Draider y el caso de la filosofía de los animales

 

Draider. Sus silencios, las interrupciones continuas. Su forma de caminar.

Draider, en tu est un animaux. “Hay un tema candente, que nos apremia, es la cuestión del derecho del animal. Y no me refiero al derecho del animal doméstico, porque sabemos que el animal doméstico adquirió un derecho propio desde tiempos milenarios, inmemoriales, antes que el hombre conociera la noción misma de derecho. Mi interés actual, lo que la actualidad me pone ante la mirada de mi interés, es la cuestión del derecho del animal cualquiera. El derecho de la vaca, el derecho del bisonte y del tapir y de la rata. ¿Tiene derecho la vaca a comerse un buen bife de chorizo? Sé que esta es una pregunta que nos puede desconcertar.”

Draider, otra vez. “El animal me interroga. Se presenta y me dice: “Tú eres un animal, como yo”. Yo le digo que no, lo rechazo. ¿Cómo? ¿Yo un animal? ¡No! Yo, un hombre. Un hombre o una mujer, pero nunca un animal. El hombre abandonó lo animal en el hombre, y se lo dejó, precisamente, a los animales. Pero el animal insiste. “¿Por qué no? ¡Animal!”. Observo que su estrategia es más incisiva. Ya no afirma, sino que pone en cuestión mi afirmación, me des-acredita como intérprete del saber, y me remarca el hecho de que considera mi humanidad como una máscara de animalidad. Ahí es cuando empiezo a dudar por primera vez. Lo toco, me toca, nos olemos. De pronto me encuentro un poco más, no sabría cómo expresarlo bien, digamos, animalizado. Camino en cuatro patas, me froto contra los muebles. Y sin embargo le digo (o me digo) que no, que yo camino en cuatro patas porque se me canta y si quiero ladro y me arrastro o nado y vuelo o como carne no como animal o no sólo como animal aunque actúe como animal”.

Draider, escenas del animal no fotografiado. “Hay que remitirse al bestiario medieval para ver con los propios ojos las pavadas con las que sueñan los hombres hasta que llega el camino de la zoologización de los animales. Se los clasifica. Primero cuál es más alto, cuál es más gordo, y así. Estos son los primeros sistemas, muy precarios todavía. Después la ciencia avanza. Se buscan correspondencias. Por ejemplo, tenemos a la jirafa. ¿Qué comparte la jirafa con el pez de río? Los ojos, la boca, bueno eso es lo mismo que no compartir nada, porque está lleno de animales cono ojos y bocas. Así nacen las especies dentro del reino animal. Los huevos. De este lado todos los animales que ponen huevos. ¡Yo! ¡Yo! dicen los animales, entonces va el científico y los reúne. Y así lentamente hasta que se abren los zoológicos y los mataderos. Acá una persona me preguntó por el tema de los mataderos. Si está bien, si está mal, si es lo mismo el matadero de animales que el campo de concentración, etc. etc. Bueno, yo les voy a plantear este ejemplo. Hay un pollito y un hombre, y los dos tienen hambre. ¿El pollito se come al hombre o el hombre al pollito? Ya sé, es fácil. Ahora otra. Hay un rinoceronte y un hombre. ¿Quién se come a quién? Ah, los agarré ahí, porque el rinoceronte es herbívoro y no es muy rico. Ajá. Para responder a esta pregunta tenemos que remontarnos a la historia del hombre europeo. Al hombre europeo le gusta viajar. Viaja mucho. Viaja y se encuentra a un negro, a un chino y dice son animales, vamos a comerlos. Los prueban, no les gusta mucho el sabor y entonces los ponen a trabajar como animales. Porque no hay que olvidar que si la primera función del animal para el hombre es el alimento la segunda es el trabajo. Dejo para una próxima ocasión el tema de si la mujer es o no un animal”.

