Archivo de la categoría: Ocean of Noise

(Old) Found Papers

Recorro el interior del túnel del subterráneo por primera vez, admiro las técnicas que desconozco, sus huellas, como si se tratara de una obra de arte a la que se puede observar desde distintos ángulos, con detenimiento. Experiencia del topo en su madriguera, deseo y temor de cruzar estaciones a pie, como un arquitecto, o un obrero de la construcción. Nada me detiene a excepción de mi mismo; recuerdo: del tonto que murió en un conducto subterráneo de la ciudad un día de lluvia, ¿un ningunista?, de las últimas escenas de “El tercer hombre”; deseo: de invitar a alguien a hacer ese recorrido conmigo una noche como entretenimiento o diversión inusitada para el orden de lo cotidiano pero… cuántos, quiénes ya lo hicieron, y cuántos no van a hacerlo nunca, ni siquiera lo contemplan como posibilidad u objeto remoto de interés, como si alguien te invitara a revolver los desechos de un basural, sin ser capaces de encontrarle un sentido a eso, tan desagradable…

Deja un comentario

Archivado bajo Ocean of Noise

(Moebius) Mar del Plata

*Leve estado de melancolía.

Hoy estuve mirando a unos surfistas en la playa. Una chica se quebró una falange y me manchó con su sangre. Fue la única persona que toqué desde que llegué.

*En silencio me reprocho, entre otras cosas, no haber escrito antes sobre mis experiencias pero todo sucede demasiado rápido: entre las películas del festival de cine y también después en los recorridos más o menos azarosos.

*Y sin embargo, la vida es tranquila.

*Me lleva a ver a Buenos Aires como algo medio infernal en sus distintas manifestaciones.

*El mar también tiene algo peligroso: el mar de noche.

*Pero en comparación, inofensivo.

Continuamente

Continuamente encuentro chicas lindas de las que me separan pocos centímetros o metros. Y en algún momento algo nos separa. Las multitudes. O la velocidad. Una butaca. Un empleo. Distancias cortas, que pueden ser fácilmente recorridas. Contra lo que conspira no sé bien qué. Tal vez […] que parecerían estar ahí para jugar con mis sentimientos, la afectividad, los recuerdos y la voluntad.

Ahí para jugar

A veces pienso: “bueno”, “eso es todo”. Unos pocos centímetros te separan de una mujer que mira una película en un cine y la luz de la pantalla se refleja en su rostro. En ocasiones te mira y después cierra los ojos y me lleva a cerrar los ojos a mi también y me doy cuenta de que la película se ve mejor así, como una banda sonora compuesta de alaridos y gemidos, que no se sabe bien qué significan. Es como una síntesis. De la historia de la vida concentrada en los momentos de emociones intensas. Nacimientos dolor placer agonía. Como si todo lo que estuviera en el medio fuera relleno.

No te deja precisamente en un estado, particularmente, comunicativo

En la sala del cine el público se la pasa riendo, nervioso, pero a solas no le provocaría –imagino– una mínima sonrisa. Se escuchan montones de risas, como si no pudieran tomárselo en serio, o como si no supieran qué hacer con eso, eso que tampoco se presenta en serio sino como acumulación de emoción chatarra mezclada con algo serio, la soledad, el reprocesamiento del periodismo, el avance de la “ciencia” y su difusión proliferante de las pequeñas incertidumbres cotidianas y sus efectos de incisión sobre los cuerpos.

Todas esas pequeñas muertes

Es “entertainment”, distracción, … desde cierto punto de vista, “novela hiperbreve”, con todos los componentes de distancia, identificación, y dilemática moral, expuestos a su extremo más irracional: actos inexplicables. Mutilaciones, violaciones, el goce de la violencia y del dolor, sin el orden ni la lógica franceses, sino pura acumulación que conduce rápido al hartazgo. La película más “gore” de KKD, como si la fantasía tradicional, la alegoría política, el angelismo, hubieran perdido su capacidad de representación (en todo caso, como si una vez transitados, se convirtieran en puentes por los que no se puede volver).

Casi una gansada

La novela familiar explota. De todas las (pocas) películas que vi, la única que a la salida (¿paradoja?) parecía generar un efecto comunitario −tranquilidad inquieta, testimonio del fin del arte ordenador, reenvío a la banalidad de la historia individual privada, o tal vez a la creación del espectador como obra, el espectador que se pregunta qué es lo que hay para ver, ahí, o en cualquier otra parte, comunión en el desasosiego, y también, por fin, la película que tus padres despreciarían o no entenderían; anti Hannah Arendt, anti 3-D, anti-todo.

