Silencio eso.

Me miro en un espejo y no me reconozco. Mi cuerpo es una jaula. El dolor se extiende como una sombra sobre lo vivo y lo muerto. Es de día. Eso lo sé por la luz que entra de la ventana. Aunque es poca luz. Mejor sería que no hubiera luz. No vería este cuerpo envejecido que no sé si me pertenece. Cumplo órdenes. O no. Estoy vivo, eso es lo importante. ¿Pero para quién? Tengo una mente. La mente me dice que todo está mal, que todo va a ser peor. No quiero escuchar a mi mente. No sé cuánto tiempo me queda de vida. No sé qué vida llevé. ¿Tengo recuerdos? Todo es borroso. Como si se tratara de la vida de otro. Muchas impresiones, que se acumulan unas sobre otras, que se suceden unas a otras. Nada que me sirva para guiarme. Al menos tengo un cuerpo. Aunque no sé si es lo que quiero. El cuerpo que tengo me anuncia dolores que antes (¿antes?) no tenía. Si sólo pudiera salir. Pero no hay puertas. Sólo hay una ventana. O hay una puerta y está cerrada, es lo mismo. No puedo salir. Hay un espejo. No tolero la imagen que el espejo refleja. Es como si no fuera yo. Pero si no soy yo, ¿quién es? Entre los recuerdos aparecen nombres, pero sin imágenes. Nombres que la memoria registró. Igual tengo muy mala memoria. No sé quién soy. Sólo recuerdo nombres. Y si pudiera salir, ¿a dónde iría? No tengo a dónde ir. Tengo hambre. Hay un pan seco tirado en el piso que no quiero agarrar. Mejor pasar hambre que comer mal. Dejar que el hambre produzca sus efectos de debilitamiento. Perder la conciencia. Dejar de preocuparme. Eso necesito. Dormir. Olvidar lo poco que sé. No quiero recordar quién soy. Quiero dejar de existir. Aunque eso está más allá de mis posibilidades. ¿Seré un fantasma? Un fantasma que no tiene a quién asustar. Ni siquiera sé si estoy vivo. Este lugar es muy extraño. Si sólo pudiera encontrar a alguien, o recordar a alguien. Alguien que no sea un nombre nada más. Establecería un diálogo. No hablaría solo. Igual es inútil. El cuerpo que veo en el espejo tiene ropas andrajosas, quizás soy un pordiosero. O alguien que perdió todo lo que tenía. Ahora no tengo nada. Soy libre. Pero no sirve de nada. Al menos me entretengo pensando todo esto. Si no tuviera una voz interior estaría todavía más perdido. Así que permanezco inmóvil, atento a cada sonido. Pero no se escucha nada. Esto es como una cárcel. Pero no tiene la apariencia de una cárcel. Es como un departamento de un ambiente. Sólo que no se puede salir.
Si alguien me contara un cuento todo sería distinto. Pero no hay nadie. Y yo no sé ningún cuento. Un cuento o un chiste. Algo que me permita pasar el tiempo. El tiempo no pasa. La luz no cambia de lugar. Debo estar en la nada. Algo habré hecho. Si no estaría feliz, o infeliz, en otro lugar. Un lugar abierto, verde, natural. Mi vida no tiene progresión. Siento que estoy en este estado hace mucho tiempo. Un día como hoy parecido a un día como ayer o mañana. Si es que hay días. Eso no lo sé claramente. Quizás esto es la muerte. Un sitio donde permanecer sin nada para hacer. O el purgatorio. El lugar en el que recaen las almas tibias. ¿Fui tibio? ¿O me excedí? Fui muy apasionado. O no, fui nu pusilánime. Igual no lo puedo saber. No tengo buena memoria. Nada de lo que pasó tiene un significado claro. Lo único real es lo que percibo. Y no tengo muchos lugares donde detener la mirada. Quiero decir, fuera del espejo, la ventana, el pan seco y la puerta cerrada. Somos como un sistema. Y yo soy el único que cree estar vivo. Vivo a medias. Aunque quizás alguien va a abrir la puerta. Eso se llama una esperanza. No hay que perderla. O quizás es mejor no tenerla. No esperar nada. Dejar que el tiempo pase y decida. Alguna vez fui amado. Eso lo recuerdo. No sé si en la infancia o después. Hubo personas que me cuidaron. Si