Draider. Si digo “soy un animal” digo no soy humano, si digo “me gustaría ser un animal” estoy diciendo me gustaría no ser humano. Pero no digo “soy una planta” o “me gustaría ser un mineral o un agujero negro”, me mantengo en un campo de oposiciones o alternativas humano/animal. Bueno, esta paridad tiene que ser, como se decía antes, deconstruida. Lo no humano del animal es una parte de lo no humano que lo humano ya comprende. No necesito decir “soy un animal” o “me gustaría serlo” porque ya lo soy, así como no digo “soy un humano” o “me gustaría ser un humano”, como si fuera un robot que aspira a una condición distinta a la propia. Figuras del lenguaje, juegos de palabras para decir que lo humano en mí no quiere ser dicho bajo la denominación de lo humano, de lo homínido, porque quién querría identificarse con lo humano, con lo bestial de lo humano que para la bestia es lo no-humano precisamente. El hombre es el lobo del hombre pero el lobo no es el hombre del lobo.

Draider sobre la psicología. “Esa basura. Esos basureros del alma y de la conciencia. Su redefinición de lo humano sin ton ni son. Todos nos convertimos en unas basuras gracias a la psicología y sus teorías de morondanga. Todo hubiera sido muy distinto si Lacan hubiese re-leído a Darwin en lugar de a Freud. Cuántas cosas para releer ahí que la psicología no leyó. Porque ahora parece que de repente el animal tiene una psicología también, que se deprime y sueña y es neurótico y psicótico y es también una basura como el ser humano, que sueña con matar a su padre y a todo el mundo y no puede matar ni al loro y entonces hace una guerra y tira una bomba para quedarse con el oro. El hombre es una basura. Tenemos que recordar esta frase. También podemos decir, con la venia del feminismo, la mujer es una basura, o el hombre y la mujer son dos basuras. El travesti es una basura también. Y hasta el animal puede ser una basura si descubrimos que tiene psicología y sufre cuando lo degüellan y hace sufrir a los otros animales. En esa gran pila de basura yo vengo a decir que… pero eso lo voy a dejar para nuestro próximo encuentro.”

Draider sobre la infancia. “El niño como animal, el niño como basura, el niño esclavo. Y entonces, de pronto, ¡zas!, la inversión. El niño de oro, el niño al que hay que cambiarle los pañales, el niño a fotografiar infinitamente en su derarrollo como a una rata de laboratorio. La primera baba, la primera letra, la primera caminata. El registro del “abandono” del estadío animal. La foto como prueba de que ya no se es animal, de que ya no se gatea, de que se puede pronunciar el proppio nombre mirando fijo hacia un punto que no es el del ojo de la cámara. No la mirada perdida, errante del animal, fija o deslumbrada por cualquier cosa sino la mirada puntual, del que sabe que es mirado y juzgado por la forma que adopta su mirada. No es la mirada del genio solipsista reconcentrado en el vacío de las abstracciones, es la mirada casual, decontractè, la mirada humana, la mirada expresiva de humanidad, reconocible, que se puede traducir facilmente en estado de ánimo. Mirame triste, mirame compungido, mirame sorprendida, mirame tiernamente, etc.

