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Pantalla de la computadora

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Me cuesta creer que del otro lado de la pantalla de la computadora (o en la pantalla misma) hay otras personas, o la manifestación de otras personas. La última vez en que eso ocurrió fue hace unos días, chateando con Flora. Se impuso como si solo existiéramos nosotros y mantuvimos una conversación sobre la banda punk que queremos crear, corazones rotos era uno de los nombres posibles, y la letra decía “te voy a violar la mente/te voy a violar la mente” o algo así. Después nos vimos y me di cuenta de que me sigue gustando como cuando vivíamos juntos.
La impresión general que me da el uso de la computadora es que del otro lado hay una especie de loco malvado, a veces, y otras veces una abstracción que podría ser la totalidad de la humanidad, o de la humanidad computarizada, pero en general gana la idea del loco malvado que está conectado con las empresas de transporte y los comerciantes y los medios y también con las personas que me rodean. Por supuesto, esta visión entra en contradicción con mi visión más bien idealizada de las computadoras, que es una visión infantil, un tanto desautorizada por el conocimiento de la historia. En la visión infantil la computadora es el imperio del juego y de las posibilidades desconocidas y misteriosas de la programación, arte en el que me ejercité de forma amateur desde mi primer “Hello World” infantil hasta hoy con muchas alzas y bajas. En la perspectiva más radical de la programación, los sistemas operativos son compiladores de alto nivel y todos los usuarios de computadoras son programadores sin saberlo.
Pero dejando de lado la parte especulativa el tema de qué es lo que veo en la pantalla es problemático en sí. Alguna vez hablé con un psicoanalista de este tema, o no exactamente de esto sino de algo parecido y me di cuenta de que no nos entendíamos mucho: a fin de cuentas, habíamos nacido en distintas épocas, que es como decir en distintos mundos; no porque creyera que las épocas no pueden comunicarse entre sí, pero era como si quisiera establecer un estado de las cosas independiente de mi experiencia, que es algo que otras veces volvió a ocurrir más tarde.
Las computadoras: tampoco sé qué lugar otorgarles en esta historia, pero son la presencia que más parece haberse modificado a mi alrededor después de mi cuerpo en el tiempo. Su ubicuidad, por ejemplo, me resulta un poco inconcebible, graciosa tal vez pero finalmente amenazante. Estas mismas palabras que escribo, que son como la continuación de las que escribía cuando era más chico en la computadora antes de acostarme, medio en secreto, en una máquina tantas veces menos rápida que no podría calcularlo, tienen que hacer un esfuerzo para no quedar desplazadas por toda la exterioridad que ahora la computadora representa o trae al interior del hogar. Antes también se trataba de exterioridad, pero era una producción mediada por las compañías de software, que eran como el equivalente de los estudios de cine antes de la aparición del cine independiente. En todo caso, el paradigma se modificó, convivimos armoniosamente unos veinte años, las actualizaciones de los clones, y los avances en los microprocesadores 8086 hasta que los perdimos de vista porque dejaron de ser designados con números, desde la aparición de los primeros modems (1993?) e impresoras hasta hace unos pocos años (2009?) en que algo se descalabró técnicamente.
En qué consiste exactamente el descalabro es algo que no podría describir exactamente. Por ejemplo, podría pensar que se asemeja a la experiencia del “crack-up” de fitzgerald, que tiene muy buenas descripciones, pero en mi caso creo que se trata de un acontecimiento no tan íntimo exclusivamente, sino algo de naturaleza más social o hasta mediática y global – éxtimo? Ahora cada vez que surge una duda sobre la existencia de una palabra el impulso automático es a buscarla en internet pero es un impulso reflejo un poco extraño, parecido a rascarse cuando a uno le pica algo, pero nada pica, y aparte no se sabe bien qué se puede encontrar en la búsqueda.
No sé a dónde apunto exactamente o qué es exactamente esa experiencia del hundimiento que experimento o experimenté y de la que creo que las computadoras o la forma que adoptan los medios de interconexión en el presente forman parte, por no decir que fueron sus instigadores o el medio utilizado para su primera aparición tal vez. Los medios: siempre está claro que podrían haber adoptado muchas formas distintas a la actual, eso lo saben los que estudian sus orígenes, por ejemplo, la zona de ebullición que es aplacada (que también es algo que hoy puede observarse en las prohibiciones de acceso al contenido… pero si no se puede acceder, por qué aparecen en los resultados de la búsqueda????).

Para volver al tema del loco malvado, tal vez siempre estuvo ahí y no podía verlo… llamémoslo el espíritu de Von Neuman… el loco maldito y genial que lo inventó todo, y si no lo inventó todo da lo mismo, podría haberlo inventado… el loco malvado es también la mirada superadora (la mirada satelital) que tiene un objetivo de captura y control de todo, que puede mover multitudes, pagar agentes para patear pisos de departamentos, simular atracos, generar incendios, embotellamientos, paros, que controla el contenidos de los medios, y a la vez… es inofensivo, o es inofensivo fuera del ámbito de la mente y de los efectos de la mente sobre el cuerpo, en el sentido de que no utiliza (no requiere) de la violencia física, o en todo caso, solo en muy contadas ocasiones, y en ese caso lo hace bajo la apariencia de la defensa del orden a través de agentes policiales, que serían como los que hacen el trabajo sucio.

