Gongue

Así como en las églogas de Virgilio hay un buey que da nombre a un género, acá hay bueyes. Así como en los relatos breves de Beckett hay un idiota que no sabe qué hacer, acá hay un tipo que por momentos parece uno. Así las filiaciones. Así como en los relatos de ciencia ficción hay tecnología futurista, aquí la hay. La historia es así: un tal Gabelio Támper, de profesión vigía, está encargado del cuidado de una propiedad, un terreno con ganado. Mientras tanto, una inundación, o una creciente, hace que el territorio de la propiedad se desdibuje, o bien que hasta su función misma pierda un poco de precisión. Si todo está cubierto de agua, ¿qué queda por cuidar? Esto ocurre en una de las islas del Delta Panorámico, escenario de las últimas ficciones de Marcelo Cohen de donde han salido continuamente nuevas islas con nuevas historias, desde hace años, prácticamente inconexas, excepto nominal o conceptualmente. Después está el Gongue. Gongue. Por su homofonía uno podría confundirlo con algo de internet, pero no, es el típico gongue que nadie conoce, es decir, el instrumento, que es como un platillo o un bombo. Gabelio le da golpes al gongue para apaciguarse en sus tareas y también para festejar o conmemorar las cosas. Gongues específicos, con sonidos propios. Eso es todo. El paisaje es desolado y triste, con tintes melancólicos en el cielo y en el agua. El dueño, que es como un padre, casi que no aparece, es una voz, medio ausente, que encargó una misión, medio podrida. En ese estar o devenir, sin embargo, que es como el del agua, con sus movimientos, y su arrastre de los residuos y sus napas, está el atractivo del relato, un reflejo de la conciencia enfrentada a algo que se parece al vacío y al mismo tiempo no lo es (pasan ladrones a lo lejos, hay que cumplir tareas). El lenguaje es portentoso, arcaizante, ecuestre,  y al mismo tiempo humilde, como si se camuflara para parecer empobrecido por la falsa pobreza del agua o la pobreza real del protagonista. El agua lo es casi todo. “Y así como el agua es un elemento intermedio entre el cielo y la tierra –diría el antropólogo–, la conducta del héroe es también intermedia entre la mesura y la desmesura”. Las bunastas están flacas y el entendimiento es más bien limitado. Así están las cosas en ésta, una de las últimas ficciones de Cohen, posterior a Balada (medio picaresca) de 2011 y Casa de Ottro (alegoría política) de 2009.

Gongue de Marcelo Cohen. Interzona Editora. Buenos Aires, 2012. 82 pp.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s