Draider. Si el animal no puede ser re-descubierto como basura es porque, como la naturaleza, ya es basura. Yo tengo un perro o un caballo, un cerdo, lo que se les ocurra, un animal, y puedo disponer de su vida. Quizás lo quiero comer, lo quiero vender, o simplemente me cansó, me rompe las pelotas, bueno, adiós, que se ocupe de vos magoya, y suerte si llegás a tener una cremación. Ahora bien, yo tengo un hijo, o una hija, y me cansé, no lo quiero criar, me rompe las pelotas, no me gusta su cara, cómo me habla y si me deshago de él o de ella, si sólo se me ocurriera la idea, me convierto automáticamente en un criminal. En ciertos países atrasados hasta la interrupción del embarazo me convierte en un criminal. Yo me pregunto: ¿somos crueles con los animales o somos demasiado buenos con las personas? Porque alguien del público me podrá decir que de los niños es fácil encariñarse y yo diría que de los animales también, y no es eso lo que los protege, no es el cariño sino algo más complejo, que que no es natural como la vida del animal que se pasea sin hacer nada o sale de caza, sino algo que el hombre ideó en contra del hombre, animalizándolo con la prohibición, es decir, reduciéndolo a la infancia, al estado en que no puede decidir qué hacer con su vida ni con la de los demás, lo que se solía llamar un sujeto, hasta que la idea de sujeto se desbarrancó porque el planeta se fue al carajo, todos empezaron a matarse entre sí y nadie decidiendo por sí mismo a quién matar sino matando para otros. Por eso la libertad que el animal nos presenta nos seduce: porque no mata para otros, mata al que quiere matar. El gato mata al pajarito y el pez grande al pez chico, el león a la gacela, etc. El hombre, en cambio…

Draider. Todos, quiero decir todos los que tenemos ojos en funcionamiento y discernimiento, podemos distinguir a un animal vertebrado de una planta con flores. Esto puede comprobase fácilmente al querer sacarle una foto. El animal se mueve, sale de cuadro, se apoya a veces sobre el lente de la cámara o se asusta, en tanto que la planta con flores permanece inmóvil. No nos importa ahora el por qué. Podemos imaginar con facilidad un mundo donde las plantas se mueven y los vertebrados permanecen inmóviles, como enraizados a su territorio. Sería un mundo distinto, pero podemos decir que eso no ocurre ni en sueños, es decir, podemos decir que vivimos en este mundo.

Draider. Me encariño. Ustedes creen que me dedico a pensar a la luz de una lámpara durante las noches, nada más, pero no, me encariño como cualquier mortal. Me encariño del animal, del animal vertebrado. También me encariño de la planta con flores, pero la planta con flores muere, me recuerda mi propia mortalidad y que ya dejé la flor de mi edad. Entonces no me encariño tanto de las plantas con flor. No les pongo un nombre. Las llamo por el nombre de su especie. A mi gato no, a los perros que tuve tampoco. Les doy nombres. Les doy cualquier combinación de letras así como le doy una combinación a las personas que conozco por su nombre. Bueno, al insecto no. Al protozoario tampoco. Me dan asco. O no me dan asco, pero no llego a verlos. Me pican. El perro me muerde pero el mosquito me pica. Esto me conecta con el perro porque yo también muerdo, o puedo morder, pero no pico. El animal vertebrado se me acerca impredecible. ¿Me va a morder o se va a acurrucar a mi lado? El león, ¿me va a atacar? No me va a atacar porque no estoy en África, nunca tuve un león al lado, así que no sé, no me importa. El león se está extinguiendo. El león y la leona. El hombre los caza pero no se extingue porque el hombre los caze. Se extingue porque el ecosistema puede prescindir de él. El mosquito se reproduce, la cucaracha se reproduce y el león se extingue. Veinte mil leones y millones de mosquitos y cucarachas. ¿Qué nos quiere decir eso? No sabemos.