internet… tiene algo de bazar de sorpresas continuas que es una fuente de placer y a la vez de aislamiento. es como poder estar tirado en una biblioteca con acceso libre, donde aparte se puede fumar y no se escuchan voces de desubicados y no hay que depender del financiamiento deficiente del estado. pero por supuesto no articula bien. es dificil entenderlo en términos de quienes nacen en un mundo que ya es así: por ejemplo, podría pensar qué piensa/pensaba de la prensa alguien que naciera en el momento de su incepción; no tengo idea.

es como si despertara esa relación de amor/odio absoluto porque de alguna forma haría realidad algún tipo de sueño de posibilidad de acceso al mundo de la fantasía y el ocio como un espectáculo de feria letrado pero a la vez tiene el costo de la inmovilización o el vaciamiento (aun para los supuestos medios moviles, que requieren de la inmovilidad para el uso de la mayoría de sus funciones nuevas).

a veces siento que me la paso dando vueltas sobre el o los mismos temas sin resolver nada. por qué no “puedo” escribir tranquilamente un mensaje de correo como en otras épocas: en otras épocas, escribía largos mensajes de correo, en algunos casos divertidos, un poco kitsch tal vez vistos a la distancia, o cursis a veces, pero ahora siento que ese tipo de mensajes no aparecen o no tienen un destinatario claro y lo que queda por escribir es como una bazofia, el equivalente del procesamiento de los desechos urbanos transplantado al ámbito informático: comunicaciones con operadores anónimos o con mandarines medio deficientes, que no aportan nada, o que afectivamente, o comercialmente, o intelectualmente no aportan nada. Siento que el tema del silencio es algo que tiene que ser pensado.

No el silencio es términos ontológicos a la manera de, no sé, el sacerdote que escribe poemas sobre el silencio de dios. No me interesa el silencio de dios ni la teología en el fondo, me interesa mi propio silencio, y también el silencio o lo que interpreto como el silencio de personas cercanas, eso que si no es silencio es una comunicación en una señal de onda que está cerca del cero, sin picos, sin ondulación, como una interferencia más que un sentido. ¿De dónde sale eso, y por qué tiene un efecto contagioso, o silenciador?

Hay por supuesto muchas hipótesis sobre este tema, que tal vez no sean muy importantes. Por ejemplo, está la hipótesis que dice que la conciencia, el pensamiento o lo que sea no es un objeto al que se pueda acceder a través del lenguaje entonces todos los intentos son medio en vano y bien pueden ser descartados; después está la hipótesis utilitaria, según la cual las personas que poseen algún tipo de poder, aunque sea menor, lo obtienen precisamente a través del manejo del silencio, o de la utilización adecuada del silencio, porque en caso contrario eso que les permite estar en el poder sería de conocimiento de otro que podría quitarle el lugar, la idea del poder como fuente de distracción, de embrutecimiento, que es un poco la idea de la educación moderna tal vez, el ocultamiento de la naturaleza de las cosas antes que su develación, o en todo caso la creación de especialidades, etc.; después no sé si hay muchas hipótesis más: está la idea de que nada puede ser transformado también, la idea de la derrota, de que fui derrotado?, o de que nada tiene sentido ni finalidad, y que mis objetos de identificación son los animales antes que las personas porque las personas se me presentan como demasiado animales para convertirse en objeto de identificación, no las personas en su totalidad sino muchas personas desconocidas, pero las suficientes como para establecer algún tipo de estadística genérica que me lleva a creer que son, digamos, la mayoría, podría ser el grupo de no-lectores de Henry James o cualquier otro grupo equivalente, esta es una idea medio estúpida que cuenta con el aval de no sé, mucha gente, es un poco la visión de mi familia tal vez, si se lleva a un extremo, la de la valoración de las cosas que no poseería o que sólo me volverían valioso en caso de poseerlas -dinero, influencia, hijos?-.

Me volví a perder un poco en el hilo de la argumentación. En todo caso, lo cierto es: demasiadas personas (y cosas) que no merecían atención alguna fueron escuchadas en sus puntos de vista y por supuesto, de la síntesis de múltiples puntos de vista distintos no surge una visión unificada mayor sino un menjunje no comestible. Las grandes visiones, o las visiones que perduran, o se pueden transmitir, no son conjuntos de infinitas o numerosas visiones necesariamente, son síntesis que funcionan a través de la exclusión de otras visiones. También la informática es un poco así: primero se aproxima, después se apropia, finalmente toma el poder (quizás la odio por haber extendido la traducción automática o asistida???). No deja de ser un caso de éxito, también Robert Walser es un caso de éxito, imagino que en parte disímiles, en todo caso uno puede “procesar” al otro. Por eso creo que si lograra “procesar” la informática, o “procesar” el derecho, por pensar en dos zonas que se presentan o se presentaron como conflictivas, no la informática o el derecho en sí, sino tal vez la forma en que son utilizados, o incluso su interconexión, la forma en que la informática se lleva puesto cualquier tipo de derecho a la privacidad por ejemplo, que es algo que aparentemente habría que tolerar o aceptar o entender como lógica imperante para toda actividad humana, que es algo que no termina de cerrar, porque no podrían explicarse, no sé, los ataques secretos y un montón de otros fenómenos. Por qué la tecnología creará ese efecto de ser constantemente vigilado y estar absolutamente controlado??? ¿Y es real o es una fantasía? Porque también es muy fácil utilizar una serie de repeticiones idiotas, de números, de nombres, de palabras, de datos, para crear una ilusión de efecto de amenaza, así como es fácil crear un efecto de amenaza por teléfono simplemente realizando llamados que no son activados, quiero decir, a los que no se responde, por ejemplo cuando se repiten, o en todo caso para alguien criado en un contexto donde eso no ocurre habitualmente. La cuestión en parte es: quién procesa a quién. Eso también es algo que hay que recordar. En particular cuando uno se relaciona con instituciones o zonas del saber y del poder, o incluso al salir a la calle a hacer las compras al supermercado.

