Archivo de la categoría: La mirada del retrato

Mi vecina (un rescate)

 

Mi vecina tiene un gato que toma sol en el balcón.

* * *

Mi vecina suele quedarse dormida a la noche con el televisor encendido. Si no se queda dormida con el televisor encendido, tiene problemas para dormir.

* * *

Un día le saqué una foto a mi vecina desde mi departamento y cuando la mandé a revelar, en el papel, sólo se veía una ventana a lo lejos.

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Una noche toqué el timbre de mi vecina. Eran las tres de la mañana. Una voz de mujer preguntó por el portero quién es. Yo no supe qué contestar y me fui.

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Cuando empecé a hacer de mi vecina un tema de conversación recurrente, se empezaron a multiplicarse a mi alrededor las anécdotas sobre romances entre vecinos. Ninguna de las historias que me contaron me quedó del todo clara. En algunos casos, no eran experiencias directas, sino el relato de la experiencia de un familiar o un amigo. Si eran directas, habían sido olvidadas o alojadas en una zona no muy comunicable de la experiencia.

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Hay una película donde un chico que trabaja en un supermercado se enamora de una vecina. Él la espiaba, le sacaba fotos, la conoce, y en un momento, creo que porque la ve con otros hombres, se abre las venas con una gillette en una bañera.

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Hubo una época, antes de que la casa de mi vecina tuviera cortinas, en que cruzamos miradas. Por un momento se me nubló la vista. Sólo veía la figura recortada contra el fondo blanco de la pared iluminada. Ahora veo el resplandor nocturno de la tele, el gato trepado contra el vidrio o la ropa que deja a secar en el balcón.

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En esa época, antes de que pusiera las cortinas, intenté comunicarme con ella. Elegía ropa que combinara con la suya. Pensé en hacerle un regalo. Una vez escribí un cartel gigante que decía HOLA! en una hoja de papel que había servido para envolver una planta y lo apoyé contra el vidrio. Nunca supe si llegó a leerlo a la distancia.

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Cuando le presenté mi vecina (o la ventana de mi vecina) a Ana, me dijo que yo estaba flasheando.

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Con la ayuda de internet y algo de especulación, llegué a averiguar cuál es el número de teléfono de mi vecina. Lo anoté en una servilleta de papel, que ahora no sé dónde quedó. Cuando marqué el número y la llamé, vi su cuerpo moverse hacia otra habitación como se movería alguien que está por atender un teléfono. Antes de que atendiera colgué, y nunca más la volví a llamar.

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Hubo un período en que me olvidé de mi vecina, en que mi atención estuvo tan concentrada que prácticamente dejé de mirar por la ventana, o si lo hacía miraba sólo las nubes, las palomas o las antenas de televisión.

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Antes de que llegara el período en que me olvidé de mi vecina, una paloma entró a mi casa. Por un rato se quedó apoyada sobre mi almohada. Llegué a creer que podía adoptarla, pero después empezó a chocarse contra los vidrios, con insistencia, incapaz de distinguir el interior del exterior.

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Creo que mi obsesión por mi vecina nació en parte de la ausencia, hasta ese momento, de vecinas en mi vida.

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Cuando le conté la historia de mi vecina a Laura, me sugirió comprar binoculares y me recomendó una casa de antigüedades donde hacerlo. Cuando fui, estaba cerrada, pero otro día en que iba caminando me crucé con un negocio que vendía, entre otras cosas, binoculares. Compré un modelo que tiene ocho aumentos pero nunca lo usé por temor a ser descubierto espiando.

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Hubo dos ocasiones en que mi obsesión por mi vecina asumió un carácter, llamémoslo así, problemático. Una vez, de noche, hice sombras chinas sobre la pared con la ayuda de una vela, semidesnudo. Nunca supe si llegó a verlas. También encendí y apagué las luces muchas veces para llamar su atención o establecer un código secreto, tipo Morse, sin obtener respuesta.