Ese efecto de poner en cuestión el cine que se estrena

Que es como decir la vida que se vive. Por qué no se pueden ver −entre otras cosas− comedias americanas de los años ochenta en el cine, por qué las combinaciones de pantallas monitores proyectores streaming se volvieron tan patéticas − nostalgia de la época en que 20” era el límite y casi el punto de partida, del “stop” como innovación − Hoy es como si: todo estuviera dado para el replanteo definitivo de la distribución cinematográfica (tecnológicamente?) y la mano invisible del mercado operara en la dirección contraria: el cine como un presente absoluto vs. el cine como totalidad histórica, en la línea de la historia del arte, con sus is(t)mos, etc.

Fantasía recurrente

Me beso en la escalera caracol con la chica que está en la torre a la vuelta del hotel; ésta es una fantasía recurrente desde que me habló del agua. Cosas que ya no recuerdo; historia de la técnica, arquitectura, belleza natural, capacitación en la amabilidad. Como si se tratara del escenario de una película y yo James Stewart en recuperación. Fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente…

Links:

http://www.mardelplatafilmfest.com/28/evento/moebius/

http://www.osmgp.gov.ar/osse/visitas-guiadas/

Deja un comentario

Archivado bajo A History of Violence, La mirada del retrato, Ocean of Noise, The Films in my Life, Work In Progress

Tus fotos: los días

el dia en que te convertiste en programador
el día en que te convertiste en empresario
el día en que te convertiste en escritor

el día en que te convertiste en activista
el día en que te convertiste en corrector
el día en que te convertiste en director de cine

el día en que te convertiste en ensayista
el día en que te convertiste en coleccionista
el día en que te convertiste en lector

el día en que te convertiste en el mejor de algo
el día en que te convertiste en solitario

el día en que nadie supo qué hiciste
el día en que nadie supo qué pensás

el día en que viviste en otro país
el día en que visitaste otro “planeta”
el día en que naciste
el día en que querías matarte
el día en que todos se olvidaron de vos
el día en que le declaraste la “guerra” a todos
el día en que te declararon la “guerra”
el día en que sufriste “bajas”
el día en que te convertiste en idiota
el día en que te convertiste en idiota y dio un resultado inesperado
el día en que te confundieron con un idiota
el día en que dudaste que alguien pueda confundir a otro con un idiota
el día en que dejaste de protegerte de la lluvia
el día en que quisiste viajar a cualquier lugar
el día en que viajaste al lugar equivocado
el día en que pensaste que podías cambiar de vida y lo hiciste
el día en que te asustaste
el día en que una chica te sorprendió
el día en que experimentaste la muerte
el día en que no atendiste el teléfono
el día en que llamaste a cualquier número
el día en que hablaste con una máquina
el día en que todos te entendieron
el día en que viste una película que te “cambió la vida”
el día en que creíste entender el mono no aware
el día en que te tendieron una trampa
el día en que no volviste nunca más
el día en que te quedaste esperando
el día en que todo se volvió confuso
el día en que todo te aburría
el día en que olvidaste un nombre

* * *

Ayer. Soñé con tijeras y en la calle encontré un afilador. Había estado leyendo sobre el Japón preindustrial, un mundo feudal envuelto en historias de fantasmas. Después sentí que hicimos algún tipo de intercambio. Próximo a la magia y los rituales, temas sobre los que estuve leyendo. Muy delicado.

* * *

También continué con mis exploraciones sobre la inmovilidad. Esta vez con una cámara. Hay chicos que pasan creyendo que pasar por delante de un lente implica ser grabado o visto. Es una ilusión que me gusta. Me hago muchas preguntas en esas circunstancias, como por qué la cámara perdió el visor que se ubicaba en el ojo. Ver qué capta el lente y qué capta el ojo, compararlo. Preguntarse si esta es una buena pregunta, un accidente o una derivación previsible desde la época de las primeras invenciones fotográficas.