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¿Por qué la calle se convirtió en una zona tan apestada, tan sucia, tan poco interesante también? Ahí es donde veo como distintas zonas del “mundo” se presentan como cada vez un poco más cerradas. Acá también hay muchas respuestas posibles, hipótesis. Una es que la calle se presenta como un teatro malo que oculta todo, o en todo caso que oculta algo que sería “lo real”, aunque no queda del todo claro en qué podría consistir eso. La economía de la vida cotidiana, por ejemplo, ocultaría la economía a gran escala, el funcionamiento de los grandes flujos de dinero, la depreciación de la moneda, las desigualdades en el acceso, etc.??? La cuestión es también, cuál sería el problema en ese caso… como si quisiera que la ciudad fuera un libro de economía abierto que me explique por qué en este momento no tengo el dinero suficiente para, no sé, viajar a tailandia?, que es algo que a personas más sensatas seguramente nunca se les habría ocurrido. Con la economía por supuesto me hago más problemas de los que debería tal vez, tomando en cuenta que puedo prescindir de los grandes lujos a los que seguramente nunca pueda acceder y que en el fondo solo me interesan en ocasiones como curiosidad, en tanto saber de la existencia de castillos o Fabergè eggs es mejor que no saber de su existencia, o eso creo, como cuando se descubre el nombre de una ciudad nueva, o como cuando se la descubría antes en la literatura, sin preocuparse por saber a qué país pertenecía, y entendiendo que el momento en que se lo descubre tiene a veces algo de maravilla o de fatal, de final de la fantasía y localización, algo abstracto, de coordenada.

La calle se volvió un poco así porque no estoy enamorado; esta es una hipótesis, no estoy enamorado o no soy querido por quienes quiero, o creo que no soy querido, o no encuentro la forma de transformar mi afecto en otra cosa, o algo así, también puede ser que crea que soy un insecto, o un superhombre o alguien más que humano para quien lo humano ya no es el medio de circulación, como un pez fuera del agua o un ave dentro del agua, o lo que sea que se encuentre fuera de su habitat, que si hiciera memoria tal vez sea una experiencia que se extiende en el tiempo desde la adolescencia o la infancia (esto y el capricho?) pero con el tiempo se volvió más radical, como si hiciera que no me entendiera con las cosas, con las cosas o las personas, como si condenara a las generaciones del pasado por haber conostruido espacios feos y a los del presente por continuarlos, o como si viera la fealdad de los seres humanos y no pudiera aceptarla, la fealdad de los viejos y de los jóvenes, en particular el componente aborigen americano que tiene algo realmente feo, o el rastro de la pobreza o de la genética deficiente (!seamos realistas!), y a las calles por estar hechas para los automóviles, a la publicidad por inundar el espacio, a las muchedumbres por amontonarse, a los dueños de perros por pasear perros, y así, alguien muy intolerante que como siempre qué sé yo, tengo razón y a la vez qué puedo hacer, mudarme, que es lo que debería haber hecho hace tiempo y no le encontré la vuelta porque la ciudad y la familia me atraparon, al menos hasta ahora, la ciudad como si fuera una familia ausente y visceversa, pero es algo que no parece tener solución casi excepto en el pasaje al mundo nocturno que es el que en el fondo siempre preferí, el mundo donde las madres no pasean a sus hijos y los idiotas miran la televisión o se masturban.
Igual en el fondo realmente creo que es una cuestión afectiva que espero que tenga algún arreglo. Es decir, no entiendo si le presto una atención excesiva a cosas que no tienen importancia, o a las que no tiene sentido prestarle importancia, como cuando me molestaba que hubiera una pintada política frente al departamento y a todos les chupaba un huevo, o cuando me molestaba que en los postes de luz pegaran propagandas políticas o propagandas publicitarias y a todos les chupaba un huevo, que son como las pruebas de las personas a mi alrededor son un poco deficientes o excesivamente tolerantes o lo que sea, pero que claramente son cosas que no estan o no estaban bien y no podían verlo y quizás yo en otra época no les prestaba atención y después casi dejé de prestarles atención pero me parece que no está bien, por no decir que es una negrada, o algo medio degradante, convertir el espacio público en espacio públicitario, que es una costumbre que no sé de dónde habrá salido pero en ciertas zonas de clase media es como si se hubiera extendido como una peste, el tipo de cosas que no llego a comprender y que me molestan o me molestaban, como los subtes graffiteados, esas cosas que no queda claro si son la fiesta del monstruo o algún tipo de deficiencia del control que estaría dirigido hacia algún tipo de objeto no identificado errado: no contra el afeamiento, excepto en el caso de que se pueda encontrar algún tipo de aporte en las caritas sonrientes de políticos pegados en postes o en los nombres de partidos o inmobiliarias o estudios de abogados, que obviamente no son, o eso espero, el objeto del problema, el problema es la desafección, la pérdida de algún tipo de centro en torno al cual giran las cosas, que en distintas ocasiones fueron personas y lugares que es como si no estuvieran del todo, o se transmutaron en figuritas de facebook, que en muchos casos tiene algo infernal: la experiencia vivida negada sintetizada, o la continuación de la vida en la que uno existe como recuerdo para el otro y visceversa en los casos en los que no está todo claro o resuelto sobre la relación o la naturaleza de la relación, o quién es cada uno, que tal vez es lo que ocurra en la mayoría de los casos, nada queda claro, ni qué fue lo que llevó a la atracción, ni qué fue lo que llevó a la separación, todo perdido en un torbellino de fragmentos de detalles de manos y paisajes que se entremezclan sin crear un super-paisaje total sino todo inconexo, como papeles que se despegan de las paredes o simulaciones digitales incompletas donde hay partes indefinidas que no muestran nada y en las que hay que instalarse por un tiempo para poder encontrar algo, un recuerdo perdido, una cama la altura de un techo una luz una forma de la oscuridad olores olvidados carreras cielos a través de ventanas acolchados esas cosas que a veces prefieren ser olvidadadas tal vez porque no se sabe qué quieren decir…

