Archivo de la categoría: Experimental Translation

Los materiales del poeta de Robert Filliou

El poeta adulto tiene una estatura promedio de 1,65 m. y suele pesar cerca de 65 kilos.

Su cuerpo está cubierto y protegido por una membrana delgada y elástica, la piel, compuesta por la epidermis y la dermis del poeta. El pelo y las uñas del poeta son simples derivados de su piel. La superficie de la piel cubre aproximadamente 2 m² del cuerpo del poeta promedio.

El cuerpo del poeta está sostenido por un armazón de huesos denominado esqueleto. Cuando el poeta es un recién nacido, los huesos todavía están blandos; pero a medida que el poeta crece, sus huesos se endurecen.

El esqueleto del poeta tiene tres componentes elementales: la cabeza, el torso y las extremidades.

La cabeza. Está compuesta, primero, por el cráneo, una caja hueca que contiene el cerebro del poeta, con orejas a los lados; luego, por el rostro, que posee aberturas para los ojos, los orificios nasales y la boca del poeta.

El torso. También está compuesto por dos partes, el pecho y el vientre del poeta, separadas por un leve estrechamiento denominado cintura. En el torso se encuentra la columna vertebral del poeta, formada por las costillas del poeta doce pares de huesos curvos que protegen la médula—, el esternón, dos clavículas, dos omóplatos y, en el extremo inferior, la pelvis del poeta. Obsérvese que se encontrarán diferencias mínimas en el caso de los poetas dislocados.

Las extremidades. Así se denomina a los brazos y las piernas del poeta. Los brazos en total: dos están formados por tres partes articuladas: el brazo, el antebrazo y la mano del poeta. Sería superfluo enumerar los múltiples usos de la mano; gracias a su perfección, y a la guía de la inteligencia, el poeta es capaz de hacer realidad las maravillas de su arte.

Las piernas. El poeta también posee dos, formadas por tres partes articuladas. Una de las características más importantes que diferencia al poeta de los animales es la postura erecta. Sin embargo, lo que realmente lo distingue del mundo animal es su inteligencia y arte sublime.

Todos los poetas poseen las características mencionadas, pero distintos cúmulos de poetas manifiestan significativas diferencias entre sí, lo que nos conduce a elaborar la siguiente división.

el poeta amarillo tiene la piel amarillenta, pómulos prominentes, pelo copioso, ojos rasgados, nariz prominente y labios gruesos.

el poeta negro tiene una piel oscura, del café con leche al azabache, pelo rizado, nariz roma, labios gruesos y mandíbulas muy fuertes y potentes.

el poeta blanco tiene piel rosada, rostro ovalado, pelo lacio, ojos ovalados, nariz recta y labios finos.

el poeta pelirrojo tiene piel cobriza, pelo rebelde, pómulos salientes, nariz aguileña y labios delgados.

 

i—Acerca de la necesidad de alimentación

 

Así como un motor a vapor necesita agua y carbón para funcionar, y el motor de un automóvil se detiene si se le acaba la nafta, se debe alimentar al poeta con frecuencia para que éste suministre poesía. El alimento abastece al poeta de fuerza y calor.

Lo primero que hace el poeta con el alimento es masticarlo. Se denomina masticación al triturado del alimento en pequeños trozos, a los que luego el poeta combina con saliva para facilitar la deglución y la digestión. A este fin, el poeta necesita una dentadura completa, es decir, 32 dientes subdivididos en maxilares superior e inferior, formados por dientes caninos, cuya función es desgarrar, y molares, encargados de triturar.

Una vez que masticó el alimento, el poeta lo traga, y éste pasa por su garganta (o “esófago”) en dirección al estómago del poeta. Allí los jugos digestivos del poeta reducen la comida a una pasta semilíquida y ésta pasa por un tubo largo y fino llamado el intestino delgado del poeta, y luego desde este pequeño intestino, cuando corresponda, hacia el tubo más amplio del intestino grueso.

El estómago del poeta sigue en funcionamiento por lo menos durante dos horas después de cada comida.

Si el poeta no cuidara su estómago, se agotaría fácilmente. Por este motivo:

el poeta se alimenta a horas regulares

el poeta no traga rápido, para evitar la indigestión

el poeta mastica con parsimonia para impregnar de saliva el alimento

el poeta lleva una dieta balanceada: mantiene su cuerpo fuerte con carne magra, pescado, queso, yema y clara de huevo, arvejas, porotos, etc.; acumula energía con pan, papas, azúcar, manteca y margarina, pescado y carne con grasa; y protege su salud con verduras, frutas frescas, grasas animales y pan integral. (Pero el mejor alimento de todos es la leche, que tiene proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vitaminas y sales minerales. Esto explica por qué los poetas beben tanta como pueden)

el poeta se cepilla los dientes a la mañana y a la noche, y después de terminar cada comida, ya que si no se quita los restos de comida que le quedan entre los dientes, éstos se descomponen y dan al hálito del poeta un olor desagradable

el poeta defeca al menos una vez en el día, ya que sus deshechos digestivos, en caso de permanecer demasiado tiempo al interior del intestino grueso que termina en el ano del poeta provoca cierta indisposición.

 

ii—La sangre del poeta

 

Cuando se hace un tajo en la yugular de un poeta, sale sangre de la herida hasta que el poeta muere. Pero si serruchamos a un poeta al que matamos hace poco por estrangulamiento, su cuerpo no sangra. Esto se debe a que la sangre del poeta muerto está inmóvil, mientras que la sangre del poeta vivo siempre se mueve, impulsada por su corazón, que la hace circular por los vasos sanguíneos.