* * *

más notas.

a veces tengo una impresión o llego a una conclusión. no llego a entender qué ocurre exactamente en mi vida, esto no impide la acción pero la reduce a una zona más pequeña. a veces me pregunto cómo o por qué las distintas cosas.

sigo conmoviéndome con una facilidad extrema. hoy, en el gimnasio, ante una serie de chicas. evocadoras de los detalles no pasados por alto sino perdidos, el rubor, la nuca, la proximidad. todo eso que choca con la breve historia de la soledad que no sé qué me pide. Imágenes de un niño con una remera azul que ubica las manos y los pies de una forma anómala y se relaciona con las cosas de una forma distinta, más libre, un poco autista, en la que me reconozco. No llego a entender si tiene algún tipo de problema o es así y simplemente revela la rigidez  de los actos de los adultos, su duplicidad, una renuncia al juego y a la libertad. una tendencia a la repetición que aparece en otros lados. alguien pinta un graffiti y los graffitis se multiplican. alguien abre un gimnasio y los gimnasios se multiplican. todos los días siento que aprendo cosas que no puedo describir o sintetizar. esto también está relacionado. a la vez en la repetición veo el saber, es como escribir, que en tanto se repite permite decir cosas distintas o nuevas.

a veces camino como si todo a mi alrededor fuera una puesta en escena. esto me entristece un poco. cómo ocurrió. y es bueno como el ángulo imprevisto o el lente que muestra aquello que no se ve o es un retorno a la barbarie? esa impresión de haber sido convertido en un salvaje o un ser primitivo que tiene que reinventarlo todo: cómo contar, o qué dedos usar para contar, cómo relacionarse con las personas de una forma en la que no tenga que destruirse algo. el retorno de los deseos más simples, ser abrazado, protegido. el shock de la reinstalación del cable, como si construyera la idea del hogar, y también  algo arbitrario, sentirse menos incomprendido al descubrir canales nuevos, enfrentar el peso excesivo de ciertas plataformas informáticas. me entusiasmo con planos acuáticos y con los nombres de las ciudades del mundo y los infinitos acentos del inglés, eso que nunca voy a comprender plenamente, a qué remite un tono o una variedad, que es algo que apenas logro vislumbrar en español argentino o de la ciudad, algo que me fascina y que no tiene más que una forma secreta, teorías inciertas, alambicadas, sobre particularidades individuales que se reproducen y mutan hasta cierto límite. y como si en el origen de la variación hubiera siempre algo doloroso, el shock o las estrategias para enfrentar algo intolerable (sexual, político).

Deja un comentario

Archivado bajo Autobiografía sucinta, Ocean of Noise

Cold wind blowing

Miro ‘Miroir Noir’.

Es un regalo por accidente que me hago a mí mismo en sustitución de otro que recibí y no me interesaba tanto. Ahora tengo menos paciencia con las cosas que presiento que no se van a acomodar bien a las que me gustan. La cajera que hace el cambio se parece a Chloë Sevigny. Me pregunto qué podría hacer para seducirla, pero no se me ocurre, es del tipo de cosas que antes tal vez hacía sin pensar, ahora me quedo pensando y pensando y en general no hago nada, como si la imaginación se bastara un poco a sí misma, aunque en el fondo siento que no está bien, que la imaginación y la acción tienen que ir más de la mano, no tan separadas. Tengo mis hipótesis sobre este tema de todos modos.

Quiero encontrar una palabra que describa con precisión el efecto que me produce la película y se me ocurre “anhedonia” (anodinia), pero no es exactamente lo que quiero decir. “Anhedonia” es la ausencia de placer o de la capacidad para experimentarlo, y lo que quiero decir tiene que ver con el placer o con algo parecido, como el estado que inducen ciertas drogas o la meditación, una reconciliación con el mundo de tipo imaginario, es decir, a través de las imágenes. El mundo renace convertido en un lugar más amplio, confortable, donde uno no se choca contra las cosas o las personas, más como en casa y menos en el exilio. En el cine me había pasado, por ejemplo en otras época con Kurosawa, imagino que era por las películas en sí, y a la vez porque en aquel entonces no tenía una imagen clara sobre el paisaje o la vida en un país oriental. Ahora éstas aparecen más seguido en la televisión, pero son imágenes banales. En el caso de Miroir Noir el efecto es especular, literalmente, como si distintas escenas de mi vida privada absolutamente desconocidas, momentos no compartidos con nadie y que probablemente permanezcan así, ya que no sabría bien qué contar o a quién, hubiesen sido captados y convertidos en escenas fugaces, síntesis de estados de desolación, la zona menos glamorosa de la vida, que la memoria niega y que de todos modos despierta un cierto afecto. Diamond dogs.