no no podría haber llegado a esta edad. Amar, qué palabra. No se me ocurre otra. Hubo una época en que todo lo hacía de a dos. Dos que intentaban ser un solo cuerpo. Pero eso pasó. Ahora tengo un solo cuerpo. No sé dónde hay otros cuerpos. No sé qué se puede hacer con otros cuerpos. Para qué sirven. Ya no quiero que haya otros cuerpos. Algo debe haber pasado. Algo terrible. O que me parece terrible. Un castigo. Algo que me dejó en esta situación. Pero por qué. ¿Fui malvado? No creo. Igual pude haber hecho cosas que afectaron negativamente a otros. Como el que atropella a alguien en su auto. Va tranquilo por la ruta, alguien se interpone, y lo mata. Quizás maté a alguien. Maté a alguien o a algo. Debe ser eso. Maté ilusiones o expectativas. No fui un buen ciudadano. Todo es borroso, algo se interpone en mi recuerdo, pero creo que debe ser así. Quizás maté a alguien. O fui violento. No lo sé. No me está permitido recordar. Pero algo debe haberme llevado a este estado. Algo malo. Si hago un esfuerzo quizás lo recuerde. La diferencia entre las películas y la realidad. La diferencia abismal, que se acorta y se alarga.
Aunque quizás no. Fui bueno. Se equivocaron conmigo. No hice nada malo. Me tomaron por alguien que no era. Todo era muy difícil. Quizás hice cosas de las que no soy consciente. En ese caso no puedo ser culpable. Cosas hechas con inocencia. Una inocencia no reconocida. Me persiguieron. Me ataron las manos. Me golpearon. Me humillaron. Por eso estoy acá. Es el estadío final, o el estadío intermedio. No me mataron para que sufra intencionadamente. Como si mi destino fuera sufrir. Pero no quiero. Me rebelo. Quiero paz, pero no hay paz. Quizás pueda imaginar un estado distinto. Cerrar los ojos. Imaginar un lugar natural, verde, abierto. Pero sería inútil. Siempre hay que abrir los ojos. Y en ese momento volvería a la realidad. A esto. A lo que queda de mí. A la falta de todo. Al dolor. Aunque no sé bien qué tipo de dolor es. ¿Es físico? Es un cansancio. Que se manifiesta en todo el cuerpo. O no. Es algo mental, que invade el cuerpo, pero viene de afuera. No importa. Ese es mi estado. Yo soy la sombra que recorre el espacio que cubren lo vivo y lo muerto. Ya no soy un ser humano. Soy una sombra. Me trataron mal. Me convirtieron en una sombra. Nunca me voy a recuperar de eso. No porque sea sensible. Porque es así. Si sólo pudiera volver el tiempo atrás. Hasta el momento anterior a que esto ocurriera. Anterior a encontrarme acá. Seguramente lo pasaba mejor. Tenía cosas con las que entretenerme. Estaba relacionado con otros. Seguro que antes era mejor. Aunque no sé. Quizás siempre fue así. En ese caso… no hay salida. O la única salida es la muerte. Y no voy a morir todavía. La muerte se extiende por mi cuerpo pero lo hace poco a poco. No me va a dejar morir así como así. Quiere cobrarse cada minuto.
Quizás todo esto no es real. Eso sería bueno. Estar soñando. Una pesadilla. Algo que se va a acabar. Pero no. No tiene los signos de una pesadilla. Soy demasiado consciente. De mi cuerpo. De todo. Los colores no son ni muy brillantes ni muy opacos. La materialidad de las cosas es consistente. Las paredes son paredes. No tengo a dónde despertar. Sería fácil. Pensar que se trata de un sueño. Despertar a una vida mejor que ésta. A otro mundo. Un mundo donde alguien cuide de mí, donde el espacio no estuviera tan cerrado. Pero no. No es un sueño. Ya pasó tanto tiempo. Tendría que haber despertado. Hasta creo que desperté después de un sueño. Y el sueño se parecía a lo que veo. Podría seguir. Pero no voy a seguir. Mejor el silencio. Que todo lo que dije se destruya. Si dejara de pensar todo estaría más tranquilo. Dejar de pensar. Entrar en el silencio. Eso.

(2017)

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