La sangre del poeta es de un rojo vivo en las arterias, que son los vasos que recorre la sangre que sale del corazón. Tiene un color rojo amarronado o púrpura en las venas, que son los vasos que recorre la sangre cuando vuelve al corazón. La densidad de la sangre tiene un valor de entre 1050 y 1060 kg/m3. Su viscosidad es aproximadamente cinco o seis veces mayor que la del agua. En términos de magnitud, la sangre representa 5-7% del peso del cuerpo del poeta. Como un poeta adulto promedio pesa 65 kilos, esto equivaldría a entre 5 y 6 litros.

Aproximadamente el 59% de la sangre del poeta está compuesta de plasma, formada entre un 91 y 92% por agua. En consecuencia, hay algo evidente, y es que todos los poetas comparten una característica: el 55% de lo que corre por las venas y las arterias de un poeta es agua. El resto son glóbulos y plaquetas.

Como se demostrará a continuación, factores tales como la actividad y la gravitación determinan la distribución de la sangre del poeta. Si mientras lee un poema al público, el poeta levanta el brazo por encima de la cabeza, la piel de su mano se pondrá más blanca y las venas se ocultarán. Los poetas sedentarios a menudo tienen várices y congestiones venosas en el hígado y los intestinos. Los poetas trashumantes son menos propensos a esta dolencia, debido a que en su caso la circulación de la sangre a través de las venas recibe la ayuda de la acción estimulante de los músculos.

También se sabe que cuando un poeta está débil, se debe mantener su cabeza recostada, de modo tal que su cerebro reciba los nutrientes necesarios. En la mayoría de los casos, esto se asegura de forma automática mediante el desvanecimiento y la posterior caída del poeta al piso.

El corazón del poeta, una potente bomba con gruesas paredes musculares, impulsa la sangre a través del cuerpo del poeta. Su corazón está dividido en dos lados, derecho e izquierdo, y cada uno tiene una cavidad superior llamada “aurícula” y una cavidad inferior llamada “ventrículo”.

Alguna vez el difunto Pascal afirmó que el corazón es hueco y está lleno de basura. Sin embargo, no está claro qué quiso decir exactamente.

 

iii—La respiración del poeta

 

El poeta respira al escribir. De ahí la importancia de la respiración, que el poeta desarrolla con la ayuda de su nariz, su nasofaringe, su laringe, su tráquea, sus bronquios y sus pulmones. Si bien el poeta tiene fama de poder vivir durante varios días sin probar bocado, no podría estar ni un minuto sin absorber aire. Lo hace de forma constante, nunca se detiene, ni de día ni de noche.

Entre paréntesis, observemos no obstante que el poeta es incapaz de percibir que sus pulmones se deslizan de forma continua sobre las superficies internas de su pecho o, para el caso, que su estómago está en contacto con sus intestinos. Es evidente que el sentido del tacto del poeta se encuentra ausente en las zonas más profundas de su cuerpo. Se cree que en una época el poeta tenía conciencia de todos los mecanismos internos de su cuerpo pero decidió que sería mejor que se volvieran automáticos e inconscientes para que pudiera atender a cosas más elevadas.

Cuando dicho automatismo se interrumpe, cesan los movimientos respiratorios del poeta. Se los debe transmitir de forma artificial a la pared torácica hasta que el poeta reanude su respiración automática. Esto es muy importante en el caso del poeta que muestra signos de ahogo. La técnica de respiración artificial que se solía preferir era la descripta por Schafer: se colocaba al poeta boca abajo, con un almohadón o sobretodo plegado debajo de la parte inferior del pecho, y el resucitador se arrodillaba sobre el piso en posición transversal al poeta. Luego se inducía un movimiento del pecho hacia adelante y hacia atrás arrojando el peso del cuerpo sobre las manos, y a continuación se elevaba el cuerpo poco a poco a la posición erguida.

Otro método, preferido en la actualidad, se conoce como “respiración boca a boca”. El principio en el que se basa este método es que el aire expulsado por los pulmones del resucitador se introduzca al interior de los pulmones del poeta ahogado.

 

iv—La excreción del poeta

 

El cuerpo del poeta produce deshechos que hay que eliminar de distintos modos. Las glándulas sudoríparas eliminan una parte de los deshechos. Se trata de largo tubos enrollados que producen sudor, y el sudor abandona el cuerpo del poeta a través de pequeñas aberturas en su piel llamadas “poros”. Si se observa al poeta a través de una lupa se podrán ver sus poros.

Los riñones del poeta son sus órganos excretores más importantes. Se encuentran en la parte trasera del abdomen y la sangre circula a través de ellos. A través de un microscopio se puede observar que los riñones contienen muchos túbulos pequeños que filtran los deshechos de la sangre. El líquido amarillento que contiene estos deshechos recibe el nombre de la “orina” del poeta.

La orina desciende a través de dos conductos llamados “uréteres” a una bolsa denominada la “vejiga” del poeta, donde se la almacena hasta que deja el cuerpo. En los poetas de ambos sexos la orina deja la vejiga a través de un conducto llamado la “uretra”. Normalmente la uretra permanece cerrada por un aro de músculo debajo de la vejiga. Pero cuando la vejiga se llena, este músculo se relaja y permite que la orina del poeta corra.

En el caso de la poeta, la uretra se abre al exterior de su cuerpo, entre sus piernas. Precisamente detrás de su abertura urinal se encuentra la vagina de la poeta, que, en el caso de la poeta adulta virgen se encuentra cubierta por una fina membrana conocida como el “himen”. Alrededor de estas dos aberturas hay pliegues o labios de carne que forman lo que se conoce como la “vulva” de la poeta. Pero por supuesto se la elogia también por sus poemas, que son igual de hermosos.

En el caso de los poetas, la uretra atraviesa un tubo carnoso llamado el pene del poeta, que cuelga entre sus piernas.