Hace tiempo que Arcade Fire se entrecruza con mi vida. Creo que me gusta porque es una banda libresca, o que me gusta por el mismo motivo por el que me gustan ciertos autores y lo que hacen con el lenguaje, estirándolo y comprimiéndolo hasta hacerle decir cosas que parecerían estar más allá, o por fuera del lenguaje. El efecto que me produce escucharlos es impredecible. A veces es perturbador, a veces hasta produce desinterés, como si su embrujo pasara de largo. En el video la música está fragmentada, como si la película quisiera ser la antítesis de la traducción más literal del video musical. Es una música silenciada, unplugged, tocada en sitios inusuales, un ascensor, un balcón, el interior de un automóvil, música que está o puede estar en todas partes (portable) y reducida a sus partes descompuestas, sin sutura, como dentro de un estudio de grabación, revelador de su naturaleza ilusoria, de montaje, o como si la música tuviera que ser destruida.

Las canciones presentan un mundo horrible, al estilo del apocalipsis bíblico, sin el alivio del humor de muchas bandas inglesas. Las letras, lacónicas, cuentan cosas terribles, en ocasiones regurgitando la poesía modernista, volviéndola más impersonal, más sin sujeto, más enloquecida. No son canciones de protesta, no tienen la forma más tradicional del storyteller autorreflexivo en la estela de las canciones con moraleja de Bob Dylan, sino puro lenguaje sin sujeto de la experiencia, una reunión de palabras que podrían provenir de voces distintas hilvanadas de forma provisoria, y como si negaran la posición privilegiada misma del músico para convertirlo en nodo sobre el que se depositan sedimentos de un colectivo caótico. En este sentido es una banda nueva, el líder (Win) se presenta como un sujeto anti-carismático, que no sabe decir ni actuar, del que se puede sospechar que preferiría ser parte del público anónimo y siente que fue elegido como líder por error. Así aparece en el film, casi como un cuerpo sin cuerpo, una pura expresividad de autómata, excepto en una o dos ocasiones tal vez. Es el canto atrapado en un mundo de pesadilla de la que no se puede despertar, o de la que se despierta para hallar una pesadilla nueva que incluye a la anterior. Una pesadilla por otro lado demasiado parecida al mundo contemporáneo si éste fuera visto por los ojos de un niño perdido, o de un adolescente en busca de objeto para la rebelión, o de un adulto definitivamente no-reconciliado con la vida actual en un mundo hipertecnologizado y frío, de trabajos monótonos, mal pagos, donde los lazos entre las personas están medio vaciados. Un mundo infeliz, de violencia psíquica que continúa la violencia física de las guerras del siglo pasado bajo la forma de ataques más sutiles. Es un tipo de infelicidad no muy distinta a la que se refería Sigmund Freud imaginándose un auditorio imaginario en la Viena de entreguerras en “El malestar en la cultura” (1929) pero que hoy parecería discontinuada como objeto del discurso, así como en aquel entonces prácticamente a nadie se le hubiera ocurrido encontrarla en el arte, donde era lo nuevo, y lo indigerible.

También es cierto que hoy nadie escribiría como Freud, que empezó ese libro comparando la constitución de la mente con las sucesivas etapas en la construcción de Roma. ¿Cuántas personas conocen hoy o pueden interesarse por este tipo de detalles fascinantes? Aún cuando no se compartan todas sus intuiciones y hallazgos los valores de la burguesía vienesa de principios del siglo xx –la cultura que inventó la histeria que estudiaba– que los escritos captan permiten emprender un viaje en el tiempo y encontrarse con algo que suena extrañamente esclarecedor. Es gracioso, porque Freud escribe sobre sí mismo como si fuera una estrella, o en todo caso el protagonista de una biblia para agnósticos. Analiza sus sueños como si su interpretación pudiera ser de utilidad para todos (algo evidente para la fisiología y al menos dudoso para la vida mental) convirtiendo en pequeñas luminarias de su propio panteón semi-privado a sus enfermos más queridos. Un siglo después Win Butler hace exactamente lo contrario: los personajes de sus canciones casi no tienen entidad, a veces son un nombre, y otras veces ni eso, son emanaciones; su propia forma de relacionarse con el espacio del escenario o la técnica es equivalente. Si está en el centro lo hace a desgana, sin ninguno de los tics del artista producido, parece sentirse más cómodo entre el público al que se asemeja como working-class hero, con la apariencia de haber sido maltratado por la psiquiatría;  todas las coreografías ensayadas o improvisadas de los músicos sobre el escenario conocidas hasta ahora se convierten por arte de magia en shows de animación infantil para adultos que añoran el circo. El público se engancha, salta, repite las letras que son como el residuo de una letra verdadera más larga y clara inaccesible porque ya nuestras propias mentes parecerían incapaces de comprender un lenguaje lo suficientemente articulado y significativo. Igual funciona, como un exorcismo o un ritual laico para la era de las computadoras.

Deja un comentario

Archivado bajo Ocean of Noise