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El segundo momento en que mi obsesión asumió un carácter, llamémoslo así, problemático, creo que fue más problemático. Llegué a creer que mi vecina era una amiga mía que se había instalado ahí intencionalmente. Pensé que cuando yo “creía” ver a mi vecina, en realidad estaba viendo a mi amiga disfrazada, interpretando “el papel” de mi vecina. Era una idea absurda pero mi convicción era tan fuerte que la falta de solidez sólo le agregó solidez.

* * *

Ahora que lo pienso, hubo una tercera ocasión en que mi obsesión asumió etc. Una vez llegué a creer que mi vecina me espiaba. No sólo que me espiaba, sino que tenía un aparato (una cámara de video) registrando mis movimientos. No me imagino qué uso podría haberle dado a esa grabación.

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Que mi obsesión por mi vecina no me abandonó lo indica una anotación que dejé anoche en unas fichas. Dice:

CARTA A MI VECINA

ESTIMADA SEÑORITA VECINA DE ENFRENTE,
NO SÉ NADA DE SU VIDA, PERO A VECES, SIN QUERER, LA OBSERVO, Y NOTÉ QUE MIRA MUCHA TELEVISIÓN DE NOCHE. YO TAMBIÉN TENGO PROBLEMAS PARA DORMIR. DEBEMOS SER TRES O CUATRO EN EL BARRIO.

* * *

Una noche vi a mi vecina bailar con dos amigas. Eso no lo imaginé. Fue unos días antes del comienzo de la primavera. Yo no suelo bailar, pero ese día hubiera bailado.

* * *

Al principio, incluso ahora, no estaba seguro de que mi vecina fuera una sola persona. Adoptaba al menos dos formas, como si fueran dos mujeres distintas, una chica de pelo lacio, oscuro, y otra más alta, de pelo enrulado. Durante un tiempo, sólo tenía el pelo enrulado. Ahora sólo tiene el pelo oscuro.

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(Moebius) Mar del Plata

*Leve estado de melancolía.

Hoy estuve mirando a unos surfistas en la playa. Una chica se quebró una falange y me manchó con su sangre. Fue la única persona que toqué desde que llegué.

*En silencio me reprocho, entre otras cosas, no haber escrito antes sobre mis experiencias pero todo sucede demasiado rápido: entre las películas del festival de cine y también después en los recorridos más o menos azarosos.

*Y sin embargo, la vida es tranquila.

*Me lleva a ver a Buenos Aires como algo medio infernal en sus distintas manifestaciones.

*El mar también tiene algo peligroso: el mar de noche.

*Pero en comparación, inofensivo.

Continuamente

Continuamente encuentro chicas lindas de las que me separan pocos centímetros o metros. Y en algún momento algo nos separa. Las multitudes. O la velocidad. Una butaca. Un empleo. Distancias cortas, que pueden ser fácilmente recorridas. Contra lo que conspira no sé bien qué. Tal vez […] que parecerían estar ahí para jugar con mis sentimientos, la afectividad, los recuerdos y la voluntad.

Ahí para jugar

A veces pienso: “bueno”, “eso es todo”. Unos pocos centímetros te separan de una mujer que mira una película en un cine y la luz de la pantalla se refleja en su rostro. En ocasiones te mira y después cierra los ojos y me lleva a cerrar los ojos a mi también y me doy cuenta de que la película se ve mejor así, como una banda sonora compuesta de alaridos y gemidos, que no se sabe bien qué significan. Es como una síntesis. De la historia de la vida concentrada en los momentos de emociones intensas. Nacimientos dolor placer agonía. Como si todo lo que estuviera en el medio fuera relleno.

