Archivo de la categoría: Ocean of Noise

Pantalla de la computadora

letters__
Me cuesta creer que del otro lado de la pantalla de la computadora (o en la pantalla misma) hay otras personas, o la manifestación de otras personas. La última vez en que eso ocurrió fue hace unos días, chateando con Flora. Se impuso como si solo existiéramos nosotros y mantuvimos una conversación sobre la banda punk que queremos crear, corazones rotos era uno de los nombres posibles, y la letra decía “te voy a violar la mente/te voy a violar la mente” o algo así. Después nos vimos y me di cuenta de que me sigue gustando como cuando vivíamos juntos.
La impresión general que me da el uso de la computadora es que del otro lado hay una especie de loco malvado, a veces, y otras veces una abstracción que podría ser la totalidad de la humanidad, o de la humanidad computarizada, pero en general gana la idea del loco malvado que está conectado con las empresas de transporte y los comerciantes y los medios y también con las personas que me rodean. Por supuesto, esta visión entra en contradicción con mi visión más bien idealizada de las computadoras, que es una visión infantil, un tanto desautorizada por el conocimiento de la historia. En la visión infantil la computadora es el imperio del juego y de las posibilidades desconocidas y misteriosas de la programación, arte en el que me ejercité de forma amateur desde mi primer “Hello World” infantil hasta hoy con muchas alzas y bajas. En la perspectiva más radical de la programación, los sistemas operativos son compiladores de alto nivel y todos los usuarios de computadoras son programadores sin saberlo.
Pero dejando de lado la parte especulativa el tema de qué es lo que veo en la pantalla es problemático en sí. Alguna vez hablé con un psicoanalista de este tema, o no exactamente de esto sino de algo parecido y me di cuenta de que no nos entendíamos mucho: a fin de cuentas, habíamos nacido en distintas épocas, que es como decir en distintos mundos; no porque creyera que las épocas no pueden comunicarse entre sí, pero era como si quisiera establecer un estado de las cosas independiente de mi experiencia, que es algo que otras veces volvió a ocurrir más tarde.
Las computadoras: tampoco sé qué lugar otorgarles en esta historia, pero son la presencia que más parece haberse modificado a mi alrededor después de mi cuerpo en el tiempo. Su ubicuidad, por ejemplo, me resulta un poco inconcebible, graciosa tal vez pero finalmente amenazante. Estas mismas palabras que escribo, que son como la continuación de las que escribía cuando era más chico en la computadora antes de acostarme, medio en secreto, en una máquina tantas veces menos rápida que no podría calcularlo, tienen que hacer un esfuerzo para no quedar desplazadas por toda la exterioridad que ahora la computadora representa o trae al interior del hogar. Antes también se trataba de exterioridad, pero era una producción mediada por las compañías de software, que eran como el equivalente de los estudios de cine antes de la aparición del cine independiente. En todo caso, el paradigma se modificó, convivimos armoniosamente unos veinte años, las actualizaciones de los clones, y los avances en los microprocesadores 8086 hasta que los perdimos de vista porque dejaron de ser designados con números, desde la aparición de los primeros modems (1993?) e impresoras hasta hace unos pocos años (2009?) en que algo se descalabró técnicamente.
En qué consiste exactamente el descalabro es algo que no podría describir exactamente. Por ejemplo, podría pensar que se asemeja a la experiencia del “crack-up” de fitzgerald, que tiene muy buenas descripciones, pero en mi caso creo que se trata de un acontecimiento no tan íntimo exclusivamente, sino algo de naturaleza más social o hasta mediática y global – éxtimo? Ahora cada vez que surge una duda sobre la existencia de una palabra el impulso automático es a buscarla en internet pero es un impulso reflejo un poco extraño, parecido a rascarse cuando a uno le pica algo, pero nada pica, y aparte no se sabe bien qué se puede encontrar en la búsqueda.
No sé a dónde apunto exactamente o qué es exactamente esa experiencia del hundimiento que experimento o experimenté y de la que creo que las computadoras o la forma que adoptan los medios de interconexión en el presente forman parte, por no decir que fueron sus instigadores o el medio utilizado para su primera aparición tal vez. Los medios: siempre está claro que podrían haber adoptado muchas formas distintas a la actual, eso lo saben los que estudian sus orígenes, por ejemplo, la zona de ebullición que es aplacada (que también es algo que hoy puede observarse en las prohibiciones de acceso al contenido… pero si no se puede acceder, por qué aparecen en los resultados de la búsqueda????).

Para volver al tema del loco malvado, tal vez siempre estuvo ahí y no podía verlo… llamémoslo el espíritu de Von Neuman… el loco maldito y genial que lo inventó todo, y si no lo inventó todo da lo mismo, podría haberlo inventado… el loco malvado es también la mirada superadora (la mirada satelital) que tiene un objetivo de captura y control de todo, que puede mover multitudes, pagar agentes para patear pisos de departamentos, simular atracos, generar incendios, embotellamientos, paros, que controla el contenidos de los medios, y a la vez… es inofensivo, o es inofensivo fuera del ámbito de la mente y de los efectos de la mente sobre el cuerpo, en el sentido de que no utiliza (no requiere) de la violencia física, o en todo caso, solo en muy contadas ocasiones, y en ese caso lo hace bajo la apariencia de la defensa del orden a través de agentes policiales, que serían como los que hacen el trabajo sucio.