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De alguna forma es como si siempre volviera o quisiera volver al mismo punto, cómo es que la vida se me escapó de las manos, o quién la está viviendo por mí, si la pregunta corresponde, no en términos de avatares o identificaciones imaginarias sino realmente. Imaginariamente está la posibilidad de que haya algo de eternidad en cada vida y que todo sea revivido continuamente, en ese caso no habría problema porque seguiría viviendo las partes buenas, el problema es con las partes malas, o por qué de alguna forma es como si se hubiera instalado lo malo de una forma fatal, fatal o tal vez exagere un poco pero comparativamente mal, mal en mayúsculas, como cuando uno está enfermo o vomita y el cuerpo responde mal o recuerda que es un instrumento frágil, que se puede romper demasiado fácilmente y que los cuidados nunca alcanzan, que los placeres nunca son suficientes, y en efecto no se presentan, o se presentan bajo la forma del aislamiento, que tiene algo placentero y también algo forzado que finalmente termino atribuyendo a la arquitectura, a la forma en que las comunicaciones parecen estar hechas para alejar a las personas, encontrarme rodeado de personas hundidas en sus teléfonos celulares por ejemplo, que es una experiencia del terror o del vaciamiento del espacio social, o de creación de agujeros, de pozos, como paredes, lugares en los que probablemente no tendría que haberme encontrado, quién sabe. Como cuando se aprenden cosas que son como patadas que no es la idea que tengo del conocimiento verdadero, o del verdadero aprendizaje, que idealmente es como en algún tipo de diálogo platónico en el que uno se va deshaciendo de las ideas falsas pero progresivamente, no a los ponchazos y por accidente como me ocurrió, que caí en lugares donde bien podría no haber estado, o eso creo, zonas muy especializadas con las que estoy y no estoy relacionado (la informática y el derecho?).

El problema en todo caso es la dificultad que encuentro o encontré todo este tiempo para escribir por ejemplo algo como esto: un volcado de memoria o un vómito de preocupaciones que son un ejercicio de libertad que por algún motivo no podría permitirme. Qué es lo que pasa ahí, qué fue lo que entró en cortocircuito es algo que no está claro, por qué paso el tiempo mirando estupideces en facebook que no me dicen nada, por ejemplo, o en proyectos que parecen caer un poco por fuera de mi área de conocimiento. Entiendo que hay un desafío en el aprendizaje de una disciplina nueva o que la traducción por ejemplo, en el caso de que sea mi especialidad, es flexible, puede hipotéticamente decirlo todo, o todo lo que puede ser dicho, que a los fines prácticos es todo, en tanto lo que no puede ser dicho, que es de alguna forma aquello por lo que estoy tomado, no tiene mucho valor o importancia o me excede o tiene que ser traducido en algún momento, como si hubiese sido tomado por algún tipo de devenir-animal? por fuera del lenguaje que se articula con una esfera de lo familiar y las profesiones que lo rodean, las profesiones o las charlatanerías que la sostienen o las empresas que la sostienen, un entramado donde el lenguaje no instrumental ocupa tal vez un lugar muy reducido porque todo es muy instrumental, más bien rígido, y está lleno de zonas no visibles o invisibles recortadas y es un mundo donde no sé si hay mucho lugar para vivir tranquilo, tiene algo asfixiante o que busca doblegar; o sea, entre eso, que no es muy bueno, y una masa de exterioridad invasora, rapaz, con la que no hay prácticamente vínculos posibles; en el medio, una capa más o menos indefinida de personas en las que confío que están ausentes o perdidas o de las que no sé nada o de las que en algún momento me distancié o que parecieron confundirse con esa masa exterior, como si en efecto buscaran algún tipo de afirmación de sí a través de mi negación (??), que o bien es una experiencia natural o es un problema, un problema en tanto parece haberse repetido en distintas circunstancias o con distintas personas desvinculadas entre sí, al parecer sin motivo alguno también, a menos que hubiera algún tipo de debilidad que mi presencia desprendiera como pidiendo ser aplastado, que hasta donde entiendo o creo no fue así, o tendría que haber sido algo que estuviera presente en el tono de voz o en las palabras y en el cuerpo de forma independiente entre sí porque podía operar telefónicamente, por email o concretamente, quiero decir presente.