No te deja precisamente en un estado, particularmente, comunicativo

En la sala del cine el público se la pasa riendo, nervioso, pero a solas no le provocaría –imagino– una mínima sonrisa. Se escuchan montones de risas, como si no pudieran tomárselo en serio, o como si no supieran qué hacer con eso, eso que tampoco se presenta en serio sino como acumulación de emoción chatarra mezclada con algo serio, la soledad, el reprocesamiento del periodismo, el avance de la “ciencia” y su difusión proliferante de las pequeñas incertidumbres cotidianas y sus efectos de incisión sobre los cuerpos.

Todas esas pequeñas muertes

Es “entertainment”, distracción, … desde cierto punto de vista, “novela hiperbreve”, con todos los componentes de distancia, identificación, y dilemática moral, expuestos a su extremo más irracional: actos inexplicables. Mutilaciones, violaciones, el goce de la violencia y del dolor, sin el orden ni la lógica franceses, sino pura acumulación que conduce rápido al hartazgo. La película más “gore” de KKD, como si la fantasía tradicional, la alegoría política, el angelismo, hubieran perdido su capacidad de representación (en todo caso, como si una vez transitados, se convirtieran en puentes por los que no se puede volver).

Casi una gansada

La novela familiar explota. De todas las (pocas) películas que vi, la única que a la salida (¿paradoja?) parecía generar un efecto comunitario −tranquilidad inquieta, testimonio del fin del arte ordenador, reenvío a la banalidad de la historia individual privada, o tal vez a la creación del espectador como obra, el espectador que se pregunta qué es lo que hay para ver, ahí, o en cualquier otra parte, comunión en el desasosiego, y también, por fin, la película que tus padres despreciarían o no entenderían; anti Hannah Arendt, anti 3-D, anti-todo.

Ese efecto de poner en cuestión el cine que se estrena

Que es como decir la vida que se vive. Por qué no se pueden ver −entre otras cosas− comedias americanas de los años ochenta en el cine, por qué las combinaciones de pantallas monitores proyectores streaming se volvieron tan patéticas − nostalgia de la época en que 20” era el límite y casi el punto de partida, del “stop” como innovación − Hoy es como si: todo estuviera dado para el replanteo definitivo de la distribución cinematográfica (tecnológicamente?) y la mano invisible del mercado operara en la dirección contraria: el cine como un presente absoluto vs. el cine como totalidad histórica, en la línea de la historia del arte, con sus is(t)mos, etc.

Fantasía recurrente

Me beso en la escalera caracol con la chica que está en la torre a la vuelta del hotel; ésta es una fantasía recurrente desde que me habló del agua. Cosas que ya no recuerdo; historia de la técnica, arquitectura, belleza natural, capacitación en la amabilidad. Como si se tratara del escenario de una película y yo James Stewart en recuperación. Fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente…

Links:

http://www.mardelplatafilmfest.com/28/evento/moebius/

http://www.osmgp.gov.ar/osse/visitas-guiadas/

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There is no there

Documental sobre Gerhard Richter en el Bafici. Como si estuviera en parte adentro de un sueño o una película, me regalan la entrada y encuentro conocidos en la fila. Voy al Village Recoleta, que si no recuerdo mal no visito desde que vi la última película de David Lynch. Todo me sorprende como si fuera un niño en un parque de diversiones nuevo, los afiches electrónicos de las películas, la ropa de las mujeres, la decoración del festival. La película misma me impresiona como si fuera del sueño su realización. En ocasiones la entrevistadora oculta parece hacer las preguntas equivocadas y me resulta algo distante pero es algo que ocurre en algunas de las escenas solo. No tengo claro en el recuerdo la estructura sino algunos momentos, ciertas reflexiones que produce. En principio es muy gracioso ver a Richter pintar en ocasiones vestido con saco y guantes de látex, como si entrara en contraste con la imagen dominante del artista caótico, sucio, que forma parte de su propio material de trabajo mezclándose con él. Siempre guarda distancia y cuando se lo ve pintar es frío y cerebral, como si estuviera realizando un acto mecánico del que deja observar todos los pasos. Hay una estructura o una combinación de colores donde se produce un desequilibrio en la tela que conduce al siguiente movimiento creando un nuevo estado de cosas que nuevamente necesita ser reordenado o corregido de un modo que reproduce la experiencia más intuitiva de la relación con las formas y los colores o el mismo sentido (algo que asocio a ciertos experimentos que pueden hacerse con los programas de dibujo de las computadoras pero llevado a un plano de gran formato, de masas espesas de color, que R aplica con una brocha gorda como si pudiera ser un pintor de una pared). Esas imágenes del proceso creativo es como si captaran el acto híbrido en el que se confuden la razón con lo intuitivo y que casi parecerían ilustrar su dominio, como ninguna sobrepasa a la otra sino que se confuden en la pincelada.