internet… tiene algo de bazar de sorpresas continuas que es una fuente de placer y a la vez de aislamiento. es como poder estar tirado en una biblioteca con acceso libre, donde aparte se puede fumar y no se escuchan voces de desubicados y no hay que depender del financiamiento deficiente del estado. pero por supuesto no articula bien. es dificil entenderlo en términos de quienes nacen en un mundo que ya es así: por ejemplo, podría pensar qué piensa/pensaba de la prensa alguien que naciera en el momento de su incepción; no tengo idea.

es como si despertara esa relación de amor/odio absoluto porque de alguna forma haría realidad algún tipo de sueño de posibilidad de acceso al mundo de la fantasía y el ocio como un espectáculo de feria letrado pero a la vez tiene el costo de la inmovilización o el vaciamiento (aun para los supuestos medios moviles, que requieren de la inmovilidad para el uso de la mayoría de sus funciones nuevas).

a veces siento que me la paso dando vueltas sobre el o los mismos temas sin resolver nada. por qué no “puedo” escribir tranquilamente un mensaje de correo como en otras épocas: en otras épocas, escribía largos mensajes de correo, en algunos casos divertidos, un poco kitsch tal vez vistos a la distancia, o cursis a veces, pero ahora siento que ese tipo de mensajes no aparecen o no tienen un destinatario claro y lo que queda por escribir es como una bazofia, el equivalente del procesamiento de los desechos urbanos transplantado al ámbito informático: comunicaciones con operadores anónimos o con mandarines medio deficientes, que no aportan nada, o que afectivamente, o comercialmente, o intelectualmente no aportan nada. Siento que el tema del silencio es algo que tiene que ser pensado.

No el silencio es términos ontológicos a la manera de, no sé, el sacerdote que escribe poemas sobre el silencio de dios. No me interesa el silencio de dios ni la teología en el fondo, me interesa mi propio silencio, y también el silencio o lo que interpreto como el silencio de personas cercanas, eso que si no es silencio es una comunicación en una señal de onda que está cerca del cero, sin picos, sin ondulación, como una interferencia más que un sentido. ¿De dónde sale eso, y por qué tiene un efecto contagioso, o silenciador?

Hay por supuesto muchas hipótesis sobre este tema, que tal vez no sean muy importantes. Por ejemplo, está la hipótesis que dice que la conciencia, el pensamiento o lo que sea no es un objeto al que se pueda acceder a través del lenguaje entonces todos los intentos son medio en vano y bien pueden ser descartados; después está la hipótesis utilitaria, según la cual las personas que poseen algún tipo de poder, aunque sea menor, lo obtienen precisamente a través del manejo del silencio, o de la utilización adecuada del silencio, porque en caso contrario eso que les permite estar en el poder sería de conocimiento de otro que podría quitarle el lugar, la idea del poder como fuente de distracción, de embrutecimiento, que es un poco la idea de la educación moderna tal vez, el ocultamiento de la naturaleza de las cosas antes que su develación, o en todo caso la creación de especialidades, etc.; después no sé si hay muchas hipótesis más: está la idea de que nada puede ser transformado también, la idea de la derrota, de que fui derrotado?, o de que nada tiene sentido ni finalidad, y que mis objetos de identificación son los animales antes que las personas porque las personas se me presentan como demasiado animales para convertirse en objeto de identificación, no las personas en su totalidad sino muchas personas desconocidas, pero las suficientes como para establecer algún tipo de estadística genérica que me lleva a creer que son, digamos, la mayoría, podría ser el grupo de no-lectores de Henry James o cualquier otro grupo equivalente, esta es una idea medio estúpida que cuenta con el aval de no sé, mucha gente, es un poco la visión de mi familia tal vez, si se lleva a un extremo, la de la valoración de las cosas que no poseería o que sólo me volverían valioso en caso de poseerlas -dinero, influencia, hijos?-.

Me volví a perder un poco en el hilo de la argumentación. En todo caso, lo cierto es: demasiadas personas (y cosas) que no merecían atención alguna fueron escuchadas en sus puntos de vista y por supuesto, de la síntesis de múltiples puntos de vista distintos no surge una visión unificada mayor sino un menjunje no comestible. Las grandes visiones, o las visiones que perduran, o se pueden transmitir, no son conjuntos de infinitas o numerosas visiones necesariamente, son síntesis que funcionan a través de la exclusión de otras visiones. También la informática es un poco así: primero se aproxima, después se apropia, finalmente toma el poder (quizás la odio por haber extendido la traducción automática o asistida???). No deja de ser un caso de éxito, también Robert Walser es un caso de éxito, imagino que en parte disímiles, en todo caso uno puede “procesar” al otro. Por eso creo que si lograra “procesar” la informática, o “procesar” el derecho, por pensar en dos zonas que se presentan o se presentaron como conflictivas, no la informática o el derecho en sí, sino tal vez la forma en que son utilizados, o incluso su interconexión, la forma en que la informática se lleva puesto cualquier tipo de derecho a la privacidad por ejemplo, que es algo que aparentemente habría que tolerar o aceptar o entender como lógica imperante para toda actividad humana, que es algo que no termina de cerrar, porque no podrían explicarse, no sé, los ataques secretos y un montón de otros fenómenos. Por qué la tecnología creará ese efecto de ser constantemente vigilado y estar absolutamente controlado??? ¿Y es real o es una fantasía? Porque también es muy fácil utilizar una serie de repeticiones idiotas, de números, de nombres, de palabras, de datos, para crear una ilusión de efecto de amenaza, así como es fácil crear un efecto de amenaza por teléfono simplemente realizando llamados que no son activados, quiero decir, a los que no se responde, por ejemplo cuando se repiten, o en todo caso para alguien criado en un contexto donde eso no ocurre habitualmente. La cuestión en parte es: quién procesa a quién. Eso también es algo que hay que recordar. En particular cuando uno se relaciona con instituciones o zonas del saber y del poder, o incluso al salir a la calle a hacer las compras al supermercado.

