algunos poetas que, si mastican una cebolla con los ojos cerrados y la nariz tapada, no pueden distinguirla de una frambuesa. Esto se indica para demostrar que lo que se suele describir como los gustos de un poeta en realidad son olores.

La lengua del poeta es sensible a una variedad de gustos. Algunos poetas aprecian la dulzura en la punta de su lengua y la amargura en el extremo posterior de su lengua. Hay otros que aprecian la amargura en la punta de la lengua y la dulzura en la parte posterior. Sin embargo, todos los poetas hacen un abundante uso de sus lenguas para modular y articular los sonidos y las palabras de sus poemas.

En la piel del poeta hay terminaciones nerviosas sensibles que le indican cuándo, qué y a quién está tocando. Si se estudia un trozo de piel del poeta bajo un microscopio, se pueden observar estos “nervios táctiles” justo debajo de la superficie.

 

vii—Conclusiones

 

Supongamos, entonces, que el poeta ve pasar a una mujer. La mira, es decir, el lente de su ojo hace foco en ella. Su imagen se forma en la retina del poeta, pequeña e invertida. El nervio óptico del poeta transmite a su cerebro la información permitiéndole enteder el significado de la posición, la forma y el color exactos de la mujer ubicada frente al ojo del poeta.

El poeta debe luego decidir si esta mujer es su mujer, o mi mujer, o tu mujer, o la mujer de ella, o nuestra mujer, o la mujer de ustedes, o la mujer de ellos.

O, nuevamente, suponiendo que la mujer a la que mira es mayor, el poeta debe decidir si es su madre, o mi madre, o tu madre, o la madre de ella, o nuestra madre, o la madre de ustedes, o la madre de ellos.

Y si está saliendo de un auto, si es el auto de él, o tu auto, o el auto de ella, o nuestro auto, o el auto de ustedes, o el auto de ellos.

Y si todo esto ocurre en una ciudad, si es la ciudad del poeta, o mi ciudad, o tu ciudad, o la ciudad de ella, o nuestra ciudad, o la ciudad de ustedes, o la ciudad de ellos.

Y si es de noche, si es la noche de él, o mi noche, o tu noche, o la noche de ella, o nuestra noche, o la noche de ustedes, o la noche de ellos.

Y si la hora es de él, mía, tuya, de ella, nuestra, de ustedes, o de ellos.

E incluso antes de decidir, tal vez sea aburrido decidir. Mejor, piensa, es aceptar de antemano todas las posibilidades. Lo mejor es aceptar todas las posibilidades de antemano y aceptarlas siempre, para estar más allá de la región donde todo está repartido y todos pertenecen a aquello que les pertenece.

Éste, al menos, es su ideal.

Y expresa este ideal en un poema, porque es un poeta.

 

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