Definitivamente compruebo que tiene una sensibilidad exquisita o excepcional, algo que mis compañeros de visión no parecen compartir plenamente. Intentaría describir de qué se trata pero no es una tarea sencilla. O en todo caso nadie de los que aparecen en la película hablando sobre las obras parece ser capaz de decir algo certero, ni el propio GR, en especial cuando está obligado a responder preguntas bobas, ni el crítico ni el galerista ni los asistentes. La única persona que parece entender de qué se trata es la hija, que tiene una breve aparición donde se muestra una suerte de código privado compartido, o en todo caso una ilusión de complicidad o de comprensión que la hija es capaz de crear, como si habitara el mundo de las pinturas y pudiera hablar desde ese lugar, o desde el lugar de quien puede entrar y salir de ellas. Ese es un breve momento conmovedor que parece captar algo que nada del aparato que se construye y se muestra en torno a la obra es capaz de revelar.

Sobre el tema del aparato es muy interesante la forma en que aparece de repente toda una carrada de fotógrafos que parecerían estar disparándole en el sentido más balístico del término, de una forma un tanto carroñera, apresándolo, ante lo que él permanece más o menos indiferente, como si hubiera aprendido a interpretar su papel de artista reconocido. Hay una mirada medio sociológica sobre la figura del artista que es interesante o parecería desnudarlo un poco que apunta a la construcción del lugar de poder: GR es mostrado continuamente rodeado por quienes lo aprecian exclusivamente, como si fuera de algún modo alguien a quien se le hizo creer que es bueno, o tiene un talento especial, que es algo que él termina creyendo, como si fuera siempre acompañado por un séquito que va construyendo a su paso alrededor el mundo en el que él ocupa un rol central, que la cámara duplica con su presencia en la intimidad. Termina ubicando al artista en un lugar medio gracioso, de genio ingenuo, de emperador desnudo, ante el que éste reacciona burlándose, de las modas del mundo del arte y como alguien ajeno a su aparato pero de una forma susurrada y ubicado paradójicamente en una posición central. El artista de la zona en la que se diluye la idea de la paranoia porque encarna el sostenimiento mismo de un mundo que gira a su alrededor: museos, galerías, oficinas, película, mercado, que sin su presencia no existirían. De forma muy discreta, no hay referencia a cuestiones económicas como el valor de las obras o nada parecido, no sé si decir por suerte o en contradicción con ese tono de deconstrucción del lugar social del artista.

En cierto modo tal vez ese enfoque algo cerebral se corresponda bien con la obra mejor de lo que parecería a primera vista, es lo que lleva a ver la elección de reunir todos los retratos familiares en una sola sala en el NPG creo como un acto medio brutal o vulgar, porque la obra va claramente en otra dirección, es fragmentaria, espectral, repetitiva, vacua y triste, y se la intenta organizar bajo la lógica del álbum de fotos o el retrato ilustre. Creo que de la totalidad de la obra se muestra muy poco, todo está concentrado en unas últimas obras abstractas dejando de lado afanes más analíticos que quizás tampoco vienen al caso pero que crean una imagen que no sé que tan representativa es.