letter soup

¿Por qué la calle se convirtió en una zona tan apestada, tan sucia, tan poco interesante también? Ahí es donde veo como distintas zonas del “mundo” se presentan como cada vez un poco más cerradas. Acá también hay muchas respuestas posibles, hipótesis. Una es que la calle se presenta como un teatro malo que oculta todo, o en todo caso que oculta algo que sería “lo real”, aunque no queda del todo claro en qué podría consistir eso. La economía de la vida cotidiana, por ejemplo, ocultaría la economía a gran escala, el funcionamiento de los grandes flujos de dinero, la depreciación de la moneda, las desigualdades en el acceso, etc.??? La cuestión es también, cuál sería el problema en ese caso… como si quisiera que la ciudad fuera un libro de economía abierto que me explique por qué en este momento no tengo el dinero suficiente para, no sé, viajar a tailandia?, que es algo que a personas más sensatas seguramente nunca se les habría ocurrido. Con la economía por supuesto me hago más problemas de los que debería tal vez, tomando en cuenta que puedo prescindir de los grandes lujos a los que seguramente nunca pueda acceder y que en el fondo solo me interesan en ocasiones como curiosidad, en tanto saber de la existencia de castillos o Fabergè eggs es mejor que no saber de su existencia, o eso creo, como cuando se descubre el nombre de una ciudad nueva, o como cuando se la descubría antes en la literatura, sin preocuparse por saber a qué país pertenecía, y entendiendo que el momento en que se lo descubre tiene a veces algo de maravilla o de fatal, de final de la fantasía y localización, algo abstracto, de coordenada.

La calle se volvió un poco así porque no estoy enamorado; esta es una hipótesis, no estoy enamorado o no soy querido por quienes quiero, o creo que no soy querido, o no encuentro la forma de transformar mi afecto en otra cosa, o algo así, también puede ser que crea que soy un insecto, o un superhombre o alguien más que humano para quien lo humano ya no es el medio de circulación, como un pez fuera del agua o un ave dentro del agua, o lo que sea que se encuentre fuera de su habitat, que si hiciera memoria tal vez sea una experiencia que se extiende en el tiempo desde la adolescencia o la infancia (esto y el capricho?) pero con el tiempo se volvió más radical, como si hiciera que no me entendiera con las cosas, con las cosas o las personas, como si condenara a las generaciones del pasado por haber conostruido espacios feos y a los del presente por continuarlos, o como si viera la fealdad de los seres humanos y no pudiera aceptarla, la fealdad de los viejos y de los jóvenes, en particular el componente aborigen americano que tiene algo realmente feo, o el rastro de la pobreza o de la genética deficiente (!seamos realistas!), y a las calles por estar hechas para los automóviles, a la publicidad por inundar el espacio, a las muchedumbres por amontonarse, a los dueños de perros por pasear perros, y así, alguien muy intolerante que como siempre qué sé yo, tengo razón y a la vez qué puedo hacer, mudarme, que es lo que debería haber hecho hace tiempo y no le encontré la vuelta porque la ciudad y la familia me atraparon, al menos hasta ahora, la ciudad como si fuera una familia ausente y visceversa, pero es algo que no parece tener solución casi excepto en el pasaje al mundo nocturno que es el que en el fondo siempre preferí, el mundo donde las madres no pasean a sus hijos y los idiotas miran la televisión o se masturban.
Igual en el fondo realmente creo que es una cuestión afectiva que espero que tenga algún arreglo. Es decir, no entiendo si le presto una atención excesiva a cosas que no tienen importancia, o a las que no tiene sentido prestarle importancia, como cuando me molestaba que hubiera una pintada política frente al departamento y a todos les chupaba un huevo, o cuando me molestaba que en los postes de luz pegaran propagandas políticas o propagandas publicitarias y a todos les chupaba un huevo, que son como las pruebas de las personas a mi alrededor son un poco deficientes o excesivamente tolerantes o lo que sea, pero que claramente son cosas que no estan o no estaban bien y no podían verlo y quizás yo en otra época no les prestaba atención y después casi dejé de prestarles atención pero me parece que no está bien, por no decir que es una negrada, o algo medio degradante, convertir el espacio público en espacio públicitario, que es una costumbre que no sé de dónde habrá salido pero en ciertas zonas de clase media es como si se hubiera extendido como una peste, el tipo de cosas que no llego a comprender y que me molestan o me molestaban, como los subtes graffiteados, esas cosas que no queda claro si son la fiesta del monstruo o algún tipo de deficiencia del control que estaría dirigido hacia algún tipo de objeto no identificado errado: no contra el afeamiento, excepto en el caso de que se pueda encontrar algún tipo de aporte en las caritas sonrientes de políticos pegados en postes o en los nombres de partidos o inmobiliarias o estudios de abogados, que obviamente no son, o eso espero, el objeto del problema, el problema es la desafección, la pérdida de algún tipo de centro en torno al cual giran las cosas, que en distintas ocasiones fueron personas y lugares que es como si no estuvieran del todo, o se transmutaron en figuritas de facebook, que en muchos casos tiene algo infernal: la experiencia vivida negada sintetizada, o la continuación de la vida en la que uno existe como recuerdo para el otro y visceversa en los casos en los que no está todo claro o resuelto sobre la relación o la naturaleza de la relación, o quién es cada uno, que tal vez es lo que ocurra en la mayoría de los casos, nada queda claro, ni qué fue lo que llevó a la atracción, ni qué fue lo que llevó a la separación, todo perdido en un torbellino de fragmentos de detalles de manos y paisajes que se entremezclan sin crear un super-paisaje total sino todo inconexo, como papeles que se despegan de las paredes o simulaciones digitales incompletas donde hay partes indefinidas que no muestran nada y en las que hay que instalarse por un tiempo para poder encontrar algo, un recuerdo perdido, una cama la altura de un techo una luz una forma de la oscuridad olores olvidados carreras cielos a través de ventanas acolchados esas cosas que a veces prefieren ser olvidadadas tal vez porque no se sabe qué quieren decir…