La excreción es tan importante para el buen funcionamiento del poeta que el difunto sabio Leonardo da Vinci insistía en que “el poeta es un maravilloso mecanismo que transforma buen vino en orina”.

 

v—El cerebro del poeta.

 

Cuando el poeta no lleva ropa, que lo protege del frío, la lluvia, el calor y la curiosidad, se pueden observar sus músculos, llamados bíceps, tríceps, tendones, etc. El movimiento de sus músculos es el que hace al poeta sonreír o fruncir el ceño, guiñar un ojo o arrugar la nariz.

El poeta tiene muchos músculos y cada uno debe acortarse o extenderse justo en el momento adecuado y justo en la medida adecuada. Cuando el poeta contonea los dedos, o presiona su lapicera sobre la página, se pueden observar los movimientos de las fibras moverse debajo de la piel en la palma de la mano. Si no se mueven de forma correcta, el poeta puede escribir “No” cuando quería escribir “Si”. Si no se mueven lo suficientemente rápido, es posible que el poeta no termine una oración donde tenía la intención de hacerlo. De hecho, si los músculos de todo el cuerpo del poeta no se contrajeran o extendieran en armonía entre sí, ni siquiera podría pararse para leer sus poemas.

El movimiento de los músculos del poeta está controlado por su sistema nervioso, que incluye el cerebro del poeta, su médula espinal y sus nervios. Los mensajes eléctricos pasan de una célula nerviosa a la siguiente, y así viajan desde la cabeza hasta el pie del poeta en la fracción de un segundo. Este es el motivo por el cual el poeta se puede mover con rapidez si alguien arroja un objeto contra él.

Una propiedad esencial de todos los actos reflejos del poeta es que sus respuestas son puramente automáticas e independientes de su voluntad o deseo. Si se le hacen cosquillas a la planta del pie del poeta, sus dedos se enrulan y retira su pie, sin importar a qué escuela pertenezca el poeta. Del mismo modo, el poeta adulto promedio pasa cerca de un tercio de su vida durmiendo. Sin embargo, a los poetas adultos ancianos les alcanza con apenas cinco horas de sueño por día.

El cerebro del poeta es en realidad la parte superior, ampliada y muy desarrollada, de su médula espinal. Un poeta dijo una vez que su cerebro no era más que un pedazo de médula espinal con unos nudos. Estaba en lo cierto, pero podría haber agregado que es el asiento de su intelecto, sus emociones, su habla, su equilibrio y muchas otras cosas más.

Se debe evitar todo lo que pueda excitar el sistema nervioso del poeta. La asistencia frecuente al cine o la televisión es dañina. Asimismo, el uso de tabaco, alcohol y drogas tiene un efecto funesto sobre el cerebro y los nervios del poeta. Las manos del poeta empiezan a temblar. Su visión disminuye, se vuelve triste, tiene ataques súbitos de irritación e ira. Poco a poco pierde toda la dignidad y hasta puede hundirse en la locura. Además, se le hace difícil reproducirse.

 

vi—Reproducción y sentidos del poeta macho adulto

 

Los principales órganos encargados de la reproducción del poeta macho adulto son los testículos y el pene del poeta. Cuando el poeta macho adulto ve a una hembra, su cerebro la da al pene, qué es un músculo, las instrucciones correspondientes. Se dice entonces que el poeta tiene, o que no tiene, una “erección”. Es razonable suponer que sólo cuando se alcanza la erección, y cuando se asegura el consentimiento de la hembra, el pene del poeta puede introducirse en la vagina.

La frecuencia de estos actos depende de la información que su cerebro posea respecto a lo que sucede alrededor del poeta. Este es el motivo por el cual órganos especiales permiten al poeta oír, oler, gustar, sentir y ver.

Usted puede preguntarse cómo hace el poeta para oír cosas y voces. Esto se debe a sus tímpanos. El tímpano del poeta es capaz de vibrar en respuesta a un amplio espectro de tonos. El rango preciso difiere de poeta a poeta. Algunos son capaces de oír el chillido agudo de un murciélago, y algunos no.

El sentido del olfato es el más misterioso de todos los sentidos especiales del poeta, y aquel del que menos sabemos. Mientras que la mayoría de los poetas puede distinguir entre el delicado perfume de una rosa y el olor hediondo de una fábrica de gas, hay algunos poetas que, si mastican una cebolla con los ojos cerrados y la nariz tapada, no pueden distinguirla de una frambuesa. Esto se indica para demostrar que lo que se suele describir como los gustos de un poeta en realidad son olores.

La lengua del poeta es sensible a una variedad de gustos. Algunos poetas aprecian la dulzura en la punta de su lengua y la amargura en el extremo posterior de su lengua. Hay otros que aprecian la amargura en la punta de la lengua y la dulzura en la parte posterior. Sin embargo, todos los poetas hacen un abundante uso de sus lenguas para modular y articular los sonidos y las palabras de sus poemas.

En la piel del poeta hay terminaciones nerviosas sensibles que le indican cuándo, qué y a quién está tocando. Si se estudia un trozo de piel del poeta bajo un microscopio, se pueden observar estos “nervios táctiles” justo debajo de la superficie.

 

vii—Conclusiones

 

Supongamos, entonces, que el poeta ve pasar a una mujer. La mira, es decir, el lente de su ojo hace foco en ella. Su imagen se forma en la retina del poeta, pequeña e invertida. El nervio óptico del poeta transmite a su cerebro la información permitiéndole enteder el significado de la posición, la forma y el color exactos de la mujer ubicada frente al ojo del poeta.

El poeta debe luego decidir si esta mujer es su mujer, o mi mujer, o tu mujer, o la mujer de ella, o nuestra mujer, o la mujer de ustedes, o la mujer de ellos.