Draider. No sólo me encariño del animal, me enamoro del animal. Lo cuido, lo atiendo, lloro si se muere, lo llevo al psicólogo, lo baño, le compro unas barritas inmundas que son como dulces, lo consiento, dejo que duerma en mi cama, que se suba a la mesa y me saque la comida. ¿Por qué me enamoro del animal? Amo al animal porque el hombre me disgusta. Me disgusta o no me da bolilla, no responde mis llamados telefónicos, me engaña, me deja por otro, me deja para seguir sus propios intereses, que no son los míos. Me estafa, me hace un juicio, me presenta a sus amigos que son unos imbéciles, se resiste a convertirse en eso en que yo quiero convertirlo, o me niega su exclusividad. Quiero a la mujer toda para mí y ella se viste para otros, es una perra. Quiere que pague la manutención de sus hijos, quiere guerra. El animal en comparación es absolutamente inofensivo. Muy de vez en cuando nos enteramos que un doberman se comió a un niño, pero son casos aislados. El animal está desbandado. Está mutilado. Perdió el imperio que tuvo alguna vez sobre el territorio, su independencia, su libertad. El animal es un esclavo ignorante de su destino. ¿Pero esto es así? El gato me lame. El perro mueve la cola. ¡Están alegres! No quieren estar sueltos, librados a la suerte de sus poderes de supervivencia, quieren calor, quieren salir a pasear llevados por una correa, quieren el confort de la vida moderna. Saunas, televisión, deliveries, speed-dating, competiciones de peinado, las cosas que nos gustan a los humanos. No quieren la jauría, la dura vida a la intemperie. Se encariñaron. Les gusta la buena vida. Cruzarse con el perro del vecino y ladrarse y olfatearse y después seguir su camino. Son felices. Felices como el mosquito que vuela o como el león que ruge. Se afirman. Ronronean y afirman que encontraron un anfitrión en la sociedad humana. Prefieren eso a ser descuartizados y comidos.

Draider. El animal doméstico, ¿no estamos hablando de él? El animal doméstico me puede enseñar cosas. El humano doméstico también, pero el humano necesita ocultarse. Aprendo a fabricar un ferrocarril o una bomba de hidrógeno y no se lo voy a contar a nadie nadie nadie. La quiero para mí. Voy a venderla al que me pague mejor. Quiero defenderme de los enemigos. Invento el secreto. Invento el recuerdo secreto y el documento confidencial. No se lo muestro a nadie. Cobro si alguien quiere verlo. Invento el espionaje. Y solo dejo ver una parte. Otra parte me la reservo. La quiero sólo para mí. Invento la patente. Invento el poder. El animal no conoce el secreto. Su memoria no está desarrollada. Entierra un hueso, pero qué quiere decir eso. ¿Quiere decir lo quiero solo para mí? ¿O es otra cosa? No sé, no me importa. Como el secreto del niño. Es un secreto estúpido porque no entiende nada del mundo. Su secreto es gigantesco en un mundo en miniatura. El secreto del adulto no, es grande, es grande en un mundo pequeño o es un nuevo secreto infantil. La sociedad secreta. El saber secreto. La secta. El plan siempre es el mismo. Quiero dominar el mundo. Quiero convertir al pagano, destruir al enemigo, etc. Quiero más territorio, quiero ser dios. A veces funciona bien y otras veces se va todo a la mierda.

Draider sobre el Asco. ¿La basura me da asco? No. Me fascina con su reordenamiento de los fragmentos de las cosas que no sirven para nada. Lo que me da asco es el olor de la basura, lo orgánico descompuesto. ¿El animal muerto me da asco? No. Lo empaquetan, lo enlatan, lo envuelven. Toco su cuerpo muerto con la misma naturalidad con la que acaricio a mi hijo o ami mascota. Quizás me podría dar un poco de asco la matanza industrializada pero por eso no la miro, así como intento no mirar a los ojos a la basura. Miro hacia otro lado, miro lo que ve la basura. La basura me ve a mí, la basura mira al abasurero y le dice: orificio, desecho, finalmente vamos a terminar reunidos.

Atentado. Draider es víctima de un atentado. Un grupo de antiabortistas ovolactovegetarianos con intereses en el negocio del empaquetamiento de carne con el apoyo del gremio de los camioneros se atribuye el atauqe. Draider es hospitalizado y tiene que interrumpir sus conferencias provisoriamente. El caso trasciende y la prensa apoya el atentado y lo tilda de desestabilizador de las buenas costumbres. Los ecologistas lo desprecian y sus discípulos guardan distancia por temor a nuevas represalias, aunque voces dispersas de la comunidad internacional le envían mensajes de apoyo, ánimo y esperan que se mejore pronto. Las nuevas generaciones lo ignoran porque están escuchando música electrónica.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s