Qué sé yo. La idea de poder escribir algo con un teclado verdadero, es decir, levemente ruidoso, sin llegar a la máquina de escribir, y sin tener que manosear las teclas viscosas de la laptop, y sin pensar que esto tiene que ser compartido con otros también tiene un efecto liberador. El peso de la idea de compartir, que es algo sobre lo que en ocasiones reflexiono y sigo sin encontrarle una respuesta, pero tiene una carga bastante pesada. Una versión sintetizada del conductismo más ramplón que me recuerda esa película de John Carpenter donde la publicidad revelaba su verdadero contenido o su contenido esencial a quienes las veían con unos lentes especiales? y era solo la palabra “Comprar” o “Consumir” que las imágenes o las palabras envolvían y llenaban de volutas. Es algo que tal vez tenga que intentar solucionar, técnicamente, así como hice desaparecer la publicdad de los exploradores, en la medida de lo posible, evitar ciertos gadgets, o evitar la interacción subhumana con exparejas, eso también tiene un efecto muy degradante que todavía no soy capaz de comprender plenamente, y que en el fondo tienen algo de venganza tal vez, de demarcación de territorio o de apropiación que no me hizo/hace bien, esa reducción de la complejidad de las relaciones a señales que no son más que miradas, la radiación de explosiones de estrellas en el pasado que tarda en llegar, algo pútrido en tanto no participa de nada significativo en el presente en la mayoría de los casos, y si se tratara de algún tipo de llamado o comunicación no queda en claro que se trate de eso (eso mismo, por supuesto, puedo decir sobre mis propias comunicaciones ineficaces, por supuesto). Ese componente especular de las relaciones o de las comunicaciones, últimamente, también se me aparece en ocasiones para presentarme como alguien “ineficaz” por decirlo de algún modo, pero también para revelarme algo que no llego a entender del todo sobre las relaciones entre las personas, cómo es que aparecen y desaparecen en la vida, y cómo es que una simple negación puede hacer desaparecer a alguien del mismo modo en que yo desaparecí para otro al recibir ese tipo de respuesta, algo que se presenta de un modo confuso o como un signo de un mal entendimiento del funcionamiento de la lógica de las relaciones que a la vez no termina de develarse, algo que explicaría el hecho de que en muchas ocasiones me haya encontrado últimamente solo cuando podría no haberlo estado, algo que tiene que ver con un mal manejo de cuestiones de agendas, que por supuesto también atribuyo en parte a cuestiones informáticas, a las cosas que las máquinas hacen de forma automatizadamente mal y las cosas que podrían hacer y no hacen, como si su presencia o su evolución fuera un componente del problema, la expansión/democratización de los servicios, o su extensión hacia personas que no saben utilizarlos o generan algún tipo de interferencia no digerible, algo que finalmente tiene que ser aceptado pero no queda tampoco del todo claro, como los débiles mentales o minusválidos que generan problemas nuevos para la vida en común, problemas de exteriorización de la exclusión de la que fueron víctimas y su proyección. Esa zona oscura de la vida social habitada por todo tipo de freaks, mogólicos, amputados, inválidos, pordioseros, agentes secretos, que también presenta el problema o la ilusión de que -y esto es realmente un problema- siempre habría algo que los otros saben que desconozco, algún tipo de control sobre la situación, o algún tipo de envío de señales, positivas, negativas, de colores o diseños, que me enviarían en alguna dirección, algo difícil de analizar, donde habría posibilidad de quedar como un rey o un ganador en pequeñas obritas de morondanga donde en general eso no ocurre, pequeñas obritas o no, quién sabe, cosas que se presentan como puertas o vías a la satisfacción del deseo sexual o afectivo, como comunicación de una forma medio primitiva, que no terminan de resolverse, o que en ocasiones llevan a una experiencia medio extática, de quedar sobrepasado, pequeñas maravillas de la inacción o la histeria de los cuerpos que no se deciden o no pueden o quedan inmovilizados como en uno de esos efectos ópticos digitales donde la figura vuela sin haberse movido del lugar en el que está, a veces rodeado de un aura en los bordes que puede ser verdosa, de esos momento muchos, o algunos importantes que constituirían solos un ranking de la contemplación de la belleza que desaparece para nunca más volver bajo la misma forma exacta que me afiebran y a la vez es como si no condujeran a nada, como si reconociera algo que podría convertir a una persona en una estrella y pasara de largo o tuviera que resignarme a aceptar su fugacidad, es eso que tienen las chicas como Flora que no sé qué es, tocada o elegida por los dioses, que es algo que tal vez esté en todos pero ahí está más concentrado, o no está en todos, porque en general soy demasiado bueno en ese sentido con el tema de la universalidad, es algo de lo que tal vez la mayoría de las personas carece, y cuando lo tienen lo pierden con mucha facilidad, y si no lo pierden solo lo pueden ver pocas personas.

Todo así hasta

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(12/12/2012 4:49)

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Hundido en el metro de Helsinki

Hundido en el metro de Helsinki, enfundado en su gamulán negro de ojales metálicos, Tehuvo contempla a tres niñas parloteando sobre la sabiduría que miran de reojo sus pantallas de escolar.

–Para mí que el sabio es como el helado –dice una–. Viene en distintos sabores y consistencias, y si una se lleva uno a la boca de golpe le puede entumecer la nuca.

–¡Qué papa frita! –dice la segunda–. Si lo que sabe el sabio entrara en el cono del cucurucho todos seríamos felices, pero no es así. En todo caso será como la nieve que cae cuando se le canta y te mata si no estás bien protegida.

–¡Turuletas! –dice la tercera–. Con la nieve se pueden hacer muñecos y bolas de nieve para arrojar, pero con el sabio qué, es como si no sirviera de nada, se la pasa rumiando, nadie le da bolilla, y dice cosas que no se entienden, o que no se pueden compartir.