letters

De alguna forma es como si siempre volviera o quisiera volver al mismo punto, cómo es que la vida se me escapó de las manos, o quién la está viviendo por mí, si la pregunta corresponde, no en términos de avatares o identificaciones imaginarias sino realmente. Imaginariamente está la posibilidad de que haya algo de eternidad en cada vida y que todo sea revivido continuamente, en ese caso no habría problema porque seguiría viviendo las partes buenas, el problema es con las partes malas, o por qué de alguna forma es como si se hubiera instalado lo malo de una forma fatal, fatal o tal vez exagere un poco pero comparativamente mal, mal en mayúsculas, como cuando uno está enfermo o vomita y el cuerpo responde mal o recuerda que es un instrumento frágil, que se puede romper demasiado fácilmente y que los cuidados nunca alcanzan, que los placeres nunca son suficientes, y en efecto no se presentan, o se presentan bajo la forma del aislamiento, que tiene algo placentero y también algo forzado que finalmente termino atribuyendo a la arquitectura, a la forma en que las comunicaciones parecen estar hechas para alejar a las personas, encontrarme rodeado de personas hundidas en sus teléfonos celulares por ejemplo, que es una experiencia del terror o del vaciamiento del espacio social, o de creación de agujeros, de pozos, como paredes, lugares en los que probablemente no tendría que haberme encontrado, quién sabe. Como cuando se aprenden cosas que son como patadas que no es la idea que tengo del conocimiento verdadero, o del verdadero aprendizaje, que idealmente es como en algún tipo de diálogo platónico en el que uno se va deshaciendo de las ideas falsas pero progresivamente, no a los ponchazos y por accidente como me ocurrió, que caí en lugares donde bien podría no haber estado, o eso creo, zonas muy especializadas con las que estoy y no estoy relacionado (la informática y el derecho?).

El problema en todo caso es la dificultad que encuentro o encontré todo este tiempo para escribir por ejemplo algo como esto: un volcado de memoria o un vómito de preocupaciones que son un ejercicio de libertad que por algún motivo no podría permitirme. Qué es lo que pasa ahí, qué fue lo que entró en cortocircuito es algo que no está claro, por qué paso el tiempo mirando estupideces en facebook que no me dicen nada, por ejemplo, o en proyectos que parecen caer un poco por fuera de mi área de conocimiento. Entiendo que hay un desafío en el aprendizaje de una disciplina nueva o que la traducción por ejemplo, en el caso de que sea mi especialidad, es flexible, puede hipotéticamente decirlo todo, o todo lo que puede ser dicho, que a los fines prácticos es todo, en tanto lo que no puede ser dicho, que es de alguna forma aquello por lo que estoy tomado, no tiene mucho valor o importancia o me excede o tiene que ser traducido en algún momento, como si hubiese sido tomado por algún tipo de devenir-animal? por fuera del lenguaje que se articula con una esfera de lo familiar y las profesiones que lo rodean, las profesiones o las charlatanerías que la sostienen o las empresas que la sostienen, un entramado donde el lenguaje no instrumental ocupa tal vez un lugar muy reducido porque todo es muy instrumental, más bien rígido, y está lleno de zonas no visibles o invisibles recortadas y es un mundo donde no sé si hay mucho lugar para vivir tranquilo, tiene algo asfixiante o que busca doblegar; o sea, entre eso, que no es muy bueno, y una masa de exterioridad invasora, rapaz, con la que no hay prácticamente vínculos posibles; en el medio, una capa más o menos indefinida de personas en las que confío que están ausentes o perdidas o de las que no sé nada o de las que en algún momento me distancié o que parecieron confundirse con esa masa exterior, como si en efecto buscaran algún tipo de afirmación de sí a través de mi negación (??), que o bien es una experiencia natural o es un problema, un problema en tanto parece haberse repetido en distintas circunstancias o con distintas personas desvinculadas entre sí, al parecer sin motivo alguno también, a menos que hubiera algún tipo de debilidad que mi presencia desprendiera como pidiendo ser aplastado, que hasta donde entiendo o creo no fue así, o tendría que haber sido algo que estuviera presente en el tono de voz o en las palabras y en el cuerpo de forma independiente entre sí porque podía operar telefónicamente, por email o concretamente, quiero decir presente.

