Crónica de los sentimientos

El sabor-textura de la remolacha. La infancia de la cocina atenta. Un trr-trr helado le recorre adentro. Impedir invasiones extraterrestres. O encontrar una fecha inmóvil. Para… ¿encontrar? Recrear la huella languidescente del moretón cúrcuma, los años de asilo en el deporte sudamericano, el signo de Saturno de las muñecas vestidas. Si solo pudiera entender las cien separaciones de las flores blancas, el disco rojo sentimental (de Dublín), nadie vendría a asaltarlo en los pórticos y en las arcadas como si fuera un teleadicto sónico. Hay que reinventar partes ocultas.

Friday I’m in love.

Lenguas muertas, comprimidas, envueltas, rellenas, sostenidas por una espalda rígida, incólumne.

El cielo

Una mujer me pide fuego. Le digo que no tengo. En realidad no sé dónde dejé el encendedor, tiene que estar en algún lado, pero no quiero que me vea mientras lo busco, puedo llegar a contorsionarme demasiado, hasta olvidar su presencia, o lo que estoy buscando.

Ocredad

Un perjuicio súbito, como la esperanza de un reencuentro fallido de un modo inesperado donde se vislumbra la utopía de la voz.

(20 9 08)

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