O, nuevamente, suponiendo que la mujer a la que mira es mayor, el poeta debe decidir si es su madre, o mi madre, o tu madre, o la madre de ella, o nuestra madre, o la madre de ustedes, o la madre de ellos.

Y si está saliendo de un auto, si es el auto de él, o tu auto, o el auto de ella, o nuestro auto, o el auto de ustedes, o el auto de ellos.

Y si todo esto ocurre en una ciudad, si es la ciudad del poeta, o mi ciudad, o tu ciudad, o la ciudad de ella, o nuestra ciudad, o la ciudad de ustedes, o la ciudad de ellos.

Y si es de noche, si es la noche de él, o mi noche, o tu noche, o la noche de ella, o nuestra noche, o la noche de ustedes, o la noche de ellos.

Y si la hora es de él, mía, tuya, de ella, nuestra, de ustedes, o de ellos.

E incluso antes de decidir, tal vez sea aburrido decidir. Mejor, piensa, es aceptar de antemano todas las posibilidades. Lo mejor es aceptar todas las posibilidades de antemano y aceptarlas siempre, para estar más allá de la región donde todo está repartido y todos pertenecen a aquello que les pertenece.

Éste, al menos, es su ideal.

Y expresa este ideal en un poema, porque es un poeta.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Experimental Translation

He Was the Wise Man

Donald_Barthelme_(author)

Bueno, teníamos a todos estos chicos plantando árboles, saben, porque se nos ocurrió que… que eso formaba parte de su educación, ver cómo, ya saben, los sistemas de las raíces… y también el sentido de la responsabilidad, ocuparse de cuidar las cosas, ser individualmente responsables. Ya saben lo que digo. Y los árboles se murieron todos. Eran naranjos. No sé por qué murieron, sólo lo hicieron. Es posible que fuera algún problema con la tierra o quizás el material que obtuvimos del vivero no era el mejor. Nos quejamos por esto. Así que teníamos a treinta chicos allí, cada niño o niña tenía su propio arbolito para plantar y nos encontramos con estos treinta árboles muertos. Todos estos chicos mirando los palitos marrones, era deprimente.

No hubiera estado tan mal excepto por el hecho de que un par de semanas antes del asunto de los árboles las serpientes se murieron. Pero creo que las serpientes – bueno, el motivo por el que las serpientes murieron fue que… recuerdan, la caldera estuvo apagada cuatro días debido al paro, y esto era explicable. Era algo que se podía explicar a los niños a causa del paro. Quiero decir, ninguno de los padres les permitía cruzar el piquete y sabían que había un paro y lo que significaba. Así que cuando las cosas empezaron otra vez y hallamos a las serpientes no los perturbó demasiado.

Con las huertas probablemente fue un caso de demasiada agua, y al menos ahora saben cómo no pasarse con el agua. Los niños eran muy aplicados con la huerta y algunos probablemente… ya saben, dejaron correr un poco más de agua cuando no estábamos mirando. O quizás… bueno, no me gusta pensar en la idea del sabotaje, aunque se nos ocurrió. Quiero decir, es una idea que se nos cruzó. Estábamos pensando así probablemente porque antes de que hubieran muerto los jerbos, y los ratones blancos , y la salamandra… bueno, ahora ya saben que no tienen que andar por ahí llevándolos en bolsas de plástico.

Por supuesto esperábamos que los peces tropicales murieran, esto no fue una sorpresa. Esa cantidad, los veías mal panza arriba sobre la superficie. Pero el plan de la lección llamaba a una entrada de peces tropicales en ese punto, no había nada que pudiéramos hacer, ocurre todos los años, simplemente hay que pasarlo de largo.

Ni siquiera se suponía que tuviéramos un cachorro.

Ni siquiera se suponía que tuviéramos uno, era solo un cachrorro que la chica de los Murdoch encontró bajo una camioneta de Gristede un día y temió que la camioneta lo pisara cuando el conductor terminara con el reparto, así que lo guardó en su mochila y lo trajo a la escuela con ella. Así que teníamos este cachorro. Apenas lo vi pensé, Cristo, apuesto a que va a vivir dos semanas y luego… Y eso fue lo que ocurrió. Ni siquiera se suponía que estuviera en el aula, hay algún tipo de reglamento al respecto, pero uno no les puede decir que no pueden tener un cachorro una vez que el cachorro ya está allí, frente a ellos, corriendo por el piso y haciendo guau guau guau. Le pusieron de nombre Edgar – esto es, le pusieron mi nombre. Se divirtieron mucho corriéndolo y gritando, “¡Ven aquí, Edgar! ¡Lindo Edgar!”. Entonces se mataban de risa. Disfrutaban de la ambigüedad. Yo mismo la disfrutaba. No me molestan las bromas. Le armaron una cucha en un armario y todo. No sé de qué murió. Moquillo, creo. Es probable que no le hubieran dado ninguna inyección. Lo saqué de ahí antes de que los niños llegaran a la escuela. Revisaba el armario cada mañana, rutinariamente, porque sabía qué era lo que iba a suceder. Se lo di al guardia.