Qué sé yo. La idea de poder escribir algo con un teclado verdadero, es decir, levemente ruidoso, sin llegar a la máquina de escribir, y sin tener que manosear las teclas viscosas de la laptop, y sin pensar que esto tiene que ser compartido con otros también tiene un efecto liberador. El peso de la idea de compartir, que es algo sobre lo que en ocasiones reflexiono y sigo sin encontrarle una respuesta, pero tiene una carga bastante pesada. Una versión sintetizada del conductismo más ramplón que me recuerda esa película de John Carpenter donde la publicidad revelaba su verdadero contenido o su contenido esencial a quienes las veían con unos lentes especiales? y era solo la palabra “Comprar” o “Consumir” que las imágenes o las palabras envolvían y llenaban de volutas. Es algo que tal vez tenga que intentar solucionar, técnicamente, así como hice desaparecer la publicdad de los exploradores, en la medida de lo posible, evitar ciertos gadgets, o evitar la interacción subhumana con exparejas, eso también tiene un efecto muy degradante que todavía no soy capaz de comprender plenamente, y que en el fondo tienen algo de venganza tal vez, de demarcación de territorio o de apropiación que no me hizo/hace bien, esa reducción de la complejidad de las relaciones a señales que no son más que miradas, la radiación de explosiones de estrellas en el pasado que tarda en llegar, algo pútrido en tanto no participa de nada significativo en el presente en la mayoría de los casos, y si se tratara de algún tipo de llamado o comunicación no queda en claro que se trate de eso (eso mismo, por supuesto, puedo decir sobre mis propias comunicaciones ineficaces, por supuesto). Ese componente especular de las relaciones o de las comunicaciones, últimamente, también se me aparece en ocasiones para presentarme como alguien “ineficaz” por decirlo de algún modo, pero también para revelarme algo que no llego a entender del todo sobre las relaciones entre las personas, cómo es que aparecen y desaparecen en la vida, y cómo es que una simple negación puede hacer desaparecer a alguien del mismo modo en que yo desaparecí para otro al recibir ese tipo de respuesta, algo que se presenta de un modo confuso o como un signo de un mal entendimiento del funcionamiento de la lógica de las relaciones que a la vez no termina de develarse, algo que explicaría el hecho de que en muchas ocasiones me haya encontrado últimamente solo cuando podría no haberlo estado, algo que tiene que ver con un mal manejo de cuestiones de agendas, que por supuesto también atribuyo en parte a cuestiones informáticas, a las cosas que las máquinas hacen de forma automatizadamente mal y las cosas que podrían hacer y no hacen, como si su presencia o su evolución fuera un componente del problema, la expansión/democratización de los servicios, o su extensión hacia personas que no saben utilizarlos o generan algún tipo de interferencia no digerible, algo que finalmente tiene que ser aceptado pero no queda tampoco del todo claro, como los débiles mentales o minusválidos que generan problemas nuevos para la vida en común, problemas de exteriorización de la exclusión de la que fueron víctimas y su proyección. Esa zona oscura de la vida social habitada por todo tipo de freaks, mogólicos, amputados, inválidos, pordioseros, agentes secretos, que también presenta el problema o la ilusión de que -y esto es realmente un problema- siempre habría algo que los otros saben que desconozco, algún tipo de control sobre la situación, o algún tipo de envío de señales, positivas, negativas, de colores o diseños, que me enviarían en alguna dirección, algo difícil de analizar, donde habría posibilidad de quedar como un rey o un ganador en pequeñas obritas de morondanga donde en general eso no ocurre, pequeñas obritas o no, quién sabe, cosas que se presentan como puertas o vías a la satisfacción del deseo sexual o afectivo, como comunicación de una forma medio primitiva, que no terminan de resolverse, o que en ocasiones llevan a una experiencia medio extática, de quedar sobrepasado, pequeñas maravillas de la inacción o la histeria de los cuerpos que no se deciden o no pueden o quedan inmovilizados como en uno de esos efectos ópticos digitales donde la figura vuela sin haberse movido del lugar en el que está, a veces rodeado de un aura en los bordes que puede ser verdosa, de esos momento muchos, o algunos importantes que constituirían solos un ranking de la contemplación de la belleza que desaparece para nunca más volver bajo la misma forma exacta que me afiebran y a la vez es como si no condujeran a nada, como si reconociera algo que podría convertir a una persona en una estrella y pasara de largo o tuviera que resignarme a aceptar su fugacidad, es eso que tienen las chicas como Flora que no sé qué es, tocada o elegida por los dioses, que es algo que tal vez esté en todos pero ahí está más concentrado, o no está en todos, porque en general soy demasiado bueno en ese sentido con el tema de la universalidad, es algo de lo que tal vez la mayoría de las personas carece, y cuando lo tienen lo pierden con mucha facilidad, y si no lo pierden solo lo pueden ver pocas personas.

Todo así hasta

letters_

(12/12/2012 4:49)

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo A History of Violence, Autobiografía sucinta, Ocean of Noise, Work In Progress

(Old) Found Papers

Recorro el interior del túnel del subterráneo por primera vez, admiro las técnicas que desconozco, sus huellas, como si se tratara de una obra de arte a la que se puede observar desde distintos ángulos, con detenimiento. Experiencia del topo en su madriguera, deseo y temor de cruzar estaciones a pie, como un arquitecto, o un obrero de la construcción. Nada me detiene a excepción de mi mismo; recuerdo: del tonto que murió en un conducto subterráneo de la ciudad un día de lluvia, ¿un ningunista?, de las últimas escenas de “El tercer hombre”; deseo: de invitar a alguien a hacer ese recorrido conmigo una noche como entretenimiento o diversión inusitada para el orden de lo cotidiano pero… cuántos, quiénes ya lo hicieron, y cuántos no van a hacerlo nunca, ni siquiera lo contemplan como posibilidad u objeto remoto de interés, como si alguien te invitara a revolver los desechos de un basural, sin ser capaces de encontrarle un sentido a eso, tan desagradable…

Deja un comentario

Archivado bajo Ocean of Noise

(Moebius) Mar del Plata

*Leve estado de melancolía.

Hoy estuve mirando a unos surfistas en la playa. Una chica se quebró una falange y me manchó con su sangre. Fue la única persona que toqué desde que llegué.