A Tehuvo lo impresiona la locuacidad del debate. Antes él mismo se interrogaba sobre el saber como si fuera un destino a alcanzar, la estación de Espoo en el espacio al que lo dirigen las vías –un camino inamovible, trazado– que nunca llegó o pasó de largo. Como Tehuvo es un especialista, se dice, un científico que se ocupa del movimiento browniano, estudia trayectorias de lo invisible con un grado de detalle que podría horrorizar a las niñas: un cuerpo humano, un seis seguido de veintiocho ceros…

Al pensar en ese número, la chica turquesa biaxial alza la vista de su pantallita russet y le guiña un ojo blando preguntándole si él destila el saber o si su saber está autocontenido, impermebale dentro de los límites de su esfera cógnica, que entonces la atrapa antes de que el despliegue de los tretagentes invada los resquicios libres de lo subterráneo.

En su respuesta los dos se van de paseo. En el paseo él es un gavilán migratorio y ella un lobo ártico que se cruzan con un pilar transportado hacia un puente colgante en construcción sobre un estrecho oceánico. Con el paso de los años, se desploma el pilar y el océano cubre los restos del puente sin dejar huellas.

Ahí es cuando se introduce una ola gélida en el ambiente que lo tienta a terciar en la conversación de las niñas como si el escalofrío que las amenazara le estuviera reclamando una opinión. Pero como el transporte móvil se había convertido en una extensión de sus bocas sobre el plano, se despierta entre los pasajeros un clamor de palacios y excesos que lo distrae.

En el palacio de los excesos él ya las conocía, eran tres ninfas que no sabían deletrear su nombre, con brazos colgantes que iban a crecer todavía para recorrerlo como los rodados a la autopista. Se iba a dejar seducir por sus palabras, por los desplazamientos mínimos de la lengua trabada por los incisivos, acostada sobre el paladar, prófuga del soplo, para decir cosas que venían de tierras distantes o de otras épocas, de las tierras donde el saber se había convertido en canto una vez agotado el tema del clima. El tema del clima tiene variaciones múltiples pero finalmente se agota, son cuatro combinaciones o cinco –el frío, el calor, la lluvia, la nieve, el viento, la lava– y se acabó. En cambio el saber podía llevar a intercambios de todo tipo porque siempre hay algo que no se sabe, verdaderas historias, y las cosas y las historias están cambiando todo el tiempo, como los cuerpos de las estudiantes, como los científicos compuestos de partículas.

Así fue como Tehuvo se distrajo de nuevo y perdió su estación de llegada, tuvo que ir y volver más de una vez y en el espacio vacío que dejaba lo ausente veía a las estudiantes de viaje, de vacaciones, con los cuerpos hasta la cintura en el agua color espárrago, distendidas, al sol, salpicándose, una arqueada en una malla roja hasta hundir el pelo en el agua, una de espaldas y cubierta hasta el pecho, la tercera con los ojos cerrados y las puntas de los dedos en el mentón.

 

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(Moebius) Mar del Plata

*Leve estado de melancolía.

Hoy estuve mirando a unos surfistas en la playa. Una chica se quebró una falange y me manchó con su sangre. Fue la única persona que toqué desde que llegué.

*En silencio me reprocho, entre otras cosas, no haber escrito antes sobre mis experiencias pero todo sucede demasiado rápido: entre las películas del festival de cine y también después en los recorridos más o menos azarosos.

*Y sin embargo, la vida es tranquila.

*Me lleva a ver a Buenos Aires como algo medio infernal en sus distintas manifestaciones.

*El mar también tiene algo peligroso: el mar de noche.

*Pero en comparación, inofensivo.

Continuamente

Continuamente encuentro chicas lindas de las que me separan pocos centímetros o metros. Y en algún momento algo nos separa. Las multitudes. O la velocidad. Una butaca. Un empleo. Distancias cortas, que pueden ser fácilmente recorridas. Contra lo que conspira no sé bien qué. Tal vez […] que parecerían estar ahí para jugar con mis sentimientos, la afectividad, los recuerdos y la voluntad.

Ahí para jugar

A veces pienso: “bueno”, “eso es todo”. Unos pocos centímetros te separan de una mujer que mira una película en un cine y la luz de la pantalla se refleja en su rostro. En ocasiones te mira y después cierra los ojos y me lleva a cerrar los ojos a mi también y me doy cuenta de que la película se ve mejor así, como una banda sonora compuesta de alaridos y gemidos, que no se sabe bien qué significan. Es como una síntesis. De la historia de la vida concentrada en los momentos de emociones intensas. Nacimientos dolor placer agonía. Como si todo lo que estuviera en el medio fuera relleno.

No te deja precisamente en un estado, particularmente, comunicativo

En la sala del cine el público se la pasa riendo, nervioso, pero a solas no le provocaría –imagino– una mínima sonrisa. Se escuchan montones de risas, como si no pudieran tomárselo en serio, o como si no supieran qué hacer con eso, eso que tampoco se presenta en serio sino como acumulación de emoción chatarra mezclada con algo serio, la soledad, el reprocesamiento del periodismo, el avance de la “ciencia” y su difusión proliferante de las pequeñas incertidumbres cotidianas y sus efectos de incisión sobre los cuerpos.

Todas esas pequeñas muertes

Es “entertainment”, distracción, … desde cierto punto de vista, “novela hiperbreve”, con todos los componentes de distancia, identificación, y dilemática moral, expuestos a su extremo más irracional: actos inexplicables. Mutilaciones, violaciones, el goce de la violencia y del dolor, sin el orden ni la lógica franceses, sino pura acumulación que conduce rápido al hartazgo. La película más “gore” de KKD, como si la fantasía tradicional, la alegoría política, el angelismo, hubieran perdido su capacidad de representación (en todo caso, como si una vez transitados, se convirtieran en puentes por los que no se puede volver).