Y después estaba este huérfano coreano que la clase adoptó a través del programa Help the Children, todos los chicos traían 25 centavos al mes, esa era la idea. Fue un asunto desafortunado, el niño se llamaba Kim y tal vez lo adoptamos demasiado tarde o algo así. La causa de muerte no estaba establecida en la carta que recibimos, sugerían que adoptáramos a otro niño en su lugar y nos enviaron algunas historias de vida interesantes, pero no teníamos el aplomo. La clase lo tomó a mal, empezaron (pienso, nadie me dijo nada directamente) a sentir que tal vez había algo que no funcionaba bien en la escuela. Pero yo no creo que ocurriera nada malo en esta escuela en particular, he visto mejores y he visto peores. Fue solo una racha de mala suerte. Hubo una cantidad extraordinaria de padres que fallecieron, por ejemplo. Creo que hubo dos paros cardíacos y dos suicidios, uno que se ahogó, y cuatro que murieron juntos en un accidente automovilístico. Un derrame cerebral. Y tuvimos un índice de mortalidad alto entre abuelos, o quizás fue un poco mayor este año, parecía. Y finalmente la tragedia.

La tragedia ocurrió cuando Matthew Wein y Tony Mavrogordo estaban jugando en la zona de la excavacación para el edificio de las nuevas oficinas federales. Estaban todos estos pilares de madera grandes estaqueados, ya saben, al borde de la excavación. Se abrió un caso judicial por el tema, los padres alegaron que los pilares no estaban bien colocados. Yo no sé qué es cierto y qué no lo es. Ha sido un año raro.

Olvidaba mencionar al padre de Billy Brandt que fue acuchillado fatalmente cuando forcejeó con un instruso enmascarado en su casa.

Un día, tuvimos un debate en clase. Me preguntaron, ¿a dónde se fueron? Los árboles, la salamandra, los peces tropicales, Edgar, los papás y las mamás, Matthew y Tony, ¿a dónde se fueron? Y yo dije, no lo sé, no lo sé. Y ellos dijeron, ¿quién sabe?, y yo dije, nadie lo sabe. Y ellos dijeron, ¿es la muerte lo que le da sentido a la vida? Y yo dije no, la vida es lo que da sentido a la vida. Luego dijeron, pero no es la muerte, considerada como un dato fundamental, el medio por el cual lo mundanal de lo cotidiano que se da por sentado puede ser trascendido en la dirección de –

Dije que sí, tal vez.

Ellos dijeron, no nos gusta.

Yo dije, me parece bien.

Ellos dijeron, ¡es una vergüenza!

Yo dije, lo es.

Ellos dijeron, ¿va a hacer el amor con Helen ahora (nuestra ayudante de clase) para que podamos ver cómo se hace? Sabemos que Helen le gusta.

Me gusta Helen pero les dije que no lo haría.

Hemos oído tanto sobre el tema, dijeron, pero nunca lo hemos visto.

Dije que me despedirían y que nunca, o casi nunca, se hace como una demostración. Helen miró hacia afuera por la ventana.

Ellos dijeron, por favor, por favor haga el amor con Helen, necesitamos de una afirmación del valor, estamos asustados.

Les dije que no deberían estar asustados (si bien yo suelo estar asustado) y que había valor por todas partes. Helen se acercó y me abrazó. La besé un par de veces en la frente. Nos sostuvimos el uno al otro. Los chicos estaban entusiasmados. Luego hubo un golpe en la puerta, abrí la puerta, y entró el nuevo jerbo. Los niños gritaron de júbilo como salvajes.

 “La escuela” (1976) de Donald Barthelme

Deja un comentario

Archivado bajo Experimental Translation

Jonas Mekas Reloaded

tapa mekas cvs

Me pregunto si existe una forma que permita a una traducción sonar extranjera. ¿No es es esto inherente a ella, incorporar para sí las marcas de lo foráneo? David Bellos denomina “translationese” (lengua o dialecto de traducción) al resultado del conjunto de alteraciones que se producen en la sintaxis de las traducciones.
Pienso en estos temas al enterarme de la reedición de “Ningún lugar adonde ir”, de Jonas Mekas, un libro que traduje. Originalmente, al menos en parte, escrito en lituano —la lengua materna de Mekas— y luego en inglés, o autotraducido a un inglés con reminiscencias lituanas. ¿Cómo se traduce eso? ¿Cómo se lee?
El inglés de Mekas es el de un extranjero —su vocabulario es simple, no usa estructuras complejas—. El castellano al que lo traduje conserva, por decisión voluntaria, las particularidades de esa lengua íntima y extraña, la de quien escribe su propio diario o memorias. Se entremezclan ficciones breves, sueños, cartas, pero lo que predomina es el intento, a través de las palabras, de dar cuenta de lo real. El resultado es una lengua nueva, como hecha de retazos, a partir de la cual se puede empezar a escribir de nuevo.

Deja un comentario

Archivado bajo Experimental Translation

Beginnings: Espacio vacío

Anna Waterman oyó a dos gatos peleándose toda la tarde. A eso de las diez salió al patio y llamó al gato macho. Hacía unos diez años, su hija Marnie, de trece y ya insondable, le había otorgado a este animal el nombre “James”. El término del verano desplegaba arreboles sobre el fondo de un cielo estrellado. El patio de Anna era largo, tal vez de unos cincuenta metros por veinte, tenía manzanos con líquenes sobre un césped salvaje y un cobertizo torcido que parecía haber salido de una película rusa de los setenta: derruido, rodeado de canteros descuidados, cubierto por todas esas cosas que se abandonan sin tirarlas. La vitalidad de los canteros era insalubre. Todos los años, cuidados o no, producían unas mezcolanzas densas de hierbas autóctonas, flores silvestres y –desde el calentamiento de mediados de los 2000– unas plantas exóticas de pétalos enormes y hojas carnosas, arrastradas desde semillas quién sabe de dónde.

—¡James! —dijo Anna.

James no le hizo caso, pero tampoco se escuchaba que provinieran sonidos donde formara parte de una cacería, fuera el atacante o la presa. Anna estaba animada.

Lo encontró en el comienzo del seto al final del patio, donde guardaba algo arrinconado entre las raíces y tierra seca. Estaba oliéndolo, lo golpeó con las patas delanteras, ronroneaba para sí. Ella lo acarició y él hizo caso omiso.