*En silencio me reprocho, entre otras cosas, no haber escrito antes sobre mis experiencias pero todo sucede demasiado rápido: entre las películas del festival de cine y también después en los recorridos más o menos azarosos.

*Y sin embargo, la vida es tranquila.

*Me lleva a ver a Buenos Aires como algo medio infernal en sus distintas manifestaciones.

*El mar también tiene algo peligroso: el mar de noche.

*Pero en comparación, inofensivo.

Continuamente

Continuamente encuentro chicas lindas de las que me separan pocos centímetros o metros. Y en algún momento algo nos separa. Las multitudes. O la velocidad. Una butaca. Un empleo. Distancias cortas, que pueden ser fácilmente recorridas. Contra lo que conspira no sé bien qué. Tal vez […] que parecerían estar ahí para jugar con mis sentimientos, la afectividad, los recuerdos y la voluntad.

Ahí para jugar

A veces pienso: “bueno”, “eso es todo”. Unos pocos centímetros te separan de una mujer que mira una película en un cine y la luz de la pantalla se refleja en su rostro. En ocasiones te mira y después cierra los ojos y me lleva a cerrar los ojos a mi también y me doy cuenta de que la película se ve mejor así, como una banda sonora compuesta de alaridos y gemidos, que no se sabe bien qué significan. Es como una síntesis. De la historia de la vida concentrada en los momentos de emociones intensas. Nacimientos dolor placer agonía. Como si todo lo que estuviera en el medio fuera relleno.

No te deja precisamente en un estado, particularmente, comunicativo

En la sala del cine el público se la pasa riendo, nervioso, pero a solas no le provocaría –imagino– una mínima sonrisa. Se escuchan montones de risas, como si no pudieran tomárselo en serio, o como si no supieran qué hacer con eso, eso que tampoco se presenta en serio sino como acumulación de emoción chatarra mezclada con algo serio, la soledad, el reprocesamiento del periodismo, el avance de la “ciencia” y su difusión proliferante de las pequeñas incertidumbres cotidianas y sus efectos de incisión sobre los cuerpos.

Todas esas pequeñas muertes

Es “entertainment”, distracción, … desde cierto punto de vista, “novela hiperbreve”, con todos los componentes de distancia, identificación, y dilemática moral, expuestos a su extremo más irracional: actos inexplicables. Mutilaciones, violaciones, el goce de la violencia y del dolor, sin el orden ni la lógica franceses, sino pura acumulación que conduce rápido al hartazgo. La película más “gore” de KKD, como si la fantasía tradicional, la alegoría política, el angelismo, hubieran perdido su capacidad de representación (en todo caso, como si una vez transitados, se convirtieran en puentes por los que no se puede volver).

Casi una gansada

La novela familiar explota. De todas las (pocas) películas que vi, la única que a la salida (¿paradoja?) parecía generar un efecto comunitario −tranquilidad inquieta, testimonio del fin del arte ordenador, reenvío a la banalidad de la historia individual privada, o tal vez a la creación del espectador como obra, el espectador que se pregunta qué es lo que hay para ver, ahí, o en cualquier otra parte, comunión en el desasosiego, y también, por fin, la película que tus padres despreciarían o no entenderían; anti Hannah Arendt, anti 3-D, anti-todo.

Ese efecto de poner en cuestión el cine que se estrena

Que es como decir la vida que se vive. Por qué no se pueden ver −entre otras cosas− comedias americanas de los años ochenta en el cine, por qué las combinaciones de pantallas monitores proyectores streaming se volvieron tan patéticas − nostalgia de la época en que 20” era el límite y casi el punto de partida, del “stop” como innovación − Hoy es como si: todo estuviera dado para el replanteo definitivo de la distribución cinematográfica (tecnológicamente?) y la mano invisible del mercado operara en la dirección contraria: el cine como un presente absoluto vs. el cine como totalidad histórica, en la línea de la historia del arte, con sus is(t)mos, etc.

Fantasía recurrente

Me beso en la escalera caracol con la chica que está en la torre a la vuelta del hotel; ésta es una fantasía recurrente desde que me habló del agua. Cosas que ya no recuerdo; historia de la técnica, arquitectura, belleza natural, capacitación en la amabilidad. Como si se tratara del escenario de una película y yo James Stewart en recuperación. Fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente…

Links:

http://www.mardelplatafilmfest.com/28/evento/moebius/

http://www.osmgp.gov.ar/osse/visitas-guiadas/

Deja un comentario

Archivado bajo A History of Violence, La mirada del retrato, Ocean of Noise, The Films in my Life, Work In Progress

Tus fotos: los días

el dia en que te convertiste en programador
el día en que te convertiste en empresario
el día en que te convertiste en escritor

el día en que te convertiste en activista
el día en que te convertiste en corrector
el día en que te convertiste en director de cine

el día en que te convertiste en ensayista
el día en que te convertiste en coleccionista
el día en que te convertiste en lector

el día en que te convertiste en el mejor de algo
el día en que te convertiste en solitario

el día en que nadie supo qué hiciste
el día en que nadie supo qué pensás

el día en que viviste en otro país
el día en que visitaste otro “planeta”
el día en que naciste
el día en que querías matarte
el día en que todos se olvidaron de vos
el día en que le declaraste la “guerra” a todos
el día en que te declararon la “guerra”
el día en que sufriste “bajas”
el día en que te convertiste en idiota
el día en que te convertiste en idiota y dio un resultado inesperado
el día en que te confundieron con un idiota
el día en que dudaste que alguien pueda confundir a otro con un idiota
el día en que dejaste de protegerte de la lluvia
el día en que quisiste viajar a cualquier lugar
el día en que viajaste al lugar equivocado
el día en que pensaste que podías cambiar de vida y lo hiciste
el día en que te asustaste
el día en que una chica te sorprendió
el día en que experimentaste la muerte
el día en que no atendiste el teléfono
el día en que llamaste a cualquier número
el día en que hablaste con una máquina
el día en que todos te entendieron
el día en que viste una película que te “cambió la vida”
el día en que creíste entender el mono no aware
el día en que te tendieron una trampa
el día en que no volviste nunca más
el día en que te quedaste esperando
el día en que todo se volvió confuso
el día en que todo te aburría
el día en que olvidaste un nombre

