Draider y el caso del encuentro alienígena

Draider, debido a su familiaridad con la casa del ser, recibió un pedido especial de parte de una organización no gubernamental: fue convocado para intentar establecer algún tipo de contacto con los seres extraterrestres recién llegados de una galaxia lejana. Draider se preparó: decidió olvidar todas sus concenptualizaciones y abrirse al exterior como una planta en el momento de florecer. Lo llevaron en un auto automático hasta la casa de los alienígenas y salió con cierta precaución del vehículo. Se encontró con Eso. Eso era una formación que no pertenecía claramente a ninguno de los reinos conocidos por la humanidad. No era claramente una planta ni un animal ni un mineral. Era parecido a un puré de papas con membranas de insecto. Draider se colocó el traductor universal sobre la cabeza. Escuchó: Prrrffummrpffffff.

El Tiempo Financiero escribió, después del encuentro: “Ellos, antes, podían. Tripulaban, maltrechos, las naves, hasta llegar, exhaustos, a otras galaxias. No entendían, de la comunicación, nada. Se erguían, incólumnes, ante lo desconocido, y expectoraban, sobre el aire, palabras. Hoy, en cambio, el intercambio, no conduce, realmente, a nada”. Los Tiempos de Nueva York adscribieron: “Cada centrímetro en que la humanidad se acerca a lo extraterrestre es como el hundimiento en el fondo sin fondo de la posibilidad de establecer un contacto real. Si hasta ahora no nos entendíamos entre nosotros, ahora no nos entendemos tampoco con los seres de otro planeta”.

Draider no leyó nada de esto. Estiró su mano y habló por el traductor universal. Dijo: “Eso, nosotros, ellos, nada, el espacio, todo, cada uno, había una vez, como si mintieran, algo, comúnmente, rayos, años, segundos, pelícanos y mucho más allá”. El extraterrestre estiró una membrana y cubrió a Draider de una película de baba que le impedía moverse con facilidad. En ese momento Draider pensó, “Qué difícil es ser un intérprete de la voluntad humana. Mejor me quedo en mi casa mirando películas de ciencia ficción en la tele, en especial la de los años cincuenta, en que se especulaba con encuentros, antes de que se fingiera, a los fines del espectáculo político, encuentros inexistentes”.

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