—Tonto —le dijo.—¿Qué hallaste?

Eran unas cositas gelatinosas sueltas cubiertas de tierra. Excepto por el tamaño y el color, parecían órganos interiores. Tenían la curva henchida del riñón de cerdo y desprendían un resplandor leve.

Anna recogió uno y lo soltó de inmediato – era cálido al tacto. El gato, encantado, saltó sobre éste y lo derribó de un golpe.

—Eres tan asqueroso, James —dijo Anna.

Después se puso unos guantes de goma, deslizó dos o tres de los objetos en una bolsa de plástico y los llevó a la casa. Ahí los vació en un plato de vidrio. Hundidos en la mesada parecían entrañas, no acostumbradas a sostenerse por sí mismas. Los colores se parecían a los de los frascos con líquido que todavía se veían detrás de los vidrios de las farmacias cuando Anna era joven –azules, verdes y de un permanganato fuerte– ahora desteñidos y algo acidificados bajo una luz halógena. Anna extrajo su mejor cuchillo Wüsthof del taco y luego, sin el coraje suficiente, lo dejó donde estaba. Se quedó observando el contenido del plato desde ángulos distintos, después fue hasta el teléfono para hablar con Marnie.

—¿Para qué llamas? —dijo Marnie, cinco minutos después.

—Creo que sólo quería contarte lo afortunada que fui. En todo tipo de cosas.

A primera vista, Anna lo sabía, parecía absurdo. Fue anoréxica a los veinte; intentó suicidarse dos veces. Michael, su primer esposo, que no estaba mucho mejor, se había metido al mar a pie una noche en Mann Hill Beach, al sur de Boston. Nunca hallaron el cuerpo. Había sido un hombre brillante y desequilibrado.

—Fue un hombre brillante —decía Anna— que se tomó las cosas demasiado en serio.

Pero después se había vuelto a casar, parió a Marnie, tuvo una vida. La vida que construyó con el padre de Marnie fue una buena vida, primero en Londres, después en esta casa tranquila, cara, cercana al río. A Michael no le hubiera gustado. Para él la vida consistía en el esfuerzo; era una especie de castigo.

—Nosotros no sabíamos vivir —dijo ahora.

—Anna…

—Él tuvo algunas dificultades.

Marnie lo recibió en silencio.

—Ya sabes —dijo Anna—. Dificultades sexuales. Tu padre fue mucho mejor en ese sentido.

Deja un comentario

Archivado bajo Experimental Translation, The Book of Quotes

Teen Hardcore

Notas. Dificultades para escribir. ¿Dificultades para escribir? O bien: dificultades para corregir. Para el caso, tienen puntos de contacto. También podría decir: dificultades para vivir, dificultades para dormir, dificultades para encontrar trabajo. Qué sé yo. Dificultades para resolver problemas matemáticos relativamente simples. Si viajo en una van que va a 74 km/h y el tiempo que tarda en pasar a un camión es 2.34 segundos, ¿a qué velocidad va el camión? Intento resolverlo con la ayuda del teléfono y me falta una ecuación para terminar. Es una nueva versión de un problema clásico que nunca pude resolver: no el de Aquiles y la tortuga sino a qué velocidad voy cuando corro adentro de un tren en movimiento, que es como decir a qué velocidad me muevo cuando estoy inmóvil en un planeta en movimiento, casi. Parecerían ocupaciones ociosas pero me entretienen y son como parte de la transición desde el medioevo a la modernidad que en cierto modo nunca termino de completar; el abandono de la visión ingenua de las cosas.

Después: mantengo extrañas conversaciones con desconocidos, “amenas”, con algo caricaturesco, como si observara mis propias características o cierta faceta llevada a un extremo malo. Con un instructor de tiro y un librero. El instructor perdió casi una pierna en un accidente de moto y el librero misteriosamente tiene cada vez mejores libros, casi como si se fusionara con mis intereses de los últimos tiempos (poetas latinos, antropólogos, historiadores de la ciencia). Le compré una biografía medio sentimental de Heine, muy buena.

En la computadora me dedico un poco a aprender el funcionamiento del InDesign, fascinante, que es como la extensión de un antiguo sueño, el de dominar un programa de diseño gráfico aplicado a la edición de textos; también continúo con la investigación de mi silabario griego, comparando diccionarios y también haciéndome muchas preguntas sobre el sentido de las palabras, sobre el gran misterio de que un término sobreviva milenios casi sin modificaciones o permita agregarle todos los descubrimientos posteriores, y también sobre el sentido último de palabras oscuras, de dónde se extrae, cuánto de imprecisión y de imaginación hay en toda exégesis, cuanto de manipulación, y como, a pesar de todo, si se tiene fe, el texto está ahí, con su parte evidente y su parte oscura. Juego un poco a “Don’t Starve” y me aburro rápido con el tercer personaje de la serie, un fortachón sin mucha gracia, que parece estar por fuera del código “gótico” de los anteriores. También logro finalmente ver las dos últimas películas de MP que trabajan con textos de Shakespeare. Increíbles. Sutiles y también un poco tontas, como el recuerdo que tengo de las comedias, y con muchos actores que conozco personalmente, que es algo que despierta mi faceta más cholula: una actriz que en la vida real no me decía nada, espectacular ante la cámara, un pequeño papel de RP, todo nuevamente ordenado de ese modo que hace que crea por unos instantes, o quizás hoy todo el día, que fueron hechas para mí, bajo las órdenes de alguien que sabe que ahí hay un goce que puede contrarrestar todo lo malo que hay por fuera (aunque reconozco que esto es algo que siempre se extiende a un más allá, también en la lectura de la biografía de HH leo algo que está dirigido a mí). Pienso que debería escribir sobre esas películas, pensar ahí la traducción o la adaptación, como si fuera algo que no se le pudiera ocurrir antes a nadie y también porque me interesa algo del proceso de producción, algo gozoso o lúdico, rivettiano, que deja sus huellas.