Dejando de lado los eventos sociales que son muy acartonados y otras partes que también resultan accesorias lo mejor son los momentos en que habla de su vida personal y cuando comenta unas reproducciones que tiene colgadas en su estudio. Son los momentos íntimos, más secretos, que en el fondo terminan siendo los más esclarecedores o los que realmente permiten intentar establecer alguna hipótesis explicativa sobre el carácter de la obra, de dónde provienen, si es que provienen de algún lado, o a qué pueden anclarse, todos esos efectos de disolución, de esfumatura, de suciedad, ese fondo oscuro que en el fondo es el que vuelve a las imágenes atractivas, como si pudieran dar cuenta de algún tipo de experiencia del horror, de la desconfianza, y también de la palidez de la esperanza, pero de un modo casi sistemático, hipertrofiado, y casi sin desvíos a lo largo del tiempo, de exploración y búsqueda y agotamiento de los medios hasta llegar a la síntesis del procedimiento que de alguna forma permitiría la creación de infinitas obras bajo una misma línea de trabajo y que lo vuelven casi innecesario, como si desapareciera en la forma.

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De una de las series que más me gusta, las fotografías pintadas, no se muestra nada. Imagino que es como una serie menor, medio secreta*, y también muy perturbadora, ajena a la historia conocida del arte abstracto hasta donde la conozco, son obras medio salvajes o infantiles, con algo de desprecio, de rabia acumulada, y también de interrogación sobre los medios y el tiempo, obras feas, anti-ornamentales, desesperadas, con algo de tabú en la era de la imagen fotográfica instrumentalizada y convertida en tantas cosas para las que ninguno de sus inventores probablemente haya siquiera podido imaginar un destino. Es la síntesis de la imagen del rechazo, que está en el resto de la obra, a veces de forma lúdica, combinatoria, sensual, y acá como puro gesto contenido, visceral y a la vez muy reflexivo, como el resultado de una larga cavilación y de una vida entera dedicada al trabajo con las formas, con algo de advertencia y de impugnación del arte futuro y del mundo presente, manchas que son como vómitos, informes, de materia que no fue bien digerida, la historia personal no digerida y la historia social no digerida, también con algo excrementicio, de defecación sobre la fotografía, es decir sobre sus poderes que tienen algo impropio o profano, a lo que estamos habituados solo por haber nacido en un mundo donde ya estaba ahí, algo que está presente en unas reflexiones sobre las fotografías de infancia de GR, que tienen la sencillez de lo inadvertido, sobre la relación entre el espacio que la imagen enmarca, la memoria y el olvido, ese efecto de traición que producen las imágenes sobre el propio pasado, no como si el mecanismo supliera una falta en la naturaleza, a la manera de la rueda, sino que la plegara sobre sí misma en un acto violento, como si tuviera algo del orden de lo prohibido ―a diferencia de la reproducción no mecánica― por la facilidad que tiene para confundirse con lo que es. Ese es el efecto que me produce ver antes de llegar al cine un televisor encendido en un edificio donde las imágenes de los torsos luminosos inmóviles detrás de una ventana abierta parecen confundirse con presencias reales de cuerpos vistos a la distancia a los que superan en brillo y actividad. La confusión que dura solo unos instantes me resulta algo graciosa y a la vez espeluznante. Parece querer decir algo sobre la televisión que no llego a comprender del todo.

Web: http://www.gerhard-richter.com

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Split Personality Time Travel

De la historia del arte lo que más me atrae son sus anomalías. Una que descubrí hace poco es la existencia de los retratos dobles o triples de la misma persona. No repetidos en distintos cuadros observados bajo un mismo ángulo, sino combinados dentro de un espacio único. Tienen algo inquietante, que no sabría describir. Puede que se trate de pinturas que buscan desprenderse de la tela, de vuelta al mundo como futuro holograma. En uno se percibe la intimidad despreocupada del boceto; en el otro, la abstracción del dibujante de plantas.

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