* * *

Ayer. Soñé con tijeras y en la calle encontré un afilador. Había estado leyendo sobre el Japón preindustrial, un mundo feudal envuelto en historias de fantasmas. Después sentí que hicimos algún tipo de intercambio. Próximo a la magia y los rituales, temas sobre los que estuve leyendo. Muy delicado.

* * *

También continué con mis exploraciones sobre la inmovilidad. Esta vez con una cámara. Hay chicos que pasan creyendo que pasar por delante de un lente implica ser grabado o visto. Es una ilusión que me gusta. Me hago muchas preguntas en esas circunstancias, como por qué la cámara perdió el visor que se ubicaba en el ojo. Ver qué capta el lente y qué capta el ojo, compararlo. Preguntarse si esta es una buena pregunta, un accidente o una derivación previsible desde la época de las primeras invenciones fotográficas.

* * *

más notas.

a veces tengo una impresión o llego a una conclusión. no llego a entender qué ocurre exactamente en mi vida, esto no impide la acción pero la reduce a una zona más pequeña. a veces me pregunto cómo o por qué las distintas cosas.

sigo conmoviéndome con una facilidad extrema. hoy, en el gimnasio, ante una serie de chicas. evocadoras de los detalles no pasados por alto sino perdidos, el rubor, la nuca, la proximidad. todo eso que choca con la breve historia de la soledad que no sé qué me pide. Imágenes de un niño con una remera azul que ubica las manos y los pies de una forma anómala y se relaciona con las cosas de una forma distinta, más libre, un poco autista, en la que me reconozco. No llego a entender si tiene algún tipo de problema o es así y simplemente revela la rigidez  de los actos de los adultos, su duplicidad, una renuncia al juego y a la libertad. una tendencia a la repetición que aparece en otros lados. alguien pinta un graffiti y los graffitis se multiplican. alguien abre un gimnasio y los gimnasios se multiplican. todos los días siento que aprendo cosas que no puedo describir o sintetizar. esto también está relacionado. a la vez en la repetición veo el saber, es como escribir, que en tanto se repite permite decir cosas distintas o nuevas.

a veces camino como si todo a mi alrededor fuera una puesta en escena. esto me entristece un poco. cómo ocurrió. y es bueno como el ángulo imprevisto o el lente que muestra aquello que no se ve o es un retorno a la barbarie? esa impresión de haber sido convertido en un salvaje o un ser primitivo que tiene que reinventarlo todo: cómo contar, o qué dedos usar para contar, cómo relacionarse con las personas de una forma en la que no tenga que destruirse algo. el retorno de los deseos más simples, ser abrazado, protegido. el shock de la reinstalación del cable, como si construyera la idea del hogar, y también  algo arbitrario, sentirse menos incomprendido al descubrir canales nuevos, enfrentar el peso excesivo de ciertas plataformas informáticas. me entusiasmo con planos acuáticos y con los nombres de las ciudades del mundo y los infinitos acentos del inglés, eso que nunca voy a comprender plenamente, a qué remite un tono o una variedad, que es algo que apenas logro vislumbrar en español argentino o de la ciudad, algo que me fascina y que no tiene más que una forma secreta, teorías inciertas, alambicadas, sobre particularidades individuales que se reproducen y mutan hasta cierto límite. y como si en el origen de la variación hubiera siempre algo doloroso, el shock o las estrategias para enfrentar algo intolerable (sexual, político).

Deja un comentario

Archivado bajo Autobiografía sucinta, Ocean of Noise

Cold wind blowing

Miro ‘Miroir Noir’.

Es un regalo por accidente que me hago a mí mismo en sustitución de otro que recibí y no me interesaba tanto. Ahora tengo menos paciencia con las cosas que presiento que no se van a acomodar bien a las que me gustan. La cajera que hace el cambio se parece a Chloë Sevigny. Me pregunto qué podría hacer para seducirla, pero no se me ocurre, es del tipo de cosas que antes tal vez hacía sin pensar, ahora me quedo pensando y pensando y en general no hago nada, como si la imaginación se bastara un poco a sí misma, aunque en el fondo siento que no está bien, que la imaginación y la acción tienen que ir más de la mano, no tan separadas. Tengo mis hipótesis sobre este tema de todos modos.

Quiero encontrar una palabra que describa con precisión el efecto que me produce la película y se me ocurre “anhedonia” (anodinia), pero no es exactamente lo que quiero decir. “Anhedonia” es la ausencia de placer o de la capacidad para experimentarlo, y lo que quiero decir tiene que ver con el placer o con algo parecido, como el estado que inducen ciertas drogas o la meditación, una reconciliación con el mundo de tipo imaginario, es decir, a través de las imágenes. El mundo renace convertido en un lugar más amplio, confortable, donde uno no se choca contra las cosas o las personas, más como en casa y menos en el exilio. En el cine me había pasado, por ejemplo en otras época con Kurosawa, imagino que era por las películas en sí, y a la vez porque en aquel entonces no tenía una imagen clara sobre el paisaje o la vida en un país oriental. Ahora éstas aparecen más seguido en la televisión, pero son imágenes banales. En el caso de Miroir Noir el efecto es especular, literalmente, como si distintas escenas de mi vida privada absolutamente desconocidas, momentos no compartidos con nadie y que probablemente permanezcan así, ya que no sabría bien qué contar o a quién, hubiesen sido captados y convertidos en escenas fugaces, síntesis de estados de desolación, la zona menos glamorosa de la vida, que la memoria niega y que de todos modos despierta un cierto afecto. Diamond dogs.