En Quilmes, la pesadez de los constructores de edificios, sus gritos, algo bárbaro instalado en la proximidad absoluta. Después de pintar el interior del placard pierdo casi por completo las ilusiones sobre el “saber” del obrero. Son tareas mecánicas, estúpidas, que pueden conducir por igual a la creación de un matadero, un monumento al líder de turno o un monobloc sin que se produzca una modificación en la tarea. Es lo que observo en mi apartamento: la suma de deficiencias apenas compensadas por los méritos, y detrás siempre el imperativo económico, la reducción de costos.

En el subterráneo, malestar en la multitud, como si no creyera en nada, quiero decir, en nada de las convenciones sociales o de la mise-en-scene subterránea.

Por momentos… me gustaría ser un autor “realista”, describir mis encuentros con las personas en detalle, pero me doy cuenta de que no tengo la paciencia necesaria. O en todo caso, literalmente, requiere “trabajo”, tiempo y fe, tal vez tranquilidad. Sin contar que es algo en lo que ni siquiera creo del todo, como si lo inconexo de las ideas apenas suturadas fuera lo real y el resto de la comedia humana: los lisiados, etc., ¿qué saben o expresan que sea más interesante que la historia de las transformaciones del espacio estelar o cualquier otra cosa? Cada vez más los veo como publicidades de un humanismo barato, gratuito, con muchos abonados, un canal más. Pero como siempre los mejores canales son los menos vistos, que es un poco lo que pienso del amor últimamemte, toda esa confianza internalizada y en ocasiones perdida, su enigma y esa sensación de exterioridad o ahogo que en cierto modo me acosa a veces. En la lectura de la biografía entiendo en cierto modo que no hay magia a la vista que transforme las cosas; es cierto que es un poco sentimental, pero yo también lo soy, más sentimental que racional tal vez.

Deja un comentario

Archivado bajo Autobiografía sucinta, Experimental Translation, The Films in my Life

Mi Internet (J. Lethem)

Tengo una Internet adentro de Internet. Es una Internet propia, un lugar que se parece al que conocen salvo por el hecho de que no la conocen: es sólo mía. Nadie más puede entrar ahí.

En realidad, para no empezar complicando demasiado las cosas, técnicamente el lugar que estoy describiendo es una Internet adentro de una Internet adentro de Internet. Esto se debe a que, por empezar, soy miembro de una elite adentro de la Internet entera, parte de una Internet exclusiva y privada “sólo para miembros” compuesta por unas cien personas. Estas cien personas fueron elegidas una a una, por un líder que, sirviéndose de una impresionante capacidad de previsión, concibió la necesidad de esta Internet más privada y pequeña en los tiempos idos de la “primera” Internet. En aquellos días, parecía improbable que se permitiera a absolutamente todos el uso de Internet, o siquiera que muchos pudieran llegar a querer hacerlo. Tampoco nadie podía prever, excepto nuestro líder, que fueran a surgir tantas dificultades: dificultades tales como las del anonimato y el baile de disfraces y las olas migratorias tipo lemming de odio popular que actualmente definen  Internet. (Quiero decir la más grande y no exclusiva, la extensa y general donde, se me ocurre ahora, es probable que estén leyendo estas palabras). Es poco probable que estas tendencias hubiesen sido ya evidentes. Y sin embargo, nuestro líder las previó.

Quiero subrayar que esto ocurrió en un período bastante temprano. Según nuestro líder, en aquella época Internet sólo consistía de (y, por algún motivo, exactamente de) doscientas personas. Nuestro líder entonces hizo algo técnico (no soy bueno para los conceptos técnicos) y dividió la primera Internet por la mitad: unas cien personas por acá, otras cien personas por allá. En aquel entonces, era, según él (estas son sus palabras, sus palabras son todo lo que nos queda), una división en partes exactamente iguales.

Al abrigo de un aire de juguetona provocación, nuestro líder propuso algo parecido al juego de La Guerra de las Banderas, o Humanos vs. Zombies. Sugirió que las dos Internets fueran pensadas como dos equipos alegremente competitivos, realizando un lúdico experimento darwiniano para ver cuál iba a prosperar. Los otros cien, aquellos excluidos de nuestra Internet, aceptaron la propuesta. Los había seducido o engañado a través de la aparente equidad del acuerdo, de modo tal que apenas pudieron percibir que se los estaba excluyendo de algo. Entonces, llegada la etapa de implementación de esta alteración técnica, nuestro líder eligió rápidamente a sus cien personas y, a los fines de la “otra” Internet, desapareció. Nunca más se supo de él.