Casi una gansada

La novela familiar explota. De todas las (pocas) películas que vi, la única que a la salida (¿paradoja?) parecía generar un efecto comunitario −tranquilidad inquieta, testimonio del fin del arte ordenador, reenvío a la banalidad de la historia individual privada, o tal vez a la creación del espectador como obra, el espectador que se pregunta qué es lo que hay para ver, ahí, o en cualquier otra parte, comunión en el desasosiego, y también, por fin, la película que tus padres despreciarían o no entenderían; anti Hannah Arendt, anti 3-D, anti-todo.

Ese efecto de poner en cuestión el cine que se estrena

Que es como decir la vida que se vive. Por qué no se pueden ver −entre otras cosas− comedias americanas de los años ochenta en el cine, por qué las combinaciones de pantallas monitores proyectores streaming se volvieron tan patéticas − nostalgia de la época en que 20” era el límite y casi el punto de partida, del “stop” como innovación − Hoy es como si: todo estuviera dado para el replanteo definitivo de la distribución cinematográfica (tecnológicamente?) y la mano invisible del mercado operara en la dirección contraria: el cine como un presente absoluto vs. el cine como totalidad histórica, en la línea de la historia del arte, con sus is(t)mos, etc.

Fantasía recurrente

Me beso en la escalera caracol con la chica que está en la torre a la vuelta del hotel; ésta es una fantasía recurrente desde que me habló del agua. Cosas que ya no recuerdo; historia de la técnica, arquitectura, belleza natural, capacitación en la amabilidad. Como si se tratara del escenario de una película y yo James Stewart en recuperación. Fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente, fantasía recurrente…

Links:

http://www.mardelplatafilmfest.com/28/evento/moebius/

http://www.osmgp.gov.ar/osse/visitas-guiadas/

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El día del meteorito

En Phoenix, Arizona se me ocurrió que podía llamarte, fue entonces que cayó un meteorito como de unas quince toneladas, y como había estado adentro de un supermercado sacando fotos a los paquetes de detergente para después pintarlos en mi estudio, lo primero que atiné fue a revisar el estado de la cámara después del impacto, que lamentablemente había perdido su objetivo, bueno, no era que lo hubiese perdido, sino que se había fragmentado, entonces al mirar por el visor se veían cosas de lo más extrañas, un poco como en un espejo deformante que hace gordos a los flacos y altos a los bajos, y cosas más extrañas también que no podría describirte, como personitas metidas adentro del lente que por más que apuntara la cámara en distintas direcciones seguían ahí, iban disfrazados como si se tratara de un carnaval, a veces se ponían a bailar pero en general se quedaban sentados charlando o dejando pasar el tiempo tomando mate, todo esto empezó a inquietarme porque era mi única cámara, un modelo simple y a la vez con cierta sofisticación, funciones que nunca llegué a entender del todo, que transformaban el día en noche y la oscuridad en luz, algo que el vendedor me quiso explicar sacando fotos a su alrededor pero combinando las teclas y los anillos de una forma que nunca pude reproducir, así que me enfrento a las personitas y les digo algo así como que qué se creen, que se meten en mi herramienta de trabajo y se ponen a bailar como si estuvieran en un carnaval, que yo tengo un proyecto (ahí les explico un poco sobre mis pinturas de envoltorios y paquetes, que parece interesarles, y al que asocian al arte pop) donde se están entrometiendo sin que nadie les diera permiso, primero, y después ensuciando todo, habiendo muchos lugares donde podrían instalarse, y ahí es cuando me dicen que para hablar más tranquilos que pase yo al lente porque se la tienen que pasar gritando para hacerse escuchar desde ahí, así que entro al lente y ahí aparece uno al que no había visto y me ataca por la espalda y me derriba y me patea y aparece otro y también me patea y todos se ponen a reír ja ja ja ja cómo cayó qué tarado mirá si vas a aceptar una invitación al lente de tu cámara, ja ja ja ja, no no, tarado no, reverendísimo tarado ja ja ja ja y así me quedo tumbado unas horas medio inconsciente desangrándome y sintiéndome miserable y atrapado mientras el grupo de personitas come unas barras de chocolate inmundas embadurnándose la cara con el chocolate que se les derrite alrededor de la comisura de los labios y escupiéndolo después de masticarlo, ahí es cuando me digo que tengo que buscar un lugar por donde escapar y no veo nada, uno se me acerca y se queda mirándome a los ojos como si yo fuera un animal de carga en un momento de reposo, y cuando se aleja un cambio en la luz hace que vea una abertura entreabierta que parece un túnel y me meto por ahí en un momento en que todos se habían puesto a bailar otra vez, ahora con un estilo distinto que parecía más agitado, con pasos que no daban bien porque requerían cierta destreza aunque mal que mal moviéndose al ritmo de una música mecánica un poco ruidosa que salía de un tocadiscos, ahora cómo salir de ahí me parece como querer sacar una foto a alguien ausente o que está muy lejos, y a la vez si quedara atrapado esto sería horrible como perspectiva, me vería obligado a interrumpir mi proyecto artístico al que llevo dedicados años y años de observación y reproducción, y no podría llamarte, eso si es que las líneas telefónicas no fueron afectadas por la caída del meteorito, que seguramente iba a aparecer como imagen en los periódicos y transmitida por la televisión y por internet hasta que todos se olvidaran salvo el meteorito, así que me digo que tengo que escapar de este destino horrible que es como si mi alma hubiera quedado atrapada en un meteorito lanzado al espacio para estrellarse contra la superficie de la tierra en una zona despoblada, entonces veo un sendero formado por haces de luces que forman un laberinto como los de los rayos láser que impiden que los ladrones roben joyas en las películas sin ser detectados antes de que suene una alarma y me meto por ahí, y detrás de mí escucho pasos como de alguien vestido de negro que me persigue a quien no puedo ver, y se me aparece un perro de tamaño medio de una raza desconocida que ladra y agita unas cadenas como si hubiera escapado de algún lado y pasa una moto a lo lejos a toda velocidad que levanta una polvareda, una moto antigua que larga un humo tóxico por el caño de escape, le hago señales al de la moto para que se detenga aunque no sé si las puede ver detrás del casco y cuando pasa a mi lado se detiene, ahí lo tiro al piso, le abro el visor del casco y le echo el polvo del camino en los ojos encegueciéndolo y enciendo la moto y salgo disparado, así voy recorriendo todo un camino donde no me cruzo con nadie salvo por unos camiones que transportan unas cargas que parecen vacas o alimento para vacas, y veo un cartel indicador en el camino que dice algo borroso y 10 MILLAS y una flecha curva en forma de ocho con la parte de arriba más amplia, o como dos ochos, qué se yo, me mando, igual ya no puedo volver al lugar de donde vengo, y además mi cuerpo parece haber adoptado una forma distinta, más grande o más pequeña, podría llegar a ser otra persona o no, y como no tengo donde mirarme reflejado no llego a poder comprobarlo.

