Fatal beauté

Rohmer. Alguien lee en un bar los “Cuentos morales” o mira en la pantalla de un televisor/computador la historia de la panadera.

Es el comienzo de algo. Esa persona va a vivir, en lo sucesivo, una historia similar. Va a haber dos mujeres. Va a desear a una y va a terminar junto a -¿casarse?- con otra.

Para quien lo observa, sin embargo, parecería que realmente le gusta la que dice que tanto no le gusta por estar pensando en la otra.

De una lo va a separar una cuestión de clase, o de dinero.

Ahora bien, en un momento aparece un problema, y es que la psicología del protagonista se vuelve insostenible. ¿Por qué desea a la mujer que no tiene o lo evitó en lugar de avanzar sobre aquella que se encuentra a muy pocos centímetros de distancia? ¿Qué lo retiene? ¿Qué le impide avanzar? O bien, ¿por qué prefiere la espera a la acción?

El actúa -le dice un amigo- como un niño.
-¿Un niño en relación a sus juguetes?
-Un niño que se aburre con facilidad y quiere siempre un juego nuevo.
-¿Por qué no el mismo juego? El mismo juego con otras reglas.
-El mismo juego lo aburre. Está cansado del mismo juego. Empezó a armar historias.
-¿Con muñecos?
-No, historias en las que él es el protagonista. Historias donde nadie se aburre. Historias sin muñecos.

Entonces es que aparece la memoria. O mejor dicho, el problema de la memoria.
-¿Cuál es el problema de la memoria?
-El problema es que ya todo ocurrió. La persona que lee o mira en la pantalla la historia de la panadera ya vivió una historia similar. Hubo dos mujeres. Deseó a una y terminó junto a la otra. No se casaron. O se podría decir que no se casaron. A nadie le importa casarse o no casarse, no fueron observados. No era una comedia de Shakespeare. No había texto, no había escenario, no había público.
-¿Cámaras?
-No había cámaras, aunque a veces las cámaras aparecían. De todos modos las cámaras no captaban, cuando aparecían, lo que ocurría. Lo que ocurría era invisible a las cámaras.
-Nada es invisible a las cámaras.
-Las cámaras no ven nada, no entienden lo que ven. Las cámaras son mecanismos.
-¿Y qué es lo que no vieron?
-No vieron nada.

La memoria. No puede ser un problema. Nada puede haber ocurrido antes de hacerlo. Alguien comete un error. Se confunde. Esto es común. Abrir una puerta, cerrar una puerta. Cada vez que ocurre es la única vez. Nunca se repite. Nadie cierra dos veces la misma puerta. Todavía no ocurrió nada. No hubo dos mujeres. No deseó a una. No terminó con la otra. La historia no empezó. Él todavía no conoció a nadie. Está en su dormitorio. Fuma. Lee. Mira una pantalla de un televisor o un monitor. La historia todavía no empezó. No hay, todavía, nadie. Es algo que le va a ocurrir, algo que desconoce.

-No lo desconoce. Es una historia sobre la que leyó. Hay dos mujeres. El hombre desea a una y se queda con la otra. Es un libro, o una película de Rohmer.

-No, él ya vivió esa historia. Conoció a una panadera. Conoció a muchas mujeres con las que flirteó, y siempre había otra que ocupaba su pensamiento, a la que deseaba, y esa mujer no apareció. O apareció y desapareció.

-¿Deseaba a una sola mujer?

-Deseó a muchas mujeres. Aparecían y después desaparecían. Repetidamente aparecían y desaparecían. Volvían y se iban, nunca de la misma forma. Se casaban, tenían hijos, viajaban al extranjero, se separaban, nunca de la misma forma.

-¿Y el seguía deseándolas?

-Las olvidaba, como si nunca hubieran existido. O las recordaba, como si fueran lo único que hubiera existido.

-¿Él estaba loco?

-¿Loco por ellas? Él llegó a creer que había enloquecido. Solo en su locura logró olvidar. Quiso volver a enloquecer, si eso le permitía olvidar, pero no volvió a enloquecer. No volvió a olvidar. Quizás no quería, realmente, enloquecer. Era razonable. Podía entender lo razonable de desear a una mujer y quedarse con otra. No lo comprendía, entendía que era razonable. Odiaba razonar y podía comprender su odio. Desde que creyó que había enloquecido empezó a comprender su odio. Una vez que se comprende el odio, se lo puede olvidar pero ya no se puede dejar de comprenderlo. Se educó en el odio. Convirtió su falta de amor en una educación en el odio. Aunque no le sirvió de mucho encontrarse en el otro extremo. Se sintió traicionado. Como si hubiera abierto una puerta y encontrado, como si hubiera abierto una puerta o un paquete y encontrado lo que no esperaba encontrar o lo opuesto a lo que esperaba encontrar. Algo que no tendría que haber visto, que se le quedó pegado a los ojos.

-¿Algo que vio o algo que comprendió?

-Algo que no comprendió y se le quedó pegado a los ojos. Una película o un filtro. Algo que le impide ver.

-¿Como un ciego?

-No, no como un ciego. Es como una visión borrosa, líquida. Como desenfocada, que solo muy pocas veces se recupera. Una mirada hecha de retazos, incoherente. Incoherente y sintonizada con los sentimientos. Una gran nada y breves destellos de belleza. Breves destellos de belleza fatal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s