Fue esta “otra” Internet la que creció y se convirtió en la que conocen tan bien, ocupada por tantos miles de millones de personas diferentes y que, si he de ser franco, se llenó de tantas situaciones confusas. (Apenas si puedo utilizarla sin entrar en un estado de confusión, aunque imagino que si estuviera allí más seguido aprendería a aceptar las condiciones como normales). Mientras tanto, los cien vivieron dentro de su Internet apacible y superior bajo la mano refinada del líder. Nuestro líder tenía solo dos reglas, ambas de una simplicidad brillante: no al dinero, no a los animales. Las implicancias eran enormes. Figúrense, si lo desean, su propia Internet sujeta a estas restricciones; dudo que puedan. Dentro de nuestros límites tensos, millones de flores se reproducen. Los límites suelen crear la ocasión para la belleza, y nuestra belleza se parece a la de un jardín japonés; puede ser valioso concebir la imagen de la nuestra como una especie de Internet “bonsai”. Tenemos, solo a modo de ejemplo, nuestro propio modo de establecer vínculos con las cosas, uno completamente distinto al de ustedes, con un “hipervínculo sensorial” completamente distinto –de hecho, como acabo de descubrir en una búsqueda en su Internet, el término linkfeel ni siquiera existe para ustedes–. Para expresarlo de un modo simple, eso que ustedes hacen rápido, nosotros lo hacemos lento. Esto es importante. Esta y otras precondiciones técnicas que legislan la naturaleza de nuestra Internet de cien personas fueron aseguradas por unas pocas decisiones hábiles tomadas por nuestro líder en el comienzo, insertas en los fundamentos que él llamó “la infraestructura”. Nuevamente, más allá de mi ámbito.

Nuestros cien dependen de nuestro líder para la descripción de los primeros días porque a decir verdad ninguno de nosotros formó parte de esta acción original. En cierto modo llegamos después, tropezando en el camino con la Internet más grande como le podría haber ocurrido a cualquiera. Sin embargo, como los miembros de esos primeros cien decidieron regresar a la Internet más amplia, o de algún modo decepcionaron a nuestro líder y se los desterró, él eligio individualmente, mediante una invitación encubierta, reemplazos para quienes habían partido. Yo fui uno de los reemplazantes.

La centena fundadora había jurado guardar silencio sobre el asunto (por todo cuanto sé mi voz puede estar al alcance de alguno de ellos ahora). De modo que los cien actuales sólo pueden especular acerca de los primeros días, comparando notas sobre cuando fuimos transplantados por nuestro líder. Nuestra población es bastante estable en la actualidad, si bien aún ocurre que alguien desaparece y es sustituido. Todos trabajamos en conjunto para permitir a los nuevos alcanzar la velocidad adecuada.

Y sin embargo, últimamente he sentido el impulso de una incursión aún más profunda, la necesidad de una exclusión aún mayor, y esto es lo que me ha llevado a la creación de una Internet absolutamente propia. La motivación, si bien apenas deseo hablar de este tema, llegó cuando descubrí el hecho incómodo de que después de muchos despidos recientes de nuestro cuerpo de élite de cien nuestro líder decidió no reemplazar a los que perdimos con nuevos participantes si no, en su lugar, “inventar” personas. Quiero decir que él mismo fue detectado pretendiendo ser muchos de nosotros. No sé cuántos, en realidad, ni sé por cuánto tiempo ha estado poniéndolo en práctica. En efecto, no se encontró a nuestro líder comportándose así. En realidad, lo reveló a través de una serie de pistas cada vez más evidentes, pequeños gestos provocadores que, si bien son inconfundibles, se niega a confirmar. Me fueron revelados, a mí y tal vez a uno o dos más, si bien cabe la posibilidad de que esos otros que lo saben sean en realidad rostros de nuestro líder.

No es necesario agregar que la atmósfera entre nuestros cien (si bien no estoy seguro de que “cien” sea el término adecuado ya) se ha alterado de una forma leve pero crucial. Las personas parecen estar hablando en “código”. Donde alguna vez hubiera dicho que no había secretos entre nosotros (cada correo dentro de nuestra Internet de élite era, en efecto, con “copia a todos”), ahora no estoy tan seguro. Ni siquiera estoy seguro de dónde es que “nosotros” comienza y termina. Me pregunto si nuestro líder ha descripto de forma adecuada qué tan profundamente esta incertidumbre afecta nuestra auto-percepción y nuestra moral en torno a los límites de nuestra Internet especial, dado el modo en que nuestros límites estrictos nos definieron al extremo desde el comienzo. Agréguense dinero y animales, y me pregunto si seguiríamos siendo tan distintos de la Internet mayor.

En todo caso, esto es lo que me ha conducido a crear mi propia Internet privada, un esfuerzo de muchas semanas que ya está finalmente completo. Créanme, para una persona no técnica esto no fue poca cosa, y sólo las circunstancias más espantosas pudieron darme las fuerzas para intentarlo. A diferencia de la Internet de cien personas, que está, si lo comprendo bien, sellada en una porción del ciberespacio en absoluta cuarentena aislada de la otra, he escondido mi nueva y más pequeña Internet allí donde cualquiera podría verla, y sin embargo nunca, ni por un instante se darían cuenta de qué es lo que han visto. La mía está oculta como un grano de arena en las playas de la Internet mayor que la baña, como los surfers a las olas, sin alterarla en lo más mínimo. Aquí es donde al fin puedo respirar tranquilo. Si “en Internet nadie sabe cuando eres un perro” (tuve que visitar la otra Internet para encontrar este chiste, porque, recuerden, tal como lo especificó nuestro líder, nada de animales), es posible que un temor aún mayor haya permanecido aún sin expresar: “En Internet, nadie sabe cuántos perros hay”. En mi Internet, no obstante, nadie se tiene que hacer esta pregunta. En mi Internet vos sabés quién sos: sos yo.

Deja un comentario

Archivado bajo Experimental Translation

I Remember

Recuerdo haber plantado un árbol en la vereda de la escuela donde aprendí inglés.

Recuerdo haber encontrado a mi maestro de séptimo grado en un tren y que me dijera que había dejado la enseñanza y se dedicaba a vender comida para perros.

Recuerdo a Paul y Carol de Snap!

Recuerdo unas hojas desplegables con la historia del universo desde el big-bang.

Recuerdo las palabras de dos letras que se repetían en los crucigramas.

Recuerdo las aventuras de Rouletabille.

Deja un comentario

Archivado bajo Experimental Translation