Hace tiempo que Arcade Fire se entrecruza con mi vida. Creo que me gusta porque es una banda libresca, o que me gusta por el mismo motivo por el que me gustan ciertos autores y lo que hacen con el lenguaje, estirándolo y comprimiéndolo hasta hacerle decir cosas que parecerían estar más allá, o por fuera del lenguaje. El efecto que me produce escucharlos es impredecible. A veces es perturbador, a veces hasta produce desinterés, como si su embrujo pasara de largo. En el video la música está fragmentada, como si la película quisiera ser la antítesis de la traducción más literal del video musical. Es una música silenciada, unplugged, tocada en sitios inusuales, un ascensor, un balcón, el interior de un automóvil, música que está o puede estar en todas partes (portable) y reducida a sus partes descompuestas, sin sutura, como dentro de un estudio de grabación, revelador de su naturaleza ilusoria, de montaje, o como si la música tuviera que ser destruida.

Las canciones presentan un mundo horrible, al estilo del apocalipsis bíblico, sin el alivio del humor de muchas bandas inglesas. Las letras, lacónicas, cuentan cosas terribles, en ocasiones regurgitando la poesía modernista, volviéndola más impersonal, más sin sujeto, más enloquecida. No son canciones de protesta, no tienen la forma más tradicional del storyteller autorreflexivo en la estela de las canciones con moraleja de Bob Dylan, sino puro lenguaje sin sujeto de la experiencia, una reunión de palabras que podrían provenir de voces distintas hilvanadas de forma provisoria, y como si negaran la posición privilegiada misma del músico para convertirlo en nodo sobre el que se depositan sedimentos de un colectivo caótico. En este sentido es una banda nueva, el líder (Win) se presenta como un sujeto anti-carismático, que no sabe decir ni actuar, del que se puede sospechar que preferiría ser parte del público anónimo y siente que fue elegido como líder por error. Así aparece en el film, casi como un cuerpo sin cuerpo, una pura expresividad de autómata, excepto en una o dos ocasiones tal vez. Es el canto atrapado en un mundo de pesadilla de la que no se puede despertar, o de la que se despierta para hallar una pesadilla nueva que incluye a la anterior. Una pesadilla por otro lado demasiado parecida al mundo contemporáneo si éste fuera visto por los ojos de un niño perdido, o de un adolescente en busca de objeto para la rebelión, o de un adulto definitivamente no-reconciliado con la vida actual en un mundo hipertecnologizado y frío, de trabajos monótonos, mal pagos, donde los lazos entre las personas están medio vaciados. Un mundo infeliz, de violencia psíquica que continúa la violencia física de las guerras del siglo pasado bajo la forma de ataques más sutiles. Es un tipo de infelicidad no muy distinta a la que se refería Sigmund Freud imaginándose un auditorio imaginario en la Viena de entreguerras en “El malestar en la cultura” (1929) pero que hoy parecería discontinuada como objeto del discurso, así como en aquel entonces prácticamente a nadie se le hubiera ocurrido encontrarla en el arte, donde era lo nuevo, y lo indigerible.

También es cierto que hoy nadie escribiría como Freud, que empezó ese libro comparando la constitución de la mente con las sucesivas etapas en la construcción de Roma. ¿Cuántas personas conocen hoy o pueden interesarse por este tipo de detalles fascinantes? Aún cuando no se compartan todas sus intuiciones y hallazgos los valores de la burguesía vienesa de principios del siglo xx –la cultura que inventó la histeria que estudiaba– que los escritos captan permiten emprender un viaje en el tiempo y encontrarse con algo que suena extrañamente esclarecedor. Es gracioso, porque Freud escribe sobre sí mismo como si fuera una estrella, o en todo caso el protagonista de una biblia para agnósticos. Analiza sus sueños como si su interpretación pudiera ser de utilidad para todos (algo evidente para la fisiología y al menos dudoso para la vida mental) convirtiendo en pequeñas luminarias de su propio panteón semi-privado a sus enfermos más queridos. Un siglo después Win Butler hace exactamente lo contrario: los personajes de sus canciones casi no tienen entidad, a veces son un nombre, y otras veces ni eso, son emanaciones; su propia forma de relacionarse con el espacio del escenario o la técnica es equivalente. Si está en el centro lo hace a desgana, sin ninguno de los tics del artista producido, parece sentirse más cómodo entre el público al que se asemeja como working-class hero, con la apariencia de haber sido maltratado por la psiquiatría;  todas las coreografías ensayadas o improvisadas de los músicos sobre el escenario conocidas hasta ahora se convierten por arte de magia en shows de animación infantil para adultos que añoran el circo. El público se engancha, salta, repite las letras que son como el residuo de una letra verdadera más larga y clara inaccesible porque ya nuestras propias mentes parecerían incapaces de comprender un lenguaje lo suficientemente articulado y significativo. Igual funciona, como un exorcismo o un ritual laico para la era de las computadoras.

Deja un comentario

Archivado bajo Ocean of Noise