(continuará.)

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Plástico

Las lápidas de este cementerio tienen inscripciones curiosas: son perfiles de Facebook y de Linkedin con fotos a color enmarcadas junto a una descripción de las actividades del muerto o la muerta. Las fotos son de distinto tipo. Están los que parecen haber elegido cómo ser ilustrado antes de morir y otros que claramente no lo eligieron, porque la imagen no los beneficia. Cabe la posibilidad de que hayan elegido especialmente ese tipo de imagen para que la muerte no parezca tan desagradable o una pérdida tan grande de belleza y vivacidad para el mundo, pero es difícil de determinar. En la mayoría de los casos el Ayuntamiento recoge los datos de los sitios web y pasa la información directamente a la Sede Oficial de Enterramientos Interbalnearios. Sé qué es así porque trabajé durante un tiempo en sus oficinas, en la intersección de Comercio Exterior y Defunciones Públicas, una dependencia imprecisa que se disputaban distintos sectores de la organización, hasta desaparecer, suplantada por el Despacho de Moribundos Internacional. Mis tareas eran sencillas. Tenía que organizar a los nuevos muertos y elegir qué zona del cementerio otorgarles de acuerdo con su contribución al Tesoro Nacional y su Capital Simbólico. Esta era una tarea delicada porque desde hace tiempo que los cementerios están superpoblados. Yo participé de la campaña Desháganse de los Cuerpos Ya que lamentablemente no tuvo mucho eco porque traía recuerdos de masacres que no pudieron ser eliminados todavía. Así que lo hicimos fui construir tumbas subterráneas, primero un piso, después otro, y también hacia arriba. El Cementerio Central hoy es un pequeño rascacielos construido con las últimas innovaciones de la arquitectura, vidrios refulgentes en el exterior que impiden el traspaso del calor y los olores, ascensores para muchos deudos, y todo un sistema de visitas para los turistas interesados en la muerte del país. Los turistas cambiaron mucho sus gustos últimamente. Cuando empecé les interesaban las grandes figuras de la política y el espectáculo y después, de a poco, las personas comunes fueron convirtiéndose en el centro de sus intereses. Querían saber sobre la vida cotidiana de los muertos: cuál era el relleno de los sánwiches que preferían, si profesaban alguna creencia en el más allá y los detalles de la intimidad, por ejemplo sobre su vida sexual. Así se empezaron a diseñar los itinerarios especializados, o los sectores específicos, según adhesión a preferencias y orientación sexuales y también a tipo de organización familiar. Los recorridos incluían relatos más o menos pormenorizados de las vidas ausentes, cosas que había que resumir en relatos bastante breves, y que se basaban en el uso de la imaginación del autor para volver interesante las cosas anodinas que conformaban las vidas de las personas. Quizás una vez habían tenido una mascota que se había accidentado, o se operaron la dentadura, o les cayó un baldazo de agua mientras caminaban por la Avenida del Descanso de un inquilino que estaba limpiando el balcón. De la acumulación y combinación de estos hechos nacían pequeñas vidas insignificantes que era lo que más interesaba a los viajeros, y a los visitantes locales también. En algún momento, que no sé bien cuál fue, la épica perdió eco. Las grandes vidas se volvieron inútiles e insignificantes porque ya nadie creía en su carácter ejemplar o extraordinario. Ni los millonarios creadores de multinacionales ni los capos mafiosos o los dictadores generaban el entusiasmo que inspiraba un adolescente pueblerino con escapadas ocasionales al submundo de la marginalidad. A fin de cuenta, si ninguno de los lugares era accesible, por qué uno iba a tener más interés que el otro, si lo que valía era la diferencia, pero siempre que no fuera excesiva, porque la envidia se había convertido en un problema, un síntoma vergonzante que los desposeídos nunca inspiraban. ¿Quién iba a querer haber tenido la vida miserable del adolescente que mató a su familia con un cuchillo Tramontina? Probablemente nadie, pero su vida miserable servía de ejemplo para volverse hacia la propia vida con ojos de asombro y agradecimiento, que a fin de cuentas era una de las funciones de los Cementerios, según lo había determinado